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Domingo, 16 de marzo de 2003

Lo femenino entre rejas

En el Día de la Mujer, la semana pasada, las presas del penal de Ezeiza presenciaron un espectáculo sobre mujeres dirigido por Beatriz Amábile y basado en las ArqueTipas de Sandra Russo que se publican en este suplemento. Aquí, dos internas, Mariana y Nancy, cuentan cómo se vive la feminidad ahí adentro.

Por Sonia Santoro

Cerrado al tránsito”, anuncia el cartel luminoso sobre una gran puerta marrón de dos hojas. Detrás de esa puerta, el centro del penal. Caminando por el pasillo van apareciendo puertas de maderas y otras de rejas amarillas oxidadas. Hay que esperar para que las abran y también para que las cierren. Se espera que se vaya la visita y que desocupen el pasillo. La espera es para entrar, pero sobre todo para salir. Hoy es 7 de marzo y ésta es la Unidad 3, el penal de mujeres de Ezeiza. El Servicio Penitenciario Federal decidió celebrar el Día Internacional de la Mujer presentando la obra de teatro De mí, de él, de nosotras y de ellos, dirigida por Beatriz Amábile y con textos basados en las ArqueTipas de Sandra Russo que su publican en la contratapa de Las/12.
Este espacio por el que se permite circular a las actrices no se parece a una cárcel. Este no es el lugar donde las presas están día y noche. En el patio de la escuela, la 708, en una silla con pupitre, se espera la llegada de las internas que fueron autorizadas a hablar. Ahí llega Mariana F. recién bañada, trayendo perfume al medio del patio. Lleva el pelo negro, todavía mojado, atado en una cola tirante; un pantalón negro apretadísimo; una blusa blanca al cuerpo; y tacos altos. Saluda a las maestras, a los fotógrafos y a los periodistas. Tiene una sonrisa grande, que enseguida justifica.
–Me estoy por ir, me quedan 20 días para mi libertad.
Al rato se suma Nancy Traverso, con su pelo largo teñido de rubio, los ojos bien delineados, un piercing en la nariz, jean y suecos. Convida cigarrillos y se pone a fumar.
Las maestras le dicen “la Susana Giménez” del penal.
–¿Qué les pasó, como mujeres, al entrar acá?
Nancy Traverso: Yo hace 9 meses que estoy, desde el principio dije éste no es mi mundo, yo voy a seguir siendo como fui siempre. Más allá de que esto te cambia. Pero si vos tenés en la cabeza pensar en la calle, pensar en cómo eras, no se te pegan las cosas de acá.
–Están bien vestidas, pintadas. ¿Cómo mantienen eso?
N.T.: Es según como estás de ánimo.
Mariana F.: Yo creo que son etapas. Yo, como he tenido que ser una señora, he hecho otras cosas que no son de señora, como subirme a paredones, como agarrarme a las trompadas por defender un par de zapatillas, hacerme la mala terrible. Vos ves más o menos que ponen la boca así (la tuerce) y empiezan a gritarte “qué qué” y lo imitás... La primera etapa te cuesta porque ahí definís si empezás a buscar lugares o te quedás donde estás. Porque si yo tengo que contarte muy íntimamente cosas... Yo he tenido relaciones con mujeres... La primera etapa es durísima, tenés que ser uno más, o al menos no tenés que dejarte ver tan como sos realmente, porque eso hace que se aprovechen.
N.T.: Más cuando tenés una condena larga. Si te ven frágil, fuiste. Yo la primera vez que me peleé en mi vida tenía 27 años, fue acá.
–¿Por qué te peleaste?
N.T: –Por un par de cordones (ríe y baja la vista). Me habían tomado de pancha. Y ahí me enojé porque los cordones de mis zapatillas no eran los comunes, yo quería mis cordones. Y se los veo a una piba, y encima era una bestia así, gorda, grandota, y no me importó. La cagué a trompadas, no me preguntes de dónde saqué fuerzas (Traverso es petisa y menuda), pero me devolvió mis cordones. Ya me habían sacado un montón de cosas y me había callado por miedo, porque tenía un cagazo bárbaro. Vivía llorando y todo me asustaba. Encima tus mismas compañeras te dicen: “Cuidado con esto, no hagas esto porque te va a pasar esto”. Ahora el penal es carcelandia porque no pasan las cosas que pasaban.
–O te acostumbraste...
N.T: No me acostumbré, me adapté, yo a esta vida no me voy a acostumbrar nunca. A mi ingreso fue cuando le sacaron el ojo a la señora. En el ‘96... Yo no quería bañarme, no quería hacer nada. Estaba en mi cama sentada todo el día. Después, cuando vi que había parejas, me dijeron: “No vayas a mirar porque te cagan a palos”. Y yo no me arreglaba, no me pintaba porque las parejas se ponían celosas. A mí me costó.
–¿Qué pasa con el pudor acá adentro?
N.T.: Acá tenemos baños individuales, las duchas también, no es todo junto. Nooo, ¡me muero! Cuando hay requisa y nos quieren requisar en el baño a todas juntas, hago un quilombo. ¡No!
En el Instituto Correccional de Mujeres (Unidad 3) abundan las paredes de colores ocre y blanco despintados, y la humedad. Fue inaugurado en el año ‘78 para dar lugar a las presidiarias que ocupaban la vieja cárcel de 1890, que estaba en Humberto Primo y Defensa. Técnicamente es una cárcel de mediana seguridad. Aunque hay internas de peligrosidad, la mayoría están por mulas: transporte para comercialización de drogas. Son 515, en un penal con capacidad para 350. La diferencia numérica se subsana poniendo más internas en los pabellones comunes; donde debería haber 30, hay 40.
Traverso tiene 33 años y tres hijos. Cumple una condena de 19 años por ser instigadora de homicidio triplemente calificado en ocasión de robo: el de su ex marido y padre de sus dos hijos más grandes. Los dos chicos están con su ex suegra y no los ve desde que está en la cárcel. El más chico, que tenía 4 meses en ese momento, está con su madre. Con él nunca perdió contacto.
Mariana F. tiene 38 años y un hijo de 14. Fue condenada a 15 años por ser autora intelectual de homicidio en ocasión de robo. Ella cuenta que al comprar un restaurante se vio envuelta en un ambiente mafioso: “Yo empecé a ver a esta gente que la veía en las películas, nada más. Y todos eran amigos míos, y yo me sentía Pepa la Pistolera. Jamás en mi vida había visto la droga, ahí conocí todo”, dice.
–¿Qué les pasó cuando les dieron la sentencia?
N.T: Yo sabía lo que había hecho y sabía que iba a quedar condenada. Entonces te ponés a pensar que tenés que caminar mucho tiempo acá y te armás una coraza corte a-mí-no-me-toqués-porque-yo-voy-a-saltar.
M.F: No, no, no me acuerdo, porque reaccioné un año después, acá adentro. El jurado dijo que yo había reaccionado de una manera muy fría, que había sido insensible. Y yo no estaba ahí, yo estaba pensando cómo iba a hacer para explicarle a mi hijo que lo iba a abandonar por 15 años porque iba a estar presa. Cuando entré acá, pensé: “Me voy a morir”. A mí el juez me mandó a un tubo 2 meses. Yo ya hacía rato que estaba quebrada. No me había repuesto todavía. Pensé que había situaciones de la niñez que había resuelto, y no. Mi padre era violador y torturador. Yo estaba atada a mi familia por lo que nos había pasado.
El tubo es un cuarto diminuto, con una puerta de metal y un buzoncito en el medio –por donde se pasa la comida– como única abertura. En el tubo no hay colchón. Traverso lo conoce muy bien. “La última vez estuve dosdías, porque yo lo pedí. Porque hubo una requisa en el pabellón y yo tenía una olla grande, de una señora que había sido rancho mío, y la guardé en mi placard. Cuando hicieron la requisa, la llevaron a mi compañera diciendo que esa olla la habían robado de la cocina y que estaba en la celda de ella. Yo me hice cargo y dije que la olla estaba en mi celda. Gracias a eso perdí la conducta. Yo estaba re-podrida de que usaran la olla y la dejaran sucia. La guardé así, me la pedían y me la tenían que devolver limpia”, explica.
Ahora está tranquila porque se quiere ir. Ya aprendió que no sirve de mucho pelear contra quienes definen si su conducta merece un 5 o un 8. Le faltan 10 meses para lo que ellas llaman la transitoria: etapa de la condena en que le permiten salir cada 15 días. Pero para eso necesita una buena conducta que todavía no le dan. De 5/5 tiene que subir a 9/7. Para subir la nota pidió hacer trabajos voluntarios, como pintar la cárcel.
Mariana F. ya pintó los paredones del penal varias veces, lo mismo hizo con las rejas; cortó el pasto, limpió. Pero ahora quiere construir afuera. Cuando salga, se va a ir a vivir con su hijo a San Isidro. “Vamos a vivir los dos solos, nos tenemos que conocer. El es un adolescente, yo soy una mujer de casi 40 años. El primer año no voy a trabajar, me van a mantener mi ex marido, mis amigos. Además, no lo veo coherente, en una situación como la que hoy está viviendo el país, salir desesperada de acá a buscar trabajo cuando la gente de afuera no lo consigue. Yo a esta libertad la estoy preparando desde hace años, entonces no me pierdo información, no me pierdo lectura de diarios... hubo que estudiar computación, hubo que hacer la facultad, hago talleres, doy clases de tango, hago canto coral, hago apicultura, lo aprendí acá. Aproveché estos 10 años. Llega un momento que empezás a buscar lugares diferentes dentro de este lugar, para no sentirte tan preso”, dice.
Hace 17 meses que F. puede salir cada 15 días, por 24 horas una vez, y por 48 la siguiente. En esas salidas empezó a disfrutar de que nuevamente la llamaran por su nombre. Adentro, lo había perdido. Adentro son la Traverso y la F.
M.F.: Ahora conocí la autopista, cuando yo vine esto era todo villa, los shoppings... el otro día metí el boleto del tren, me pegó un tirón y pequé un grito.
N.T.: Ah, de eso me entero ahora –dice Traverso.
M.F.: Y descubrí las monedas en el colectivo. Yo hoy, que estoy saliendo a la calle, voy a Carrefour, por ejemplo, y me paro en la puerta, esperando que la celadora me la abra porque hace diez años que llego a una puerta y me quedo parada. Si no me dan permiso, no paso. O estoy en casa y digo: “Yo pongo la pava y vos apagá la luz de la celda”.
Traverso trabaja 12 horas por día en la panadería del penal. Gana 12 pesos por mes. Con una parte compra sus cigarrillos. El resto va al fondo de condenadas. En estos días pidió permiso al juez para retirar la mitad de los 400 pesos que logró acumular en estos seis años, para comprarle a su hijo un regalo de cumpleaños. Recién ahora el nene está tomando conciencia de que ella es su madre. Y le expliqué que éste es un penal, que fui presa. Y él me preguntó qué había hecho, si maté o robé. Y yo le expliqué que había matado... no le expliqué todo como fue, no sabe que el que murió es el papá de los hermanitos”, cuenta.
En el 2007, Traverso tendría la libertad condicional. Ya sabe qué va a hacer: “Yo lo único que pienso es en recuperar a mis hijos, después otra cosa no me interesa. Si esta pregunta me la hubieses hecho un año atrás, tenía mucho resentimiento, tenía mucha bronca con mis amigas porque declararon en mi contra, con mucha gente, porque se dijeron muchas cosasque no eran. Hoy no me interesa nada de nadie. Yo, lo que hice, lo pagué, lo estoy pagando. Ahora T. y F. posan para las fotos detrás de una reja. Se ríen. Se ponen serias. Se acomoda una adelante, la otra atrás. Agarran las rejas, las sacuden. F está radiante.
¡Acá arriba, unas fotos! –gritan, detrás de otras rejas, las presas que no pudieron ver el espectáculo. F. y T. siguen en la suya. Alguna celadora, de borcegos y pantalón bien relleno, pregunta cuánto falta para que dejemos libre ese pasillo. Las maestras apuran la sesión de fotos porque hay que cerrar el pasillo para que salga la visita y continuar con la rutina del penal.

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