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Viernes, 9 de octubre de 2009

PERSONAJES

Urgencia por olvidar

Mientras Suiza decide si extradita a Roman Polanski por violar a una menor, famosos y funcionarios de toda laya defienden al director con absurdos argumentos. Otros piden que se reabra el debate sobre la prescripción y así olvidar el delito que cometió hace 30 años.

 Por Milagros Belgrano Rawson

Basta hojear un tratado de Derecho para descubrir que la justificación de la prescripción de un delito es la necesidad de olvidar. En líneas generales, se trata de una suerte de amnesia legal que permite exculpar al que violó la ley, ya sea porque éste murió, porque pasó el tiempo y probó su “reinserción” en la sociedad, porque no hubo condena o porque la víctima lo perdonó. El caso de Roman Polanski, que sigue detenido mientras Suiza decide su extradición, no se aparta de esta concepción. Resulta comprensible que la víctima, que fue violada a los trece por el cineasta y cuyo nombre es vox populi desde entonces gracias al descuido de la prensa y la Justicia, haya perdonado al agresor para olvidar este episodio que la persigue desde hace años. Resulta comprensible también que los amigos y familiares del realizador, entre los que se halla su mujer y madre de sus hijos, la francesa Emmanuelle Seigner, exijan su libertad. También suena lógico el pedido de liberación del director firmado por luminarias del cine como David Lynch y Martin Scorsese. Los firmantes argumentan que el caso es viejísimo, que en su momento Polanski pasó 42 días en la cárcel, que la víctima retiró la denuncia y que debe reabrirse el debate sobre la prescripción. Argumentos legítimos que, sin embargo, tratan de ocultar lo evidente: la existencia de una Justicia distinta para los ricos y famosos.

Mientras que en el imaginario estadounidense aún resuenan las absoluciones de estrellas acusadas de femicidio como el futbolista O. J. Simpson o el actor Robert Blake, como en una especie de cofradía farandulera, famosos de toda laya dieron por estos días su opinión sobre el tema alineándose con el director de El bebé de Rosemary. Whoopi Goldberg demostró que su compromiso en la defensa de los derechos de los niños —desde el 2003 actúa como embajadora de Buena Voluntad de Unicef— es tan sólo uno de los tantos hobbies “progre” que algunos famosos ejercen con pasmosa liviandad. En el programa que conduce, Theview, esta abuela de una adolescente de 13 años afirmó ante millones de televidentes que lo de Polanski no fue una “violación-violación”. Peor aún, la primera mujer que condujo en solitario la ceremonia de los Oscar indicó que “no me gusta cuando uno se apasiona con un tema y no cuenta con toda la información. Somos [Estados Unidos] una sociedad distinta. Vemos las cosas de forma diferente”, dijo en su confusa defensa del director. Enseguida, la coconductora, el otrora icono de la TV estadounidense ahora reconvertido en celebrity de cabotaje, Melissa Gilbert (“Laura” en La familia Ingalls), exclamó que “a esta altura, el castigo [a Polanski] puede ser excesivo”, amén de culpar a la madre de la víctima por “dejar a una niña sola en casa de un hombre mayor”.

Lo insólito es que, en un caso que nada tiene que ver con las diferencias culturales entre países sino con las leyes en vigor, mientras Goldberg y compañía se perdían en descabelladas diatribas, el ministro de Cultura francés, Frédéric Mitterrand, lanzaba comentarios del mismo tenor nacionalista. “Los Estados Unidos dan miedo (...) han mostrado su verdadero rostro”, exclamó. Para coronar la vergüenza del gobierno francés, el ministro de Relaciones Exteriores Bernard Kouchner no tuvo mejor idea que pedirle a su homóloga norteamericana, Hillary Clinton, que intercediera por el cineasta —la respuesta de la secretaria de Estado fue que el asunto está en manos de la Justicia californiana—.

El cuadro de amnesia colectiva se completa con el tratamiento de la noticia por parte de los medios. Es cierto que la mayoría de los diarios norteamericanos coincide en que Polanski debe ser extraditado y juzgado en ese país. Sin embargo, a pesar de que la Justicia probó que hubo violación The New York Times sigue diciendo que Polanski “tuvo sexo” con una nena. El diario neoyorquino pide la cabeza del director, pero la elección de las palabras no es un detalle, sobre todo cuando cualquiera sabe que “tener sexo” implica que ambas partes estén de acuerdo y que una “violación” implica precisamente la falta de consentimiento, que incluye pero no se limita a decir “No” y ser drogada por el agresor, como figura en la declaración de la víctima de Polanski (las transcripciones de su testimonio ante la Justicia circulan por Internet). De todas formas, para la ley norteamericana, con o sin consentimiento, tener relaciones con un menor de edad es un delito que no sólo no prescribe, sino que, en nombre de todas aquellas personas, adultas o chicas, que son abusadas o violadas cada día, busca que se lo recuerde.

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