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Viernes, 6 de noviembre de 2009

HOMENAJE

“El arte serena, pero toda serenidad supone algún tipo de elaboración de la violencia”

Apenas terminaba de redactarse esta nota cuando supimos de la muerte súbita de Felicitas Luisi, el alma detrás de la ONG Arte Sin Techo, que brinda herramientas para la inclusión activa de las personas en situación de calle en Buenos Aires, contraste radical con la política que para esa población ha exhibido el gobierno de la ciudad. Aquí, sus palabras, a modo de homenaje.

 Por Clarisa Ercolano

¿Cómo surgió la idea de Arte Sin Techo?

–Nació como respuesta al desatino de tanta intervención asistencialista donde el sin techo es un sujeto pasivo que recibe porque sí subsidios y limosnas. Intentamos, entonces, una propuesta distinta, más digna y efectiva apostando a que las personas en situación de calle puedan “hacerse una vida” revinculándose a las redes sociales: culturales, familiares o productivas. Trabajamos en los márgenes, allí donde viven los ignorados, los sin voz, los sin techo... Desde hace algunos años un grupo de profesionales iniciamos este camino en la convicción de que una forma posible de transformar la realidad era echándonos a andar, poniendo en palabras los silencios, gestionando nuestros destinos y articulando el cambio. Buscamos crear puentes, resignificar el espacio y pronunciarnos a través de nuestras actividades

¿De qué manera explicaría su labor?

–Arte Sin Techo desarrolla un programa destinado a quienes quieran “rescatarse”, salir de esa indigna condición. Mi labor consiste en conducir a un grupo de más de cuarenta profesionales que creen fervientemente que es posible una intervención que posicione a las personas en situación de calle en la elección de un proyecto de vida digno y sustentable. A finales de septiembre mudamos nuestros talleres a Costanera Sur y desde allí desarrollamos el Programa Pasaje Sur, en un intento de articular políticas con el Estado.

Personalmente, ¿cómo fue que empezó su interés por el arte?

–Fundamentalmente lo que guía y nutre nuestra apuesta cotidiana y la mía en particular es un especial interés por lo social. El arte es una herramienta a la que echamos mano, entre otras, para intervenir en lo subjetivo y en lo social.

¿Cómo se aborda a una persona en situación de calle para que se acerque a su organización?

–Las personas en situación de calle que se acercan a Arte Sin Techo lo hacen por el “boca a boca”. Uno le cuenta a otro y así la idea se va enganchando. Y desde hace un tiempo recibimos derivaciones hechas por el GCBA.

¿Puede contar algunas experiencias que dejen de manifiesto la “magia” del arte con personas que hayan pasado por este espacio?

–Seguramente no se trata de un pase mágico que tenga como causa al arte. En todo caso, el pasaje del puro afuera, el individualismo y la lógica de la supervivencia, a una temporalidad diferente, es decir la temporalidad de la pregunta por la existencia y el proyecto vital se da en el marco del trabajo colectivo junto con quienes atraviesan una situación similar, profesionales y artistas. Digamos que la magia designa el efecto sin causalidad lógica de un trabajo sobre las condiciones de una situación, denominada situación de calle. No hay misterios diferentes a los de cualquier vida...

¿Cómo es un día suyo trabajando en la organización?

–Intenso, muy intenso, placenteramente intenso. Este es un trabajo que sólo se lleva adelante con mucha pasión y que nunca es igual.

¿Qué le dicen los hombres y mujeres que trabajan con ustedes?

–En este camino, que recorremos con ellos, hay buenos y malos momentos. El “pasaje” entre la situación de calle y la revinculación social es significante en sus vidas. Aparecen virtudes olvidadas y miserias exacerbadas. Algunos nos agradecen y otros se alejan con cierto resquemor. Pero sin lugar a dudas AST representa un punto de inflexión en sus vidas.

¿Piensa que es válida la ecuación, más arte es igual a menos violencia?

–En primer lugar, no hay ecuaciones. Luego, el arte es una forma de violentar cánones perceptivos y en el caso de los sin techo, un modo de violentar su modo de vida signado por una extraña relación entre extrema atención al medio, por un lado, y pasividad, por otro. Los talleres de artes y oficios son una herramienta que serena; pero claro, toda serenidad supone algún tipo de elaboración de la violencia. De todos modos es incómodo referirse en términos generales a la violencia; si se refiere a la hostilidad, no se trata sólo de las personas en situación de calle, basta ver a cualquier habitante de la ciudad manejando como un loco, al transeúnte cuyo primer reflejo frente al contacto revela su grado de paranoia... en fin, toda una constelación de gestos que configuran el andar urbano. El sin techo es lo real de la urbanidad, y eso es violento.

¿Alguien marginado de las necesidades básicas puede comenzar a incluirse desde el arte?

–Es que no se trata de etapas cronológicas: primero satisfacción de las necesidades, luego deseo, subjetividad o como se le llame. Tanto el Estado nacional, como el gobierno de la ciudad, apelando a distintos lenguajes y estrategias, piensan la intervención, o bien como cobertura por etapas de necesidades y deseos según unos parámetros previos, o bien a partir de la idea de reinserción laboral. Sin embargo, nosotros consideramos que resulta fundamental instalarse en el terreno y dejarse afectar por los modos de vida que se producen allí para pensar en interioridad las situaciones y generar condiciones de apertura reales. Ninguna persona atravesada por el drama de haberlo perdido todo (al menos el drama consiste en sentirlo de ese modo) y haber terminado en una situación de aislamiento recupera cierto sentido vital con una vianda o un trabajo rentado. En todo caso, debe trabajar para que esa comida y esa ocupación o quehacer tengan algún sentido. Nuevamente, el pasaje se produce cuando aquel que sentía perdida la posibilidad de ponerse en juego, se ve envuelto en un compromiso consigo mismo y con los otros. Arte Sin Techo es un espacio de mezclas, donde la torpeza de los vínculos nacientes es recorrida por la sutileza del trabajo espiritual. El cambio es un escalofrío, un proceso de desidentificación, no tanto la asunción de un principio de realidad, como la posibilidad de reinventarse, es decir, de volver a fabular lo real. Eso sí que es un arte, un arte de vivir. Por otra parte, no creemos que se trate de incluir a los excluidos, sino de multiplicar las ocasiones que hagan posibles encuentros tendientes a fortalecer los lazos y respetar los diferentes modos de vida. Claro que cuando hablamos en términos de grandes escalas debemos pensar en “pisos” de convivencia y en condiciones generales de igualación.

¿Si hoy le dijeran que dispone de todos los recursos que quiera para la organización, qué es lo primero que haría?

–Replicar Arte Sin Techo, seguramente bajo otras formas, según el terreno y las personas que trabajen en la organización y las personas que se valgan de ésta como herramienta para reencontrarse con sus vidas. Ofrecemos contar nuestra experiencia, los logros y fracasos, para que otros, con sus particularidades y bajo otras relaciones, puedan llevar adelante iniciativas como Arte Sin Techo, aquí en Buenos Aires y en otras partes.

Felicitas Luisi se exilió en España durante la dictadura militar. Desde el 2003 es la presidenta de la ONG Arte Sin Techo que busca la inclusión a través de la expresión artística y por la cual ya pasaron 400 personas. A sus primeros artistas los convocó visitándolos en los albergues que les ofrece el gobierno de la ciudad.

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