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Viernes, 9 de octubre de 2009

FEMINISMO

La casita (propia) de la Independencia

Durante este fin de semana se desarrollará el XXIV Encuentro Nacional de Mujeres, esta vez en Tucumán. Se preparan las voces que reclaman sobre materias pendientes: violencia intrafamiliar, femicidios, la trata y tráfico, los derechos sexuales y reproductivos, la despenalización del aborto, la discriminación laboral. También se prepara la presión clerical y conservadora para ver si puede hacer algún ruido. Ya que el silencio es imposible a estas alturas.

 Por Roxana Sandá

Con el poder arrollador que le fueron dando los años de experiencias compartidas y el crecimiento de una oleada que asciende a casi 30.000 compañeras de todo el país, mañana comenzará el XXIV Encuentro Nacional de Mujeres, esta vez en Tucumán y hasta el domingo cuando, como todos los años desde 1986, se recorran las calles de la ciudad para levantar la bandera del derecho al aborto seguro, libre y gratuito. Las últimas noticias preanuncian el clima que propicia la jerarquía católica local: el vocero del arzobispado tucumano, Antonio Carabajal, informó que no se realizarán las misas previstas para la tarde del domingo en las iglesias Catedral, Nuestra Señora de la Merced, San Francisco y Nuestra Señora de Lourdes, del microcentro. Ya el sábado último, monseñor Luis Villalba había invitado a orar para que el Encuentro Nacional de Mujeres se desarrollara “en un clima de fraternidad, de armonía, de diálogo y de paz”. Lo inquietante de la invitación es el tipo de diálogo propuesto, teniendo en cuenta que desde mitad de año se organizan mesas católicas de preparación dirigidas a mujeres de todo el NOA, para infiltrarse en los talleres del Encuentro y derramar debates “según el Evangelio”.

Según pudo averiguar este suplemento, la estrategia de penetración que las autoridades eclesiásticas intentarán aplicar viene afilándose desde agosto último, en el marco del II Congreso regional “Vida y familia”, organizado por el asesor de la Pastoral Familiar de la Arquidiócesis local, el sacerdote Marcelo Barrionuevo, junto con la especialista en medicina legal y salud pública Chinda Brandolino, de La Plata, y la docente Paola Delbosco, que dicta Filosofía en la UCA y en la Universidad Austral. Entre otras cosas, el encuentro jugó de plafón para que Delbosco planteara que “el avance de la mujer en todos los campos de la sociedad ha puesto en jaque la seguridad que tenía el hombre de su propio rol”. Lo escucharon unas mil mujeres de diferentes provincias del Noroeste, posiblemente las mismas que entre mañana y el lunes intenten exponer “sobre el rol integrado de la mujer en la sociedad, en clave humana y cristiana”. Es de esperar que voces más angeladas las acallen, como las de las copleras del valle Calchaquí, las cantoras Cecilia Paliza y Angie Camuñas, integrantes de las delegaciones latinoamericanas y unas 20.000 participantes de la Argentina. Por cierto, es poco probable que las activistas católicas se presenten el domingo por la noche en el Club Tucumán Central, donde se celebrará la Peña del Encuentro hasta deschavetarse, como viene sucediendo con alegre prolijidad desde la primera reunión en Buenos Aires, en 1986, cuando unas 600 mujeres decidieron la necesidad imperiosa de autoconvocarse.

La matriz fue la clausura de la Década de la Mujer, en Kenia (1985), donde se planteó la urgencia de abordar la problemática femenina en la Argentina, con anclaje profundo en la discriminación de género. Por la misma época empezaron a organizarse grupos clave como la Comisión por el derecho al aborto y Católicas por el Derecho a Decidir, con roles fundamentales en la lucha por la despenalización del aborto en el país y presencia fuerte desde fines de los ochenta en todos y cada uno de los Encuentros de Mujeres. Una pincelada: en 1989, durante el IV Encuentro Nacional en Rosario, se dio a conocer el primer proyecto de ley de despenalización del aborto. La iniciativa, presentada en el Congreso Nacional en 1992, nunca pudo ser tratada.

En el haber cuentan los avances logrados sobre la legislación en divorcio vincular, patria potestad compartida, Ley de Cupo 2402, exclusión del hogar de padres golpeadores, confección de listado de padres incumplidores de cuota alimentaria, sanción al acosador sexual y leyes de salud sexual y reproductiva y de ligadura de trompas.

Pero acaso el reflejo más poderoso de estas reuniones sea que a partir de ellas puede leerse el recorrido de las mujeres en la historia argentina reciente. Si las Madres de Plaza de Mayo –que participaron del primer encuentro– y la Campaña por el aborto seguro, legal y gratuito caracterizaron los encuentros del siglo veinte, la crisis argentina del nuevo milenio y su hija mayor, la feminización de la pobreza, acercaron a los fogones a piqueteras, asambleístas populares, luchadoras sindicales y militantes de movimientos de mujeres. Desde 2000 hasta hoy, migrantes, obreras y desocupadas escuchan en una horizontalidad que las hermana a compañeras trans, lesbianas y bisexuales, deshaciendo silencios.

“A pesar del silencio y la discriminación de algunos y algunas y el ‘no me importa lo que hagan entre cuatro paredes’ de otros y otras. No mendigamos derechos, los ejercemos”, volverá a escucharse en las vereditas tucumanas con el mismo entusiasmo que se impuso en el XIX Encuentro Nacional de Mujeres de 2004, en Mendoza, donde se celebró el primer taller de activismo lésbico, para debatir políticas de acciones conjuntas que promuevan la visibilidad y los derechos de las lesbianas. Entonces hubo que defenderse de los ataques salvajes que sufrió el Encuentro, con panfletos que consignaban “no al aborto, no a la anticoncepción, no al zurdaje, no a la educación sexual, no a las lesbianas, no a las travestis”. Como se advirtió al principio, es esperable que para este fin de semana la jerarquía católica haya refinado su estrategia.

Presentes con aviso, este año darán especial pelea obreras de todo el país. Incentiva el contexto del conflicto de Terrabusi-Kraft, que se descuenta tendrá alta presencia en el Encuentro, y con el dato extra de que el gremio de la alimentación tiene amplia mayoría femenina.

La tarea compartida en esta edición intentará alumbrar nuevas estrategias de fortalecimiento para seguir avanzando en la solución de la violencia intrafamiliar, los femicidios, la trata y tráfico, los derechos sexuales y reproductivos, la despenalización del aborto, la discriminación laboral, la carestía y la impunidad, “para encontrarnos con miles de mujeres con penas parecidas pero también con experiencias heroicas que nos alumbran el camino”, declaman las organizadoras del evento. Desde ya, y como ocurre cada año, todas fundirán sus voces en un reclamo único e indivisible por la libertad de Romina Tejerina.

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Imagen: Guadalupe Lombardo
 
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