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Viernes, 30 de octubre de 2009

VIOLENCIAS

El asesino premiado

María Mirta Burgos fue asesinada el 14 de junio del 2007, en Tucumán, por su marido el (ahora) ex policía Carlos Ocaranza. El acusado estuvo detenido dos años, pero salió libre bajo fianza porque el juicio por femicidio nunca se realizó. Mientras el crimen sigue impune, Mirta, la madre de María, pide la tenencia de sus dos nietos menores que están siendo criados por el acusado de asesinar a su mamá y pide justicia.

 Por Luciana Peker

El 14 de junio del 2007 María Mirta Burgos murió. Su marido –el ex policía Carlos Ocaranza– la asesinó. María calló hasta que un golpe en la cabeza alertó a sus hijos. Ella hizo la denuncia en la comisaría. La Justicia no le dijo al agresor que no se podía acercar a María, ni le puso custodia policial, ni la protegió. El, en cambio, la mató tranquilo. “Estuvo dos años en la cárcel, pero salió y estamos esperando el juicio”, cuenta su madre, Mirta Gutiérrez de Burgos, que lleva a su hija con un cartel en el pecho, que aprendió a romper el silencio y a golpear las puertas en una provincia –Tucumán– donde todavía la violencia es silencio.

“Pero lo peor es que el asesino de mi hija sigue criando a mis nietos, a pesar de que yo pedí la custodia”, denuncia, con el cartel, con la voz firme, con el cuerpo de abuela y la voz en alto que nunca se hubiera imaginado que iba a sacar. Ella no pide más esperanza que la justicia y más que la justicia que sus nietos sepan que la muerte de una mujer en manos de un hombre no es justa.

María tenía 42 años y cuatro hijos. Carlos, de 19 años; Natalia Belén, de 16 años; Ignacio Sebastián, de 14 y Mauricio Gabriel, de 8. Natalia es la única que vive con su tía, Laura Raquel Burgos, la hermana de María. “Carlos, Sebastián y Mauricio están con el papá, que se encuentra en libertad bajo fianza”, denuncia Mirta. Y pide. No sólo frenar los femicidios que ya le cobraron la vida a su hija. Pide que la Justicia después de fallar no siga fallando y deje que la vida de sus nietos naturalice la muerte de su madre como un accidente.

“Mi hija tenía tres remises y los atendía a las seis de la mañana, llevaba a los chicos a la escuela, traía a los chicos de la escuela, atendía su casa, hacía todo”, la describe su mamá como si la vida siguiera su pulso. María era la segunda de los seis hijos de Mirta. “Yo no sabía nada hasta que pasó todo. Recién me enteré de que la situación era sumamente peligrosa por mis dos nietos más grandes, que me contaron que él le pegaba, pero ella no me contaba nada”, dice, como si tuviera que excusarse de inocencia, por el crimen de María.

Mirtaa no es la misma, no sólo por la falta de su hija, sino porque decidió no permitir que el crimen pasara como una noticia policial –mal titulada como crimen pasionall– a la que se pasa de hoja para que no pase nada. “Esta situación se desencadenó cuando ella decide divorciarse, porque él no quería divorciarse. El 4 de junio del 2007 él tenía cita judicial. El 14 de junio los tres más grandes ya se habían ido a la escuela y ella lleva al más chiquito al colegio. El la estaba siguiendo en el auto y cuando ella volvía del colegio la hizo subir a su auto, a tres cuadras de la casa, a las 8.15 de la mañana, y la mató a golpes”, relata.

–¿Ningún vecino o vecina escuchó nada?

–Sí, escucharon los gritos y llamaron a la policía. Pero los vecinos a él le tenían temor porque era cabo de la policía y una persona muy violenta y no se animaban a meterse. Aunque sí hicieron un llamado a la comisaría en donde decían que se sentían gritos.

–¿Había antecedentes de violencia?

–Sí, él ya le había pegado con una maza (una especie de martillo grande) y el hijo mayor lo frena al padre con la mano. Mi nieta Natalia vino a contarnos lo que había pasado. Mi marido (Ramón Burgos) va a la casa porque Natalia dice “tienen que hacer algo porque mi papá la va a matar” y él lo corre y le dice que no aparezca por ahí, que lo va a matar y que va a incendiar la casa para que se mueran todos juntos. Yo me doy cuenta de que la situación es crítica y voy a pedir la protección de mi hija y mis nietos, pero en la comisaría me dijeron que sólo podían intervenir si mi hija denunciaba. Finalmente, nos enteramos de que ella había hecho la denuncia policial pero que no nos decía nada. Yo quiero que sea difundida la verdad del homicidio.

–¿Qué pasa cuando él la asesina?

–Inmediatamente queda detenido. Y el 29 de junio le sale la prisión preventiva porque todas las pruebas estaban en su contra. Lo llevan al penal de Villa Urquiza. Pero siempre el juicio oral y público fue postergado por una cosa o por otra. Y cuando se cumplen los dos años (el máximo plazo en el que una persona puede estar encerrada sin sentencia) él paga una fianza de 20 mil pesos y sale en libertad. Pero lo peor es que va a vivir a la casa de sus padres con sus hijos.

–¿Además de estar en libertad, cómo la Justicia permite que a los chicos los críe el hombre que asesinó a su mamá?

–Eso es lo que yo me pregunto. ¿Cómo puede ser? Además, su mamá y su papá (los abuelos) ya se fueron de la casa y el que está al cuidado de los chicos es él con su nueva pareja. ¿Dónde están los jueces? Desde agosto del 2007 que tengo el pedido de la guarda legal de los chicos y todavía la causa va a una sala a otra. Por lo menos, los hermanos de 8 y 14 años tienen que estar con su hermana y no con el asesino de su mamá. Y quiero que se haga el juicio antes de fin de año. Pero la causa está dormida, mamá. No hay jueces. Pero yo todos los días, de lunes a viernes, estoy en tribunales para no dejar que la muerte de mi hija se quede quieta. Los chicos están solos con el padre y él tendría que cumplir su condena de reclusión perpetua. Mientras que por ley nos corresponde a los abuelos maternos la tenencia de los chicos.

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Imagen: Atilio Orellana
 
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