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Viernes, 5 de junio de 2009

PERSONAJES

Los miserables

Amanecer y ocaso de una figura mediática que provocó más de un lagrimón por su aspecto de modesta ama de casa puesta a competir con jóvenes talentos, pero que terminó llorando a mares cuando la dejaron fuera del gran premio de un reality inglés.

¿Perdió? ¿Ganó? ¿Qué herencia atesorará la revelación Susan Boyle tras su paso por la tele? Susan Boyle: la escocesa que hasta el 11 de abril, cuando irrumpió en el reality Britain's Got Talent, no tenía que esquivar paparazzis, era una más en el coro de la iglesia, pocas personas recordaban el nombre de su gato Pebbles y muchas menos sabían si el amor alguna vez había tocado su puerta (y su cuerpo).

Luego de dos meses de encontrar a Susan Boyle hasta en la sopa, el sábado pasado terminó el gran show televisivo: día del juicio final. Una competencia que al menos permitió poner en debate la cuestión del huevo o la gallina: ¿Los friquis lograron visibilidad en los medios y legitimidad social o la tele simplemente los sirve como el nuevo banquete de su insaciable menú? Dicho con todo respeto y entendiendo por freaks a quienes según la lógica mediática no responden con el estereotipo televisivo, como la adorable Susan.

El caso levantaba sospechas. ¿De veras se trataba de un reality caza–talentos que aplaude el talento? ¿De verdad la pinta es lo de menos? Got Talent lo hizo: fue capaz de apelar a un recurso todavía más efectista que poner de moda a Boyle y transpirar sin censura la pasión que generó en la audiencia. Porque resulta que ella no ganó. Es más, al dejar el canal quién sabe qué fue eso que le pasó, que el sensacionalismo inglés diagnosticó de “Ataque de nervios” al tiempo que informaba su aterrizaje de emergencia en una clínica psiquiátrica.

“Soñé un sueño tiempo atrás cuando la vida era distinta. (…) Tenía el mundo a mis pies, mis sueños siempre alcanzaría. Mas tigres en la noche hay, y te engaña su apariencia, y transforman al pasar el orgullo en vergüenza...”, dice una partecita de “Soñé un sueño”, la canción de Los miserables con la que debutó en el show.

“Los medios introducen y nos enseña una nueva dramaturgia, una dramaturgia que carece del último acto, que no tiene final –dijo Ryszard Kapuszinski en Lapidarium IV–. Vemos este acontecimiento, a las personas involucradas, vemos que algo se mueve, escuchamos explicaciones. Y de pronto, todo desaparece de nuestra vista de una vez para siempre. No sabemos qué ha ocurrido con esas personas, cómo ha cambiado el asunto. Y lo más seguro es que nuca lo sepamos: el acontecimiento en cuestión no tiene futuro (y las más de las veces, tampoco pasado).”

En el caso Boyle, hasta el productor del reality demostró que tiene futuro: él piensa ser su manager. ¿Acaso la derrota fue una forma de espectacularizar más todavía su desventurada historia de vida? ¿Y las coronarias de Susan, qué?

“Seguramente hubo manipulación mediática: mirá de lo que estamos hablando con todo lo que pasa en el mundo –ironiza Liliana Mizrahi, autora de Mujeres en plena revuelta–. Porque la manipulación es una técnica social y comunicacional de dominio fuerte, y la gente se entrega. Ella pudo mostrar su talento y salió de la oscuridad. Pero entre todos la despedazamos. La gente es lo suficientemente conservadora y rígida, si no encajás en ese modelo tenés puntos en contra.”

Otra de las tantas internautas que lloraron al escucharla fue la baterista Andrea Alvarez, a quien alguna vez llamaron para ser “la buena” del jurado de un reality local. Y dijo: ¡No!

Susan perdió el concurso pero ganó fama, contratos, visibilidad, cantará en USA el 4 de julio, hizo su juego. ¿Hizo su juego? ¿Perdió o ganó? “Perdió: es el modelo opuesto de lo que premian en estos shows que premian lo momentáneo, sin contenido, donde lo principal es que seas obediente a las reglas –dice Alvarez–. Susan, que ni siquiera se quedó al terminar de cantar, tipo: ´Ya hice lo que tenía que hacer y listo´, refleja lo anti tevé. Fuera de todo esquema ella es todo contenido: es una buena voz y con inocencia disfruta estar ahí, porque encima cree en ellos, ¡cree que el premio es verdad! Los demás la tienen re clara de que es algo del momento. Pero como ella es del tipo de gente que no miente, cree que nadie le va a mentir.”

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