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Viernes, 29 de septiembre de 2006

DEBATES

De eso se habla se aprende se pregunta

Todo indica que el 12 de octubre la ciudad de Buenos Aires finalmente tendrá su ley de educación sexual, tras la construcción (ardua) de un consenso entre legisladoras y legisladores porteños. Aquí, una pequeña reseña del proceso, un mapa de lo que la ley permitirá y algunos números de una encuesta reciente que ratifica lo que se sabía: chicas y chicos saben poco, y quieren más.

 Por Luciana Peker

“No tenía mucha información sobre métodos anticonceptivos, nunca pensé en usarlos... ni se me cruzó que pudiera embarazarme. Pero al mes no me vino y descubrí por un análisis que estaba embarazada. No sabía qué hacer. Me paralicé. Tenía temor de decirlo. Jamás creí que me podía pasar algo tan horroroso”, desnudó Florencia, de 18 años, estudiante del último año del polimodal, en un relato plasmado en Sexualidad para padres e hijos (preguntas probables, respuestas posibles) –Ed. Albatros–, y que muestra hasta qué punto los y las adolescentes de hoy viven en un mar de desinformación, aunque, supuestamente, naveguen en la era de la sobreinformación.

Claudio Glejzer, profesor de biología y coautor –junto con Beatriz Goldstein– de Sexualidad para padres e hijos, apunta: “En realidad, las chicas y los chicos tienen al alcance de las manos mucho material que termina siendo inadecuado o que está lleno de errores conceptuales. Lo ideal es que se generen espacios donde el material que les llegue sea educativo, preventivo, placentero y saludable”. Nunca el sexo estuvo tan al alcance de la mano. A un click, más literalmente. Sin embargo, la sexualidad placentera y sin heridas sigue estando lejos del cuerpo de los jóvenes. “¿Sabés cuántas Florencias hay?”, comparte Claudio, uno de esos docentes que dan educación sexual como gotitas de información que –hasta ahora– no son ni sistemáticas ni para todos. “Durante años se realizaron experiencias aisladas en distintos colegios. Todas ellas gracias a la buena voluntad de los directivos y docentes, pero que quedaron sólo en eso, en experiencias aisladas. Hace falta una ley que garantice la educación sexual para cada estudiante y en todos los niveles.”

Pero en el 2007 no habrá que seguir remando en contra. En la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires los distintos bloques y el ministro de Educación porteño, Alberto Sileoni, ya acordaron aprobar por consenso un proyecto de educación sexual que va a ser tratado en la sesión del 12 de octubre –que se descuenta que va a ser aprobado– e implementado en las escuelas a partir del 2007. ¿Quiénes recibirían educación sexual integral? Los alumnos/as de todos los niveles (desde jardín de infantes hasta polimodal) de todas las escuelas (públicas y privadas) de colegios dependientes del gobierno porteño. ¿Quién decide qué se va a enseñar? Los contenidos obligatorios mínimos los va a dictar el Ministerio de Educación de la ciudad. ¿Cómo? La ley dirá que los contenidos son transversales. O sea: se pueden dar en distintas materias, no habrá una currícula específica de educación sexual. ¿Qué va a pasar en los colegios religiosos? También están obligados a enseñar los contenidos mínimos. Pero también pueden dar su punto de vista en cuanto a valores, convicciones culturales y religiosas. ¿Qué se va a enseñar? Según la ley todas las escuelas tendrán que promover la perspectiva de género, fomentar la maternidad y paternidad responsables, evitar enfermedades de transmisión sexual y abusos sexuales. ¿Qué función tendrá la familia? Los contenidos los decide el Estado, pero la familia puede llevar su opinión a la escuela y habrá talleres de reflexión y formación para padres y capacitación para los docentes que enseñen a los alumnos a cuidar, respetar y disfrutar de su cuerpo.

Parece fácil, pero no lo fue. En el 2004 la aprobación del proyecto de educación sexual presentado por Ana María Suppa, Diego Kravetz (kirchneristas) y Florencia Polimeni (en ese momento macrista, ahora independiente) fracasó por falta de apoyo y por el rechazo de los grupos más conservadores. Dentro del macrismo, Santiago de Estrada enarboló la oposición de los colegios religiosos a hablar sobre preservativos, abusos sexuales, anticonceptivos y homosexualidad, entre otras cosas.

Pero la sorpresa del 2006 fue que dentro del mismo macrismo Marcos Peña, presidente de la Comisión de Educación, decidió que la inquisición de los que querían silenciar la sexualidad en las escuelas no era PRO y buscó consenso. Ahora, festeja: “Vamos a aprobar una ley equilibrada respaldada por un alto grado de consenso entre los distintos sectores. Creo que todo el proceso que arrancó en el 2004 sirvió de aprendizaje y nos permitió este año discutir desde la decisión de ponernos de acuerdo y no de enfrentarnos. En el 2004 hubo dos despachos que llegaron al recinto. En este momento hay once proyectos de educación sexual en la Comisión de Educación. Hemos tomado cosas de todos los proyectos para poder armar este nuevo texto de consenso”.

La primera impulsora de la ley, Ana Suppa, valoriza: “Considero importante que hayamos llegado al mayor grado de acuerdo posible, ya que la ciudad de Buenos Aires constituye una caja de resonancia muy importante en términos de opinión pública”. Diego Kravetz, presidente del bloque K, define: “La sensación es la de un triunfo muy importante; después de tanto debate consideramos que nuestros planteos iniciales, duramente resistidos por algunas fuerzas políticas, se plasmarán en la ley. El objetivo que perseguíamos se logró; todos los niños y niñas de la ciudad de Buenos Aires recibirán educación sexual en la escuela, con contenidos fijados por el Estado”.

Pero no todo fue un feliz consenso. Hubo piedras en el camino, especialmente para la palabra género. “Uno de los puntos más álgidos del debate fue la inclusión de la perspectiva de género en los contenidos de educación sexual. Tuvimos que traer la Constitución de la Ciudad a la mesa de discusión cada vez que alguien negaba la perspectiva de género. Si hacemos un análisis histórico, podemos ver cómo cada sociedad libró sus batallas contra los prejuicios y consideramos que ésta fue una de esas batallas”, remarca Kravetz. A su vez, Suppa también advierte sobre el peligro, todavía latente, de que en la sesión del 12 de octubre se quiera modificar la inclusión de la educación sexual para los chicos más chicos. “Nosotros vamos a seguir sosteniéndolo tal como fue acordado. Pero somos conscientes de que a la educación sexual integral en la etapa inicial aún la rodean algunos fantasmas. No se percibe con claridad la importancia de que nuestros niños puedan recibir una respuesta adecuada a su edad por parte de un docente debidamente capacitado, ante las preguntas que ellos mismos llevan a la escuela.”

La legisladora Noemí Olivetto, de Autodeterminación y Libertad, también considera un avance que a partir del 13 de octubre la ciudad ya empiece a darle forma a la educación sexual en las escuelas. Sin embargo, anuncia que durante la sesión va a intentar sumar incorporaciones. “Voy a votar esta ley en general y proponer modificaciones, como por ejemplo que la educación sexual no sólo abarque el área formal de enseñanza sino también se extienda al área no formal (niños/as de la calle, mujeres en refugio que se encuentran bajo la órbita del Gobierno de la Ciudad, etcétera). Por otro lado, considero necesario que se fomente el respeto por la diversidad sexual: homosexualidad, lesbianismo, bisexualidad, heterosexualidad, transexualidad.”

En este sentido, la posibilidad de abrir en las aulas el debate sobre otras sexualidades fue lo primero que irritó a los colegios religiosos. Marcos Peña lo reconoce: “El problema surge en las distintas interpretaciones de identidad y orientación sexual, ya que allí hay debates aún no resueltos”. Sin embargo, lo diga la ley o no lo diga, las dudas sobre este tema surgen en el aula. “Existen preguntas directas e indirectas con respecto a la orientación sexual. ¿La homosexualidad es antinatural? ¿Los homosexuales se pueden casar? ¿Se puede ser homosexual sólo en una etapa de la vida? Evidentemente es un tema que les preocupa a los adolescentes más allá de la orientación sexual que tengan, y sobre todo si sienten atracción por alguien del mismo sexo, pues esto implica muchas veces sentirse culpables, discriminados y no aceptados por el grupo de pares”, ejemplifica Glejzer. Rafael Freda, presidente de Sociedad de Integración Gay Lésbica Argenina (Sigla) y asesor de Suppa en el proyecto de educación sexual, blanquea: “El tema de la orientación sexual tuvo que quedar fuera porque todavía existe un enorme prejuicio contra los y las homosexuales, a los que se ve como agentes de la difusión de la homosexualidad”.

Sin embargo, Freda rescata que, a pesar de todas las trabas, el 12 de octubre las escuelas van a tener que olvidarse del mito de las blancas palomitas y asumir que sus alumnas y alumnos tienen cuerpos, deseos y dudas. “El mayor logro es que haya educación sexual en las escuelas con la tradición de la ley 1420: educación común, la misma para todos. Y otro logro es que los políticos porteños sepan que la Iglesia no es invencible y que el progresismo no es fácil –delimita Freda–. De otro modo, hubiéramos tenido una educación sexual para laicos y otra para religiosos”.

Respuestas reales

¿Recibieron educación sexual en el colegio?
Sí: 84%

¿Quién dio la charla?
Una empresa: 30%

¿En qué consistió la educación sexual?
Una charla una vez: 58%

¿Qué temas debería incluir la educación sexual?
Métodos anticonceptivos: 95%

¿Si hubieses iniciado tus relaciones sexuales les contarías a tus padres?
No: 53%

¿Modificaría la reacción de tus padres tu decisión acerca de tener o no relaciones sexuales?
No: 68%

Fuente: Encuesta Celsam, septiembre de 2006 sobre 484 adolescentes de 12 a 19 años de Capital y conurbano bonaerense. (Estos números corresponden exclusivamente a respuestas brindadas por mujeres.)

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