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Viernes, 25 de octubre de 2002

SOCIEDAD

ser mujer y escribir en América latina

Por Angélica Gorodischer *

Vamos a hacer un congreso. Vamos a invitar a escritoras de todos los países, o los que podamos, de América latina. Que vengan a la Argentina. Que vengan a Buenos Aires y también a Rosario y que podamos vernos, hablarnos, leernos y comprendernos. O no llegar a comprendernos, bueno, pero sí a tratar de que eso pase.
No es la primera vez, aunque nos gustaría poder decir que sí, que es la primera. Ya hicimos nuestras primeras armas en Rosario por dos veces, en 1998 y en el 2000. Con dos reuniones internacionales. Esta vez es con América latina. Vienen escritoras prestigiosas, buenas tipas, trabajadoras, embanderadas en eso que podría llamarse la búsqueda de un lenguaje que nos abrace a todas y a todos. Ellas tienen detrás una larga carrera y un montón de libros y trabajos publicados. No vamos a hacer acá la lista: están los nombres de ellas y sus países en el programa del Congreso.
Vamos a hablar de género y poesía, género y narrativa, género y género y géneros, género y marginalidad. Vamos a rescatar a algunas olvidadas. Va a haber nueve Mesas Teóricas y otros tantos Foros de Lectura.
Vamos a dar el Premio Mujer Honoraria, como las otras veces, a un varón que lo merece. Van a pasar cosas interesantes en los pasillos, en los intervalos, en las mesas de café.
Nos vamos a divertir, ¿por qué no?
Y en este párrafo viene la invitación: vengan, no dejen de venir. La invitación es para todas y para todos. No nos hablen de ghettos, por favor. Esto no es un ghetto, es un territorio (me parece haber leído esto en un artículo de María Moreno una vez) que cualquiera puede transitar. Pero, entonces, ¿por qué hacer un congreso de escritoras? ¿Por qué un congreso de mujeres?
De mujeres, sí, de mujeres, pero abierto a quien se quiera acercar. De mujeres porque, si bien las escritoras compartimos con nuestros colegas varones una cantidad de actitudes, problemas, estrategias, soluciones y demás, hay que ver que la tradición femenina en literatura viene siendo silenciada y no es casualidad, desde hace unos catorce o quince siglos, que no es poco. Siempre parece que empezamos de nuevo algo nuevo. De mujeres porque cuando se hace algo así mucha gente pregunta por qué y nunca nadie preguntó por qué cuando había instituciones y hechos a los cuales nos era o es imposible acceder. Pasa como con el cine: mucha gente se alborota cuando en una película hay mujeres fuertes y buenas minas y varones débiles y malos tipos. Pero nunca jamás nadie nunca protestó cuando las mujeres éramos invariablemente las villanas que separaban con arteras maniobras a los buenos amigos que se amaban y se comprendían, o que mataban a medio mundo con tal de quedarse con la herencia del buenazo del marido.
De mujeres para que se conozca lo que hacemos y se vea serena, sensatamente, que lo mejor es integrar y no separar.
De mujeres porque hemos estado muy aisladas y tenemos ganas de estar juntas y ver cómo hacemos para que se lean nuestros textos de acá a Puerto Rico, de México a Brasil.
De mujeres porque queremos transitar ese territorio del que hablábamos y en el que esperamos que no haya alambrados de púa ni límites trazados en un mapa ni puertas cerradas ni muros ni fosos, ¿se entiende?
De mujeres porque hace rato que teníamos ganas de hacer lo que se nos diera la gana.
Rosario, 23 de octubre 2002.


* El Congreso de Escritoras Latinoamericanas se llevará a cabo del 29 al 31 de octubre en el museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (Malba).

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