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Viernes, 22 de mayo de 2009

CONTRAVALORES

Los plazos fijos

 Por Aurora Venturini

Doña Ríspida decidió colocar a plazo fijo cierta cantidad nada despreciable. A su vez, la señora decidió poner al tanto de sus movimientos a su primo más joven, Tuno Cochón du Laitrequiriendole que compartiera la responsabilidad del ahorro con su firma, agregando lo sabido, que dado que Tuno era bastante más joven, en un futuro, que ella rogaba diariamente al Altísimo alejara en lo posible por añares, llegado el caso, el primo, dispusiera del monto total, la herencia.

El empleado bancario entregó entonces el comprobante formalmente según lo establecido en esas circunstancias. Tuno, diremos, se lo arrebató, firmó y se lo guardó en el bolsillo. Ríspida, alelada, quedó de una sola pieza. El empleado con el sello utilizado todavía en la otra mano, también quedó de una sola pieza. Tuno, tal vez necesitado de algún remate para la ocasión, se dio vuelta antes de partir y dijo al empleado: “Hay que cuidar a las viejas”.

Doña Ríspida siguió rezando al Altísimo todas las noches, ella creía que El la escuchaba. Rezó entonces pidiendo justicia y un golpecito en la grupa del primo joven. Decía grupa por aquello de que el primo nunca aprobó por las suyas ninguna materia. Burro.

El Altísimo habrá escuchado el relato tristísimo de la Ríspida y el primo estrelló el automóvil que adquiriera con el efectivo del plazo fijo contra una pared. El primo siguió con vida pero el auto quedó hecho mierda. Doña Ríspida solicitó entonces al Altísimo algo de piedad para el arrebatador familiar. Y es posible que El haya vuelto a escucharla. Tuno, el primo, aunque imposibilitado de caminar, salvó su vida. Ahora maneja una silla ortopédica a motor. Había nacido con vocación de motorizarse, de modo que cumplió con su destino.

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