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Viernes, 6 de noviembre de 2009

ARTE

Puntadas sin hilo

Una muestra que reúne a artistas argentinas y catalanas pone en imágenes la discusión sobre el lugar del feminismo en la sociedad hoy y la existencia de un pensamiento propio de estas latitudes. Las tareas consideradas “del hogar” y tantos otros legados transmitidos de madres a hijas aparecen ahora en exposición: objetos de arte que invitan a reflexionar sobre esas pequeñas cuestiones políticas de la vida cotidiana.

 Por Dolores Curia

“La palabra es un hilo” es el correlato en la práctica –y la cereza de la torta– de un seminario teórico sobre arte y feminismo que tuvo lugar en la feria Expotrastienda los días 19 y 20 de octubre. El combo muestra-seminario fue coordinado por tres especialistas en el tema: Magdalena Pagano –artista y activista–, María Laura Rosa –curadora argentina– y Assumpta Bassas Vila –curadora catalana–. El objetivo era, entre otros, dividir las aguas entre lo que entendemos por feminismo anglosajón y el latinoamericano: “En el campo de la teoría del arte feminista consideramos que hay muy poco escrito en Argentina. Queríamos articular una visión del feminismo desde Latinoamérica y España. Lo fuerte es la rama anglosajona. Lo que distingue a la vertiente latinoamericana es un mesticismo muy fuerte y la experiencia de las dictaduras que atormentaron a la región en los ‘60 y ‘70”, comenta María Laura Rosa.

La conjunción de artistas argentinas (Claudia Contreras, Mónica Millán y Magdalena Pagano) y catalanas (Elena del Rivero, Cori Mercadé, Isabel Banal, Mar Aza y Blanca Casas i Brullet) arroja una nueva lectura sobre las tareas de la vida cotidiana tradicionalmente femeninas para poner el acento en los saberes que no se aprenden en ninguna universidad más que en el ida-y-vuelta entre mujeres.

“La rama textil siempre ha sido la hermana menor de las artes”, señala la curadora argentina. Trivializadas históricamente, ahora, esas mismas tareas se plantan en la muestra como Artes de la Aguja –con mayúscula– y exploran las posibilidades de materiales que tienen más que ver con la vida mundana que con las Bellas Artes (papel, hilo, tela, etc.). Todas estas virtuosas del dedal reivindican el valor de los legados que han mamado de madres, abuelas y tías, y los convierten en obras de una delicadeza y detallismo notables, y plena potencialidad discursiva y política. Como bien atina Magdalena Pagano al respecto: “El feminismo se trata en gran medida de politizar la vida cotidiana. El gran aporte de la mirada feminista es el politizar lo privado. Mirar donde ninguna política miró: en la casa, en la cama, en la cocina. Lo personal es político. Desde esa mirada aparecen diálogos entre mujeres que se van pasando saberes, ese entre-dos”.

Mónica Millán, por ejemplo, reivindica los tejidos populares y documenta algunos trabajos realizados en Yataity del Guaraná, un pueblo de tejedores, ubicado a 180 kilómetros de Asunción, donde las tareas de la costura les son tan propias tanto a los hombres como a las mujeres. Magdalena Pagano exhibe la serie “¿Qué es una casa?”, un conjunto de obras de papel calado manualmente que hablan, entre otras cosas, de las monótonas tareas de nunca acabar, constantes e invisibles: “Cuando empecé a pensar sobre qué estaba haciendo, me acordé de un juego de niña: mi abuela me dejaba usar la máquina de coser sin hilo y hacer dibujos en la tela. Me di cuenta de que son puntadas sin hilo, esta idea de un gesto inútil, de algo que no tiene consecuencias ni conveniencias”, rememora Magdalena. Militante asidua, integra el colectivo de arte callejero Mujeres Públicas. Es por eso que siente que el volver a mostrar su obra en espacios institucionales (como lo es una galería) no está exento de objeciones. Contradicciones que la artista celebra ya que sus concepciones sobre arte y política son cualquier cosa menos simplistas: “No creo que la única transformación política esté en la calle. Yo creo que el diálogo de dos mujeres tomando un mate en una cocina puede ser una transformación política. Tiene que ver con esta idea de romper con la política de masas que es super patriarcal porque invalida esta otra posibilidad política del diálogo, de la intimidad, etcétera”.

Otro eje vertebral de la muestra es la crítica a algunas ideas preconcebidas sobre el arte feminista que vienen añejándose: “El arte feminista es producido por mujeres que viven en una sociedad con inequidades, que se sienten incómodas con eso y que buscan, a través de la obra, transformar la realidad. Ahí está la cuestión política. Muchas veces se confunde con el arte de género. No alcanza sólo con que sea hecho por mujeres”, explica María Laura Rosa. Esta teoría no deja fuera a los hombres: cualquier hijo de vecino podría convertirse en un artista feminista: “¡Somos las/los feministas!”, se ríe Magdalena.

“La palabra es un hilo” se puede ver hasta el 14 de noviembre en la Galería Arcimoldo (Reconquista 761, PA 14). Más información en www.arcimboldogaleria.com.

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