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Viernes, 9 de mayo de 2008

MUSICA

Mar de fondo

Con un disco que hace hincapié en la metáfora marítima, la artista Adriana Calcanhotto lucha contra las categorías que encierran. En su octavo disco, inaugura el segundo paso de una trilogía sobre el mar y pone la música popular brasileña a la orden del día.

 Por Guadalupe Treibel

“Apa, ¡qué raquetazo!”, habrá dicho más de uno viendo a la pequeña Adriana Calcanhotto dale que dale con el tenis y la pelotita. Sí, de adolescente entrenaba compulsivamente, como quien arranca un oficio sin saber que será sólo un hobbie. O una anécdota. O un dato de color para empezar la crónica azul de su vida, el perfil de un hito que se suma a una corriente (un poco marina): la Música Popular Brasilera (MPB). Porque ella, junto a artistas como María Rita y Marisa Monte, será quien renueve en la década del 90 esa escena fusión (con bossa, samba y otros géneros) en el marco de un Brasil con “monstruos sagrados”. Monstruos buenos, inventores de la canción, precursores de décadas anteriores como Maria Bethânia, Caetano Veloso, Elis Regina. “Conocer nuestra memoria musical eleva el nivel general de producción actual y, si estamos atentos, podemos aprender a hacer cosas que estén influenciadas por ellos pero sin repetirlos. Y sin repetirnos a nosotros mismos”, destaca la cantautora brasilera que, nacida en Porto Alegre, sigue eligiendo Río de Janeiro para echar ancla.

Popular y experimental, sus 42 años le dieron ocho discos. Su último trabajo apuesta a la simbología del agua como hada madrina, convirtiéndose en el segundo paso de una trilogía inesperada. Porque cuando en 1998 sacó “Maritmo” (algo así como Marítimo + Ritmo), no pensaba en la obra como un punto iniciático de un arte mayor. “Seleccionando canciones para el álbum de 2008, me di cuenta de que la mayoría de las canciones predilectas de mi lista tenían ambientación marítima. Entonces entendí que era un segundo.” Después vino el bautismo: “Maré”, mar de lo nuevo, mar que vuelve, mar –una vez más–. “El disco linda con un mar físico, cuántico, concreto y otro metafísico, de tradición literaria. El mar como metáfora de la condición humana, entre la mujer y el pez”, explica la cantante.

Ella, que dice tener una sensibilidad particular (o, al menos, eso espera), mezcla –con total naturalidad– temas propios y ajenos en su repertorio. “Me gusta sentirme impactada por las canciones, no importa si son mías o de otros autores. Tener en cuenta quién las escribió sería pensar a priori y yo no funciono así”, destaca –a posteriori, claro–. Para ella, crear un disco es armar un rompecabezas y nunca sabe a ciencia cierta cómo puede terminar. En “Maré” justamente, “las canciones fueron llegando de a poco”. Es que los once tracks de este trabajo (“Porto Alegre”, “Sargaco Mar” o “Tres”, por mencionar algunos) vienen de todos lados: co-composiciones, letra o música propia, temas prestados (y reinventados), otros pedidos. La invitación es amplia y Adriana es buena anfitriona. De una manera u otra, Moreno Veloso, Dé Palmeira, Arnaldo Antunes, Marisa Monte, Antonio Cicero, Caetano Veloso, Bebel Gilberto y otros hacen su aporte, un granito de arena directo (y ni tanto). Igual que Waly Salomão, poeta y compositor brasilero fallecido en el 2003, con el que Calcanhotto hizo el tema “Teu nome mais secreto”, presente en “Maré”.

De las grabaciones, la mujer de arte integral, de largas giras y pequeños gestos sobre el escenario, rescata detalles: la correcta “captura” de los sonidos. Su guitarra que trastea, la eléctrica que no para de desafinarse, el cello que cruje, ¡una! respiración fuerte. Incluso, el ruido de su bicicleta. Y el café prohibido durante las sesiones de voz. Elementos que, a simple vista, parecen menores pero desnudan a una Calcanhotto detallista en sus múltiples formas: onda, marea u ola.

Alguna vez Caetano dijo que los shows de Maria Bethânia parecían películas de arte. Calcanhotto ha reconocido estar bajo esa red conceptual. “Un espectáculo no es sólo un recital de música y, en ese sentido estoy muy contenta con Maré”, destaca la cantautora que el sábado 10 de mayo hará de las suyas en el Gran Rex, tras varios años de ausencia en el país.

Y para el vivo, se palpita cierta artillería: austeridad, síntesis delicada, gestualidad mínima que sabe aprovechar silencios y tonos y acordes y ritmos, matices vocales y una sensación de sensibilidad e intimismo en plena atmósfera marítima. Pero, ¿quién sabe? Ver para saber, creer o escuchar.

Ahora ¿dónde empieza todo? Hija de un baterista y una bailarina, la casa de Calcanhotto llevaba música desde que ella era pequeña. De jazz a rock progresivo, de Miles Davis a Pink Floyd, papá Carlos Alfredo y mamá Morgada dejaban que las notas sonaran. “Tal vez por haber crecido en un ambiente donde se escuchaba música sofisticada y, al mismo tiempo, sonaba la radio popular, es que siempre gusté de transitar por géneros y posibilidades”, explica Calcanhotto al tiempo que le escapa a las categorías. Dice no ser tropicalista; no ser enteramente cosa alguna, cualidad que le gusta preservar. “Un día me declaré ‘minimalista’ para librarme de la pregunta pero no me gusta definir mi música –cuenta–. Sí persigo la claridad, la simplicidad y la economía de recursos.” Mmm..., suena a minimalismo, pero no importa. Definición aparte, lo que chica-que-gusta-sentirse-contemporánea busca es concisión.

Adriana se muestra una creyente de la canción, en su poder para modificar las cosas. Pero esa capacidad de transformar no está en paradigmas o dogmas, en certezas absolutas; está en el cuestionamiento. “La música puede cambiar el mundo –desliza– porque ofrece mejores preguntas que respuestas.”

El año pasado las preguntas la llevaron a participar de un show en el Palau de la Música Catalana, en Barcelona, preparado por una organización no gubernamental con el fin de recaudar fondos para proyectos de desarrollo de América del Sur. Al respecto, comenta: “Participo de muchos emprendimientos como ese pero, en general, no me gusta divulgarlo”.

Perfil bajo nomás que no le cuesta el reconocimiento popular. Porque por sus muchos discos vendidos circulan canciones que han hecho de soundtrack para telenovelas brasileras. Y no es poca cosa: las soap opera del país vecino no sólo han reinventado la forma de concebir los culebrones latinoamericanos; también se han convertido en un disparador de talentos musicales, al incluir en su música temas que se convierten en pequeñas leyendas de la MPB por su difusión y alcance.

Y, a la gran llegada a su público “tradicional”, se sumaron las personitas que aceptaron su proyecto paralelo: Partimpim. Con título homónimo, Adriana armó este disco “infantil” (o, al menos, así fue entendido inicialmente) que, lejos de la típica condescendencia a los gustos para niños, apuesta por temas sensibles e inteligentes. El proyecto le valió la nominación y el premio Grammy Latino al Mejor Album Infantil 2006 y le legó la responsabilidad de mantener el alter ego vivo. Porque, aun cuando todavía no tiene repertorio nuevo, “Partimpim es gusto acumulado”, en palabras de la artista. “Donde va lleva toneladas de juguetes y ropa; Maré no es para nada así”, asegura la mujer de pelo corto y mirada intensa que supo dejar los raquetazos para tomar las canciones por las aletas y redefinir un género que salpica inquietud, modernidad e ideas. £

Adriana Calcanhotto presenta Maré el sábado 10 de mayo a las 21 en el teatro Gran Rex, Av. Corrientes 857.

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