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Viernes, 19 de noviembre de 2010

Risas nuestras

Aunque el mito de que las mujeres no son tan buenas comediantes como los hombres sobrevuela todavía las conversaciones y la grilla de la televisión, las boleterías dicen otra cosa. A toda una lista de actrices que se destacaron por hacer historia en el sentido del humor nacional, se le suman cada vez más jóvenes dispuestas a desternillarse de los estereotipos, las inercias y las condenas de su género.

 Por Natali Schejtman

Una vez, hace unos tres años, el pensador estadounidense Christopher Hitchens se preguntó, en la revista Vanity Fair: “¿Por qué las mujeres no son graciosas?”. La lectura del artículo puede generar momentos de ira pero también de reflexión sobre el origen de algunas diferencias. La cuestión es que este hombre marcó una firma reconocida para algo que todavía podemos escuchar en la boca de otros y otras. O sea que mientras el cruce de los géneros (el femenino y la comedia) es un asunto que gana espacio y público, todavía se puede escuchar que la mujer no es dada para el humor, que no sabe contar chistes, que el ridículo, que la exposición, que el remate. De dónde habrá salido semejante conclusión es probablemente cuestión de imaginar otros prejuicios que adelantan el cartel de “prohibido pasar” a lugares o “virtudes” habitualmente masculinos; también, una definición estancada de qué es lo femenino y qué es lo masculino. Lo cierto es que la inmersión de las mujeres en el humor es un hecho que viene dando muy buenos exponentes, en el mundo y en Argentina, pero sigue siendo mínima frente a los varones que manejan la industria del espectáculo en general y la de la comedia en particular.

elizabeth vernaci

Tal vez la asimetría cuantitativa y su consecuente ubicación en un lugar “menor” tenga rebotes en el tipo de humor: sus temas, tonos y estilos. Eso es relativamente fácil de constatar: asistiendo a una de las patas más ascendentes que forman parte de la gran bolsa del humor femenino, las mujeres en el Stand Up, vemos que algunos temas se repiten, con variantes y remates diferentes: desde los hombres, hasta los defectos físicos o las publicidades de Activia y su mundo de eufemismos. La irrupción de los brebajes laxativos no es lo único que comparten las mujeres graciosas: también dicotomías, exposición y un constante aumento de cohorte en un país que –hay que decirlo– tiene exponentes cómicos femeninos desde los inicios mismos de su industria del espectáculo.

MUJERES DE PIE: MALENA PICHOT Y MALENA GUINZBURG

claudia fontan

Si nos centramos en el Stand Up, Malena Pichot es bastante jugada respecto de lo femenino. Muchos la deben haber conocido como La loca de mierda, una chica que empezó a subir sus videos caseros a YouTube, surgidos desde el despecho por un novio que la había abandonado. Venganza, puteadas, masturbación, alcohol, depresión, malestar, cumpleaños con otras mujeres, cenas de parejas..., todo eso forma parte del repertorio de esta chica sola, a veces acompañada por amigas, que fue un furor y cuyas producciones pasan, muy cómodamente, los 150.000 clicks. Malena llegó al humor casi sin pasar por las clases de teatro. Y de YouTube aterrizó en su propio show de Stand Up que también es un éxito. Los temas de su monólogo van desde una gastada hilarante a Alessandra Rampolla (lee partes de su libro con los colmillos) a la caca, la imagen de las mujeres que emerge de la publicidad y uno de sus temas favoritos: la menstruación. La crítica empieza por un pedido humilde, chiquito, mínimo: “¡¡Que digan la palabra menstruación!!”, se desespera Malena, igual que en el escenario: “Yo tengo una fijación con las publicidades de toallitas desde los 12 años. Porque una vez vi una publicidad en el show del Clío que estaba buena. Que era una chica que estaba como en una escena del crimen, llena de sangre, se escuchaba la policía y la chica sacaba una toallita y limpiaba y la sangre desaparecía. Es como que yo ahí hice un clic y dije ‘ah, se pueden hacer cosas buenas’.” Un video suyo más o menos reciente fue creado después de haber visto la última campaña viral de Days, en la que Julieta Pink, muy perspicaz y nada tonta coconductora del programa radial Metro y Medio con Sebastián Wainraich, entrevista a distintas mujeres “reales” sobre temas “femeninos”. La respuesta de Malena se llamó “Boludas que menstrúan” y fue desopilante: “Yo hago humor desde la bronca. Cuando vi el blog de Days no lo podía creer. Cómo ‘¿para vos qué significa la menstruación?’ ¡No significa nada! Es una función del cuerpo. ¿Qué significa cagar? Nada. Comés, la comida se digiere y sale caca. No es arte. No es analizable”. A sus 28 años y con una verba segura, puteadora y nutrida, ya de chica era la que trataba de tener el comentario gracioso. La pegada de esos videos subidos sin expectativas la sorprendió por completo. Ella tiene bastante analizado el tema de las mujeres en el humor, después de unos dos años viendo la escena y la bambalina: “Por ahí un pibe a los 13 está viendo una película de Peter Sellers y una mina está viendo una comedia romántica. A la mujer se la estimula para ser atractiva y cuidar un hijo. No se la estimula para ser pícara y atrevida”. Pero además, repara en que, por ejemplo en su show, ella habla de caca, pedos, sangre, etcétera: “No cualquier mina quiere que un tipo la escuche diciendo eso. La mujer para ser graciosa y para hacer humor tiene que perder la vanidad de la belleza. Obvio que a mí me preocupa que se me caigan las tetas y me preocupa si estoy gorda o si me sale un grano. Para ser graciosa te tenés que animar a que un tipo se ría en vez de quererte coger. Y no todas las minas quieren eso, hay muchas minas que prefieren que se las quieran coger. Yo quiero las dos cosas. Pero no me preocupa tanto si me quieren coger, me preocupa si se ríen”.

sarah silvermann

Otra Malena anda dando vueltas por los escenarios del género, que en su versión mixta experimenta un crecimiento exponencial en la ciudad. Se trata de Guinzburg (“la hija de Jorge”, como ella aclara desde un comienzo en su monólogo, para rematar con un “...Formento”). El epicentro de su presentación tiene mucho de esto de ser linda o graciosa, una dicotomía netamente cultural que pesa tanto como los supuestos kilos de más que muchas de estas chicas de la nueva camada de comediantes pregonan. Guinzburg observa que los temas clásicos del género Stand Up de mujeres y hombres, al tiempo que ambos amplían su horizonte de intereses, se van acercando: “Por ejemplo, quizás antes la mujer hablaba de los hijos, pero ahora hay varios hombres que lo hacen. Lo que cambia es la visión”. Malena estudia teatro desde los 15 años y construyó su monólogo a partir de anécdotas y características suyas que la ubican más bien en el lugar de perdedora: “Fue súper natural. A partir de un curso que hice, me puse a escribir, a ver qué me pasaba y me salió naturalmente escribir sobre eso. Esto es lo que me pasa, ahora para que sea gracioso, hay obviamente exageración. Por otro lado yo creo que hace 8 años no lo podría haber hecho, porque si es algo que te hace mal y lo tenés demasiado presente... Si estoy divina, re flaca, pasando un momento físico genial, bueno, hay partes de mi monólogo que voy a tener que cambiar”. ¿Pero entonces este protagonismo se convierte en una autoburla pública? Tampoco para tanto: “Uno potencia esas cosas: si tenés una cara medio rara, a la hora de hacer humor, lo vas a caricaturizar, lo vas a usar. En el Stand Up lo que te opaca en la vida te hace brillar en el escenario”. Buen punto. Ella empezó trabajando con Diego Reinhold, un actor, cantante y bailarín ultratalentoso, y después se rodeó de actores cercanos a Cómico, la obra de Stand Up que hoy tiene a Wainraich (con quien trabaja en radio), Dan Breitman, Peto Menahem y Martín Rocco como protagonistas. Malena insiste, como lo hace en su espectáculo, en que en la mujer “ser graciosa” no garpa en conquistas: “El humor en la mujer te hace una amiga copada, pero es muy difícil pasar a algo más. Existe el prejuicio de que la linda no se ocupa de otra cosa que de su belleza y entonces es una pelotuda. Y muchas minas que no son muy agraciadas tienen que encontrar otra cosa que les sirva para enfrentar la vida. De todas maneras me parece que eso está cambiando”.

ANTE EL HUMOR DE LOS DEMAS: NUESTRAS PETUNIAS

violeta naon y muriel santa ana

Estamos en condiciones de armar una lista de las mujeres graciosas de nuestra historia en función de estas dicotomías. Y respecto de las actrices de comedia, podemos destacar a unas cuantas, desde Gladys Florimonte hasta Juana Molina, afeadas o despegadas de un rol de seducción justamente porque eran comediantes. Y parece que no pasa sólo en Argentina. En un artículo de Vanity Fair de 2008 titulado: “¿Quién dijo que las mujeres no son graciosas?”, Alessandra Stanley concluye: “Antes, la mujer no era graciosa. Después, ellas no podían ser graciosas si eran lindas. Ahora, una mujer comediante tiene que ser linda –incluso sexy– para conseguir risas”.

La comedia argentina tiene actrices de resonancia que van desde Olinda Bozán, sin duda Niní Marshall –también guionista–, Haydée Padilla o Edda Díaz, una de las pioneras del Café Concert, que escribe sus espectáculos y no duda en el presente, pasado y potencial del humor hecho por mujeres: “Las mujeres hemos tenido un gran espejo que es la madre. Por eso hay tanto travestismo en el humor. Porque las graciosas somos nosotras. Exageradas, ridículas, cursis, divinas. De una situación hacemos una situacionaza. La mujer es atrevida, el hombre teme más”. Y menciona dos casos: el del Negro Fontova como Sonia Braguetti y el de Antonio Gasalla, ahora como madre de familia en Más respeto que soy tu madre. Díaz, además, destaca a varias de sus colegas, entre ellas Haydée Padilla, Liliana Pecora, Noralih Gago o Valeria Kamenet, protagonizando la obra Nadie plancha como yo, escrita por Ana Von Rebeur. Las actrices son muchas. Una de las imprescindibles es Karina K, que ahora coprotagoniza con Julio Chávez Sweeney Todd, donde interpreta a una panadera delirante y antropófaga. Desopilante en todo lo que hace, en los ‘90 Karina creó, bajo la dirección de Tino Tinto, el espectáculo Antidivas, en el que interpretaba a distintas mujeres de distintos países. Eso, entre muchas otras cosas, fue forjando un personaje –el de Karina K– virtuoso al máximo y multidisciplinario entre la danza, el canto y la actuación. La tradición local tiene además a las Gambas al Ajillo como uno de los grupos más reconocidos en este asunto: sus protagonistas –Verónica Llinás, María José Gabin, Alejandra Flechner y Laura Market– y sus espectáculos fueron revolucionarios para la época.

malena guinzburg

En la actualidad, otras chicas cruzan el teatro con la música y el humor. Se trata de Ciertas Petunias, un grupo de música compuesto por cinco actrices, cantantes y compositoras que inevitablemente, aunque no como una cosa propuesta, cruzan temáticas de género en su repertorio, y se burlan con rima de casi todo. Entre esos temas que no pueden dejar de lado, está el de los esfuerzos absurdos que tiene que hacer la mujer para llegar a los ideales de belleza impuestos. Por ejemplo, una canción sobre la dieta especial para llegar al ideal, escrita por Jorge Maronna y Daniel Samper (la mayoría de los temas son de las chicas). Se llama “Los minerales y tu salud” y con ritmo de calipso dice así: “Te hace más alto ingerir estaño / Paladear cobalto aumenta tu tamaño./ Te pone más recio consumir potasio / Un tris de magnesio reemplaza el gimnasio, / Forja el raciocinio morder manganeso / Chupar aluminio te despierta el seso”. “Nos reímos de las dietas y las terapias alternativas, entre otras cosas. El humor es un buen lugar de crítica. Es un buen lugar para evacuar angustias y miedos”, dice Jéssica Bacher, una de las Petunias. La mayoría de ellas participaba en un coro y, cuando se cruzaron las cinco, se dieron cuenta de que compartían gustos y códigos, y se pusieron a componer. Las chicas pasaron por el clown (y se nota) y por una formación transversal para llegar a este lugar. Jéssica menciona que en ellas el humor va muy de la mano de una preocupación estética, diríamos, indeclinable: “Nosotras le damos muchísima bola a lo que se ve, a que el vestuario exalte la belleza de cada una, nos gusta mostrarnos lo más bellas que podamos”, cuenta, y agrega que los vestuarios (coloridos y llamativos) están creados a disposición de las virtudes de sus cuerpos. El clown, de hecho, es otro de los subgéneros en donde las mujeres participan cada vez con más asiduidad y prestigio. Una de las payasas que expresan esta realidad es Violeta Naón, autora y protagonista de Siento por ella. Ella cuenta que empezó en el humor con un acto iniciático que la marcó: a los 12 años, tenía que representar a un cowboy varón y se hizo pis encima en el escenario de los nervios. Si en una película esta escena podría significar un trauma de por vida, para ella escuchar a la gente riéndose a carcajadas fue fascinante: “El humor nace en el imprevisto, en general tiene que ver con algo que te desencaja”. Su ingreso al clown fue como un complemento de su formación como actriz. Si tiene que establecer diferencias con los varones payasos, menciona que ellos cuentan con una tradición, y que ésta está más bien relacionada a lo físico o a la proeza, aunque eso está cambiando: “Las mujeres en sí tenemos una manera de hacer clown que es particular, en el sentido de que no hay demasiada referencia de payasas. Quizá se ven más temas relacionados con la maternidad, el trabajo, la autoestima. Las minas son más de fantasear, imaginarse cosas. Creo que ahora el clown hombre está cambiando mucho. Un poco por el ingreso de las mujeres, se ve que trabajan más con lo emocional”. Ah, y ante la pregunta sobre el prejuicio de que las mujeres no son graciosas, Naón agrega: “Cuando yo estoy en escena la gente se ríe mucho. Los hombres y las mujeres”.

RISA POR CABLE: ELIZABETH STAMATINA FEY

tyna fey

Si hacemos foco en la televisión local de ahora, hay ejemplos de mujeres cómicas que se despegan del estigma de ser de reparto o afeadas. Uno de ellos es Carla Peterson, gran actriz de comedia que de a poco fue subrayando una imagen súper provocativa. Griselda Siciliani, también cantante y bailarina y una de las protagonistas de Para vestir santos junto con Gabriela Toscano y Celeste Cid, sigue esos pasos. En sus últimos roles, Florencia Peña mostró personajes exagerados y desfachatados que le sentaron muy bien y, a su modo, el mismo camino tomó Natalia Oreiro, que en Sos mi vida, así como en la película Miss Tacuarembó, se metió de lleno a hacer reír. Y hay más: Maju Lozano es actriz y fue guionista del programa Medios locos (con Mex Urtizberea y Adolfo Castelo). Empezó a llamar la atención con su personaje de Casquito Flojo en el programa de radio de Gonzalo Bonadeo y ahora es pareja de Lalo Mir todas las mañanas. La radio es un lugar en donde las humoristas pueden lucirse, y tal cosa sucede en el caso de Natalia Carulias, una gran actriz cómica y monologuista que acompaña a Ronnie Arias en el programa Sarasa.

Los referentes existen a nivel mundial y en el parnaso de las graciosas un nombre se eleva por sobre otros: es el de Tina Fey.

Elizabeth Stamatina Fey es una actriz, productora, guionista y comediante estadounidense a la que tal vez muchos recuerden como la mejor imitadora de la candidata republicana y conservadora Sarah Palin. Es, además, una de las estrellas de Saturday Night Live y la creadora y protagonista de 30 Rock, una serie que cuenta el detrás de la escena de la producción de un programa de entretenimientos, donde ella es Liz Lemon, directora de guionistas. Definitivamente, una rara avis en un mundo, el de la comedia, habitualmente motorizado por varones. ¿Pero quién es la hilarante Liz Lemon? Una mujer graciosa envuelta en decepciones amorosas por doquier, a la que los hombres confunden con lesbiana, opacada por minones de la TV y a menudo hundida en un plato caliente que emana el cartel de “angustia oral”. Pero no sólo eso. También es un peso pesado y cuenta con un humor corrosivo y de una precisión cortada con tijera. Este personaje es el que viene despertando el análisis y la desilusión de feministas norteamericanas que, como la mayoría, habían caído rendidas ante el carisma glorioso de la actriz y escritora. Mientras que algunas destacan cómo Lemon se planta como la única mujer inteligente en un medio hueco (y hasta hay quienes, despectivamente, hablan de una especie de pseudo feminismo "lemonista"), otras observan, despechadadas, que en lugar de elegir a la actriz Rachel Dratch, su cómica compañera en Saturday Night Live, optó por Jane Krakowski, una rubia tetona (muy buena actriz de comedia, hay que decir), que se puso en el cuerpo de una conductora celebrity y tontuela del programa que ella escribe. Además, hay quienes dicen que patetiza a las mujeres solteras. Las críticas feministas saltaron sobre la yugular de Fey justo después de que ella interpretara a una serie de personajes en Saturday Night Live, entre ellos, a una maestra de escuela cachonda frente al prepúber Justin Bieber (cantante pop canadiense de 16 años) y la protagonista de un comercial de brownies para solteras que se podían moldear como el marido ideal. Luego de recopilar todas estas críticas, Rebecca Traiter, la autora del artículo que analiza las repercusiones negativas para salon.com, concluye atinadamente: “Tina Fey es una comediante profesional. No es una feminista profesional”.

Otra de las estrellas internacionales de la comedia es Sarah Silverman, una actriz joven que destaca por su mordacidad y su humor extremo: ella puede hablar de vender el Vaticano para resolver el hambre mundial, del Holocausto “explicado” a una sobrinita, o hacer un número musical dedicado a su novio en el que dice que se está acostando con Matt Damon, acompañada, precisamente, por un Matt Damon que canta y lo ratifica. Sarah es irritante e hipnótica, y sigue la tradición de comediantes americanas que tienen exponentes variados, como la genial Jane Lynch (ahora en Glee) o Jeneane Garofalo.

En la citada nota de Vanity Fair que un poco le respondía a la otra de Hitchens, la ilustración consistía en una foto de Tina Fey, Kristen Wiig y Maya Rudolph lookeadas con todo. O sea, lindas y graciosas. La cuestión es que el artículo relevaba varias muestras de sexismo y también de tolerancia frente a estos temas, como el comentario público de Jerry Lewis (en la parte de sexismo), que dijo que no le gustaba ninguna comediante mujer. En ese artículo, se le consultó a la escritora y directora Nora Ephron, autora de la obra Amor, dolor y qué me pongo (ahora en cartel en Buenos Aires) por qué había tantas nuevas mujeres haciendo reír. Y ella respondió de manera muy simple: “Acá está la respuesta a cualquier pregunta: el cable. Hay tantas horas que llenar, y ya se agotaron los hombres, entonces allí estaban las mujeres”. También para chequear en el cable, es más que recomendable la serie que puso nuevamente en el tapete a Julia Louis-Dreyfus: The New Adventures Of Old Christine, donde quien fuera Elaine en Seinfield se convierte en una divorciada madre de un nene que debe lidiar con las viscicitudes de la soltería, de un ex marido-amigo, de la mirada acusadora de las madres de familia tipo y de la suya propia, todo en paso de comedia locuaz.

RISA TODO TERRENO: DALIA GUTMANN

dalia gutmann

Volviendo a casita, hay que decir que si bien contamos con muy buenas actrices de comedia, los programas de humor en TV no abundan ni tampoco hay a la vista una Ellen DeGeneres comandando un show nocturno. Tampoco existe un show nocturno como el suyo, ni pareciera haber mucho lugar para que descuelle una sucesora de Juana Molina. Una excepción fue Infómanas, aquel magazine más que simpático a cargo de Eilzabeth Vernaci (un referente en la cuestión) y Claudia Fontán. Por otro lado, Anita Martínez puede hacer buenas imitaciones, al igual que Florimonte –que fue Alicia Kirchner y Zulma Lobato en lo de Tinelli–, pero la concepción de humor de estos días tiene más que ver con el cruce de la ficción con la realidad o con personajes de/con los que reírse. El “reality” como género omnipresente hace que salgan otras graciosas, que no necesariamente son actrices ni preparan monólogos pero que hacen reír en medio del baile, peleándose con alguien u opinando, como Amalia Granata.

Sin embargo, el programa AM, por ejemplo, es rescatado por más de uno por sus rasgos relajados y disparatados. Su conductora principal es otro personaje extraño para nuestra descolorida TV: Verónica Lozano. Bocasucia, rápida, bella y casada con el Corcho Rodríguez (el ex de Susana Giménez), tiene todo para ser única. Justamente es en AM donde empezó a trabajar este año otra comediante, Dalia Gutmann, locutora del programa que participa en diversos sketchs, sola o con Lozano. También, tiene su show semanal en el teatro (Socios con Guillermo Selci). En la tevé diaria se la ve suelta y se nota que dice lo que se le canta. Por otro lado, afirma que se siente bastante segura en el rol de mujer normal que ocupa en el programa, y a partir de eso, si el conductor del programa se lo pide, se deja comparar el culo con una vedette que parece photoshopeada en vivo o no le molesta si alguien le pide que muestre cuán sucio tiene el pie: “Tomé la decisión de ser humorista. Cuando te asumís como humorista hay cosas que te importan menos. Trato de estar presentable, pero no tipo objeto sexual. A mí me interesa mucho ser normal”, dice. En su monólogo en el teatro, muy sagaz y sensato, habla de su condición de madre, de qué le pasa cuando le dicen un piropo por la calle y de diferencias entre mujeres y hombres. Por ejemplo, cómo los varones y las mujeres se paran frente a los y las strippers. A ellas, comenta, les da más bien lástima la cuestión: “¡Estudiá una carrera corta!”, quisiera aconsejarles. Dalia llegó al humor en los primeros años de la década, después de una importante confusión vocacional que la llevó a estudiar distintas carreras antes de anotarse en locución y, una vez locutora, a trabajar como movilera, trabajo en el que ella se sentía infeliz por los temas que le tocaba afrontar. Pero ahora encontró un lugar que le gusta, y su personaje tiene algo de mujer realizada, consciente de sus inseguridades y preocupaciones, pero ciertamente satisfecha. Dalia, que no se imagina tanto actuando un personaje diseñado por otro, cuenta que tiene un cuaderno donde va anotando cosas que se le ocurren o escucha en la mesa de al lado de un bar: “Para el humor es muy importante no ser controlador. Hay situaciones que te superan cuando estás haciendo un show y hay que soltarse y aceptar”, y si tiene que esbozar diferencias entre varones y mujeres humoristas (palabrita que termina con a…) dice: “Yo creo que al hombre le gusta ir más al grano. A la mujer nos gusta más que nos cuenten el cuentito. Por eso a la mujer en general la saca de quicio el chiste. A la mujer le gusta más transitar, lo narrativo. El hombre es más concreto para el humor”.

¿Existe entonces un humor femenino, una forma femenina de hacer humor, temas femeninos o al menos una risa femenina? Todo eso y en un estado de desarrollo con mucho potencial. Ahora bien, que eso pase a ser lo más normal y que nuestra televisión, para ir al formato más masivo, se pueble de mujeres sagaces de gracias contar.... Bueno, eso por ahora sí que es un buen chiste.


Ciertas Petunias presentan Flor de viaje el 25 de noviembre en el ND Ateneo, Paraguay 918.

Dalia Gutmann y Guillermo Selci son Socios todos los viernes de noviembre en el Paseo La Plaza, Corrientes 1660.

Malena Pichot y Ezequiel Campa darán su show Ellos el 4 de diciembre en el ND/Ateneo.

Malena Guinzburg se presenta todos los jueves con Fernando Sanjiao y Pablo Fábregas en C.C. Konex, Sarmiento 3131.

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Florencia Peña
 
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