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Viernes, 23 de abril de 2010

MUESTRAS

El elefante y la paloma

Una exposición de fotos que da cuenta de la historia mexicana con la pasión entre Frida y Rivera como telón de fondo.

 Por Dolores Curia

Las dos Fridas fue encontrado entre las pertenencias de Kahlo post mortem. Hoy es uno de sus cuadros más populares. Lo pintó tras su divorcio en el ’39. El lienzo, imponente, muestra una Frida desdoblada: la que porta el traje de tehuana, vestimenta típica mexicana, la que amó a Diego. Se presenta de pecho expuesto pero con corazón entero y sostiene en su mano un retrato en miniatura de Rivera. La otra, que aparece vestida a la europea insinuando parte de sus raíces –su padre era alemán y su madre mestiza–, es la que lo ha olvidado y se la ve con el corazón abierto. Las dos, que son la misma, están unidas por una vena (a punto de ser amputada por la tijera que lleva en su mano la Frida despechada) por donde circula la sangre que comparten. Al igual que las Fridas de la tela, a Diego y la Frida de carne y hueso también los unió un lazo orgánico: desde un principio, él creyó en el talento de la mexicana y ella fue la mejor crítica de su marido. Transitaron dos bodas, un divorcio, turbulencias varias y más de una aventura (hasta una que incluyó a la hermana de la pintora). En Complicidades se intenta dar cuenta cronológicamente de algunos de los hitos compartidos por la pareja. La muestra fotográfica delinea, en 36 planos, una historia compartida a lo largo de 25 años entre la artista y su sapo príncipe –a veces más príncipe, otras más sapo–.

Las fotos –algunas de las cuales son obra de artistas de renombre como Lucienne Bloch, o Louise Reley– pasan revista a los hechos más importantes de la historia del país latinoamericano en la primera mitad del siglo XX. Las primeras imágenes son las de la revolución mexicana de 1910, primer gran acontecimiento que los liga sin que lo sepan. Frida se jactaba de haber nacido con ella (cuando en realidad había llegado al mundo tres años antes) y es en esa fecha que Rivera realiza la primera exposición en su país. Sin embargo, el encuentro crucial data de 1922. Frida ingresa a la Escuela Nacional Preparatoria de Ciudad de México, que empezaba por ese entonces a admitir mujeres. Mientras Diego, que ya era un conocido pintor, daba vida en sus muros a La creación. Fue después de este cruce fortuito y del accidente que sufrió en 1926 –que la tuvo postrada durante meses– que Frida se aventura por los caminos del arte.

Después de unos años, las vidas de Kahlo y Rivera vuelven a hilvanarse al ritmo de los hechos políticos que sacuden la patria. Ambos, miembros del Partido Comunista, participan de los eventos obligados, como la marcha del 1 de mayo, y asumen la defensa del cubano Julio Antonio Mella, exiliado en tierra de mariachis.

Más adelante, se los ve campantes firmando las actas matrimoniales, él con 43 y ella con 22. Al enlace –que fue en 1929, el mismo año en el que Rivera fue expulsado del Partido– lo llegaron a llamar “unión entre un elefante y una paloma”, en franca alusión al tamaño desigual de los contrayentes. En 1933, tras el famoso incidente en el Rockefeller Center, marido y mujer redactan juntos una carta de protesta por la demolición del mural en el que Rivera había estado trabajando. Obra en la que no se le ocurrió mejor idea que estampar la figura de Lenin en el corazón mismo del capitalismo: el lobby del complejo comercial construido por el dueño de la Standard Oil.

1938 fue un año clave. Frida tuvo su primera exposición individual en Nueva York, ocasión que aprovechó para descansar de la relación, que venía tocando fondo. Las críticas de sus obras fueron diversas, hasta un periodista llegó a decir que su pintura era “más bien obstétrica”, probablemente aludiendo a los trabajos que Kahlo pintó después de sufrir tres abortos. Su estadía en la Gran Manzana fue muy fructífera. En esos meses engendró muchos de sus cuadros más célebres. La gira de Frida por el Primer Mundo continuó en París. Allí Breton le festejó, de inmediato, sus creaciones, pero ella encontró al genio surrealista arrogante, aburrido y demasiado teórico, en definitiva, igual al resto de los intelectuales parisinos que no hacían más que “perder el tiempo cotilleando en los cafés”, como alguna vez declaró sobre los artistas de moda. A partir de estas andanzas, su figura tomó vuelo internacional hasta fue tapa de Vogue.

El recorrido incluye también imágenes de León Trotsky, asesinado en 1941, quien supo ser el amante bolche de la pintora. Al final de la sala puede verse la última imagen que le fue tomada a la artista en vida. Fue en 1953 durante la tan ansiada exposición individual en su México natal, una multitud se acercó a saludarla. El deterioro físico no le impidió mostrarse vitalísima. A pesar de haber llegado en ambulancia y de haber permanecido todo el evento en silla de ruedas, Frida contó chistes, bebió y cantó la tarde entera.

Complicidades podrá verse hasta el 2 de mayo en el Centro Cultural Recoleta, Junín 1930.

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