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Viernes, 10 de diciembre de 2010

MUESTRAS

Materia viva

Eleonora Margiotta hizo de su propia experiencia la tierra fértil sobre la que cultivó su obra: desde el dolor de la primera depilación hasta la resignificación de la calvicie que le ocasionó la quimioterapia, convertida en fotos de moda, más mucho de la materia de sus sueños, en una muestra homenaje en la que sus obras son capaces de mirar a quien las ve.

 Por Dolores Curia

En las vísperas de su cumpleaños, la galería Ernesto Catena exhibe una selección de obras de la artista Eleonora Margiotta, que en 2009 falleció de cáncer de mama. La muestra enmarca la presentación de un libro póstumo, recientemente editado, con una antología de sus trabajos más significativos: Eleonora Margiotta. Entre el cielo y la tierra. Lo recaudado en la subasta de las obras, que tuvo lugar el 30 de noviembre, en simultáneo con la inauguración, será destinado a la Fundación Angel H. Roffo, dedicada a la lucha contra el cáncer.

Eleonora nos mira desde sus fotos, desde las huellas de sus ojos que han quedado en las imágenes. Está presente gracias a sus tomas en primera persona, en el encuadre subjetivo, en la mirada personal, en la producción obsesiva y amorosa con la que cuidaba todos y cada uno de los detalles de color, de luz y de textura. Tan personal era el trabajo que llegaba hasta infiltrar en él su propio inconsciente. Hacía interactuar sus sueños con sus fotos. Manipulaba su vida personal como tierra fértil para la imagen. Partía de sus experiencias, de sus miedos y los volvía material para la creación. El mismísimo Picasso la visitó en un sueño (relata en un video) y lo sumó a sus obras. Y hasta se atrevió a plasmar en fotos (¡de moda!) las consecuencias de la quimioterapia. De ahí, las modelos semicalvas con trajes futuristas.

No tuvo pelos en la lente a la hora de elegir los temas. No obstante, el pelo sí la apesadumbraba. En una entrevista recuerda su primera depilación como una de las experiencias más pavorosas, que la seguiría largo tiempo. El trauma incluyó posteriores sueños en los que el vello se deslizaba como gusanos por sus pantorrillas. Entonces, hizo catarsis fotográfica: estetizó la cera y el ritual depilatorio, pegajoso y con toda su agresividad mundana. Embarazadas, modelos y hasta su abuela octogenaria desfilaron por la camilla del dolor para ser fotografiadas.

En otra de las tantas series, “Pesebres escolares”, recrea el paraíso perdido de la infancia a partir de un criollismo teatral, toda una puesta en escena autóctona con colores resonantes y una cuota justa de surrealismo. En ella explota la tensión entre la foto de moda, los homenajes a las obras del siglo XIX de Prilidiano Pueyrredón y los retratos familiares de la pintura finisecular. Ahí aparecen: niños acartonados con mirada adulta como en “Niña rioplatense” (2009), una minidama antigua que sostiene tiesa una peineta sobre un fondo submarino como en “Quédate conmigo” (2009) o futuros próceres en germen como “Dalmasio Flores” (2009). También hay juguetes con los que se divierten los niños viejos o los viejos que deben haber sido niños alguna vez, juguetes frágiles (con los que no se puede jugar mucho) sobre un empapelado del color del tiempo pasado. Y no faltan las naturalezas muertas que evocan un Goya argentinizado, gratos exponentes de un tenebrismo nacional.

Eleonora fue creativa plurifacética: fotógrafa, escenógrafa, artista plástica y directora de arte. Además de su paso por la pintura junto a Ariel Mlynarzewicz, Tulio de Sagastizábal y Nahuel Vecino, se formó con el fotógrafo Aldo Bressi y el arquitecto Gastón Breyer. Desde 1996, estuvo al frente de la imagen de Ona Saez e impulsó muchas de las atípicas campañas de la firma que fusionaban marketing más diseño más compromiso eco-amigo más mensajes con destellos políticos. Fue, además, fotógrafa-faro de la emblemática revista Catalogue, la Santa Biblia de la Moda, y trascendió, entre otras cosas, por hacer foco en la delgada línea que, en muchos casos, divide la foto publicitaria del arte.

La muestra-homenaje a Eleonora Margiotta se podrá visitar hasta el 14 de diciembre de martes a sábado de 13 a 19.30 en Ernesto Catena Fotografía Contemporánea (Honduras 4882, 1er Piso).

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