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Viernes, 11 de febrero de 2011

Relajación temprana

Los spa para niñas, que prometen relax, sesiones de belleza, lectura de revistas y dietas saludables para chicas de entre 3 y 16 años comenzaron a aparecer tímidamente hace pocos años en el país y ahora han extendido su oferta a los festejos de cumpleaños y servicios especiales, exclusivos para chicas. El pedido conjunto de turno para madre e hija en la peluquería y la sesión de belleza hacen dudar de que algún día las mujeres podamos zafar de esa presión por estar más jóvenes que nunca, más lindas que nadie, presentables más que presentes.

 Por Liliana Viola

Justina ya no hace tantos castillos en la arena: tiene siete años, pasó a tercero. Sí junta caracoles, se mete en el mar, corre por las carpas con sus dos nuevas amigas de enero, hace pulseras para vender entre los casi conocidos de todos los veranos, se anota en varias actividades que el parador de la playa preparó para ella y para “relax” de sus padres. Justina y la gente de su edad son un blanco fácil para los comerciantes veraniegos: un señor pasa gritando “Pancho, pancho, pancho” y ante la indiferencia del grupo agrega “¡He dicho pancho, carajo!”. Las chicos se ríen de la combinación de impotencia y prepotencia del vendedor, dos efectos residuales de las leyes del mercado que ahora acaba de aggiornar el antiguo aullido de venta “lloren chicos lloren”. Los chicos están habituados a recibir ofertas bajo el sol: helados, churros, obras de teatro, barriletes, por eso, contra lo que se podría pensar, no piden tanto. Pero Justina se sorprende cuando recibe un folleto que dice: “Spa para niñas de 6 a 12 años. Vení a festejar tu cumpleaños con tus amigas o a pasar una tarde de Spa”. El papelito presenta nenas aun más chicas que ella envueltas en una toalla blanca, con un turbante, crema en la cara, leyendo revistas del corazón con las piernas cruzadas se supone que a la espera de algún tratamiento, ojos con rodajas de pepinos, se supone que para borrar el stress que provoca ser niña o los años transcurridos desde la estadía en el útero. El texto promete “Una tarde de relax después de un día de playa”. Una sensación de que todo acontecimiento, incluso el más feliz, nos desequilibra, recorre este folleto y la propuesta en general de ir a refugiarse en un sitio donde nos masajeen, donde nos purifiquen de nuestras propias sensaciones. ¿Qué debe olvidar el cuerpo de una niña de una estadía en el mar? Adultos y niños entendidos como objetos vulnerables a cada situación pero con el recurso en la manga (y el mango) de adquirir reparadores, paréntesis en la vida real, un ritmo aletargado en contraste con el apuro de estar a la altura del mercado, las circunstancias, y bien pago, por supuesto.

La palabra “stress” definitivamente le ha dado un mazazo a la palabra cansancio mientras la palabra “relajación” encubre toda una batería de atención personalizada, contratación de servicios y profesionalización de la belleza. La buena salud, que desde hace un buen rato viene asociada a estatus y a estética, se hace presente con unas vitrinas llenas de botellitas de agua y la oferta de una “dieta saludable” para las que opten por pasarse un día entero acá.

Justina, como muchas personas a los 7 años, quisiera tener más edad, ser más alta, pintarse las uñas, usar tacos. Juega con sus amigas a la mamá, a la peluquería, esas cosas. Las niñas siempre han estado fascinadas por los rituales de lo que se supone es la feminidad. Y los niños también, vamos, antes de que se los reubique observan a sus madres interesados en las dotes mágicas de los pintalabios y otros afeites.

Aún así con un aire de desconfianza Justina les lleva el folleto a sus padres, no quiere ir. “Creo que todavía esto no es para mí, yo tengo bien la piel.” ¿No es para ella? Algunos spa infantiles que funcionan en nuestro país reciben niñas de 3 años en un paquete armado especialmente y que ya tiene un común denominador, “Spa baby”, con ligeras modificaciones de orden y ortografía según el barrio. La belleza de salón en su versión infantas cuenta con una terminología propia. Un pequeño lenguaje que combina segmentos de cuentos de hada, camarín de estrella pop y argot cosmetológico. “Konsentidas”, “Y Romeo?”, “Pequeñas divas”, “Little Princess spa”, “Princesas”, “Chicas stars”, “Oh Penélope”, “Sólo chicas”, no son nombres paródicos sino los títulos elegidos por las empresas que se encargan de organizar eventos y cumpleaños con spa para chicas para atraer a sus clientas y que pueden encontrarse en www.cumplevirtual.com.ar. Allí hay propuestas como la que sigue donde el código spa aparece en toda su extensión: “Imaginate darle a tu fiesta un clima de bienestar y relax mientras expertas realizan en vos y tus invitadas tratamientos de belleza faciales con mascarillas de frutas o chocolate, manicuría con decoración de uñas, belleza de pies, masajes, maquillajes y una mini clase de ejercicios de relajación con música suave y exquisitos aromas. Te vestimos con batas mullidas, vinchas, pantuflas y un espejo”.

Al diablo el cuidado de dejar en situación de vulnerabilidad a las niñas aquí “relajadas” ante una serie de manipulaciones del cuerpo y alma. Y al diablo también con esa nueva obsesión por proteger de gérmenes y bacterias al grupo familiar que tanto estimulan las publicidades de trapitos y pomos limpiadores de todas las superficies.

Las maquilladoras profesionales, las peluqueras, las cosmetólogas al servicio de la belleza de unas niñas pequeñas no se equiparan ni siquiera a aquellas viejas animadoras de cumpleaños, representan la irrupción de una preocupación nueva en la cabeza de las futuras mujeres: esto no es simplemente divertido, como todos los juegos, sino que es necesario. Rosalind Wiseman, pedagoga norteamericana reconocida internacionalmente por sus trabajos con niños, adolescentes y padres, y autora del best seller Queen Bees and Wannabes opinaba en relación al boom de spa para niñas que se desató en Estados Unidos hace apenas 5 años: “Una cosa es tenerlos en casa jugando con esmalte de uñas y brillitos en el marco de lo doméstico y familiar. Otra cosa es cuando esto mismo sucede en otro contexto, porque entonces estás sacando el juego de lado y creando un consumidor, sobre todo estás corriendo el riesgo de crear una persona más de las que piensan que no sirven para nada, que son menos, que no están bien si no tienen tal producto, si no asisten a estas sesiones”.

Es que jugar a pintarse las uñas no es lo mismo que jugar a las mujeres al borde de un ataque de nervios intentando ocultar la edad, los rasgos, lo que no queda bien. ¿Alguien mandaría a sus hijos a jugar a la familia disfuncional? Así como el juego de la mamá y el papá tiene sus reglas en la intimidad del cuarto infantil, bien podría hacerse cargo una empresa de juegos de la versión más realista y promover parques de diversiones con juegos de familias en crisis donde los niños disfrutaran con peleas, separaciones, reproches y traiciones varias.

Porque esto no es un juego: “hay un modo profesional y único de ser bella, saludable y siempre se puede ser más joven”. Que es lo mismo que decir exactamente todo lo contrario.

¿Cuánto durará la desconfianza de Justina en esta invitación? Lo cierto es que cuando en marzo vuelva al colegio es muy posible que una amiga la invite a un “cumpleaños spa”. Desde el año 2008, cuando aparecieron los primeros en Buenos Aires, la oferta se ha multiplicado y ya en la web se puede encontrar lugares no sólo en Mar del Plata o ciudad de Buenos Aires sino en Córdoba, Rosario y varias plazas del conurbano. Y entonces es muy posible que este año, como en la playa, al oído de Justina resuene aquel folleto diciéndole esta vez: “Spa, spa, spa”. “¡He dicho spa, carajo!”

HISTORIA DEL RELAX

En los primeros años de este siglo, ciudades precursoras como Miami, Nueva York y Londres despuntaron con la oferta. También despuntaron en trabajos sociológicos sobre el asunto, en gritos de espanto y voces de justificación. Según algunas madres, no es cierto que estos juegos hagan crecer a las niñas de golpe, en todo caso les muestra un modo apropiado y serio de colocarse cosas en la cara que de hecho se colocan sin el menor estilo ni cuidado. Esta especie de educación en el hábito de “cuidarse” y esculpirse liberará también a las jóvenes de ese prurito de sentir que quien te “hace” las manos, los pies y te lava el pelo es una suerte de esclava moderna obligada, por no mucha plata, a lidiar con tus cutículas y cabellos resecos. El spa, en este sentido, cumpliría un rol educativo de conciencia de clase en una sola pasada.

Ante la figura de una madre espantada o dudosa de contratar el servicio de cumpleaños con spa para chicas, en varias agencias de la Ciudad de Buenos Aires se han escuchado especialmente para esta nota respuestas consoladoras: “No te preocupes que está re de moda”, dice la animadora del spa Lucrecia Nos. “Yo tampoco estoy muy de acuerdo pero si no lo tengo en la lista de ofertas hoy me fundo”, dice la coordinadora del spa de Caballito Casita Encantada.

Luego de los gritos en el cielo, advertencias de expertos y defensa de madres excitadas con pedir doble turno en los salones de belleza, el negocio siguió su curso ascendente. Es que se trata de un invalorable nicho de mercado que empieza muy joven y queda cautivo durante años, mientras haya cremas que prometan disimular algo. Si primero fueron las grandes ciudades como Londres, a los pocos años los tradicionales centros de belleza de toda Gran Bretaña comenzaron a ofrecer tratamientos especiales para chicas desde los 5 años. Según estudios de las mismas empresas, la depilación de cejas comienza alrededor de los 13 años y crece también la demanda de peeling. Ante las demandas crecientes de limpieza de cutis antes de los 12 años, las managers de comunicación consultadas en Londres coinciden en que no pueden aformar que sea algo recomendable para la piel ya que se trata de personas en crecimiento. “Pero no podemos negarnos a la demanda, hemos visto un crecimiento del 11 por ciento en el número de niñas de menos de 12 años cuyas madres están dispuestas a pagar alrededor de 70 libras (500 pesos) para entrar juntas al “chill-out” de una sesión de spa”.

Uno de los hoteles más prestigiosos de Escocia, Gleneagles Spa, fue el primero en ofrecer asistencia a sus clientas denominadas desde entonces “Little Miss”. Cuando comenzó, en 2003, se vendieron 40 tratamientos pre-teen, a los dos años el promedio era de 250 trabajos de manicuría y maquillaje para chicas menores de 16.

Una pícara idea de las compañías cosméticas para penetrar en el ADN femenino y normalizar el consumo que contó y cuenta, hay que decirlo, con una buena ayuda de las madres. Las señoras asfixiadas por su propia belleza y juventud treintañera en descenso son las que convirtieron esta idea un boom. El target comenzó siendo limitado a las clases muy pudientes y urbanas pero pronto, como acá en Argentina, se fue adecuando a las posibilidades económicas de las clases medias. No se contará en lo que respecta a organización de cumpleaños spa con los productos de primer nivel ni con las profesionales de los mejores spas del mundo, pero el hábito, que incluye borrar toda señal de madurez, incluida aquí la tendencia a la depilación del pubis desde edades muy tempranas, se verá satisfecho.

“Es una broma, pero a veces digo que estoy por escribir un libro que se llame ‘¿Dónde ha ido a parar el vello púbico?’”, decía el doctor Janice Hillman de Penn Health System, especialista en medicina para adolescentes. “Es muy raro encontrar hoy en día niñas de 10 o 12 años y más que hayan conservado el vello púbico, la depilación es una moda que empieza muy temprano. Y el vello es un signo importante del comienzo de la pubertad, necesito chequear cuánto hay, dónde crece. He debido incluir la pregunta sobre si se depilan, ya que la mayoría lo hace.”

QUE LOS CUMPLAS, INFELIZ, QUE LOS CUMPLAS, QUE LOS CUMPLAS

Desde hace unos buenos años los cumpleaños infantiles se han convertido en un problema a tercerizar. Con el objetivo de no ensuciar la casa y liberar a las madres del difícil arte de entretener, nacieron los peloteros que convertidos en ejercicio avejentado y rutinario dieron paso a otros cumpleaños aventura: en el zoológico, en una sala de videojuegos, en una canchita de fútbol.

Con pequeñas variantes los animadores ofrecen más o menos lo mismo. La de Ambar, propone: “A partir de los 5, dos horas y media de fiesta a domicilio con un promedio de 14 nenas y dos personas animadoras. Primero se realiza peluquería. Se les hace el peinado que quieran: trenzas cosidas, jopos altos con spray, todo como si fuera una pelu tradicional. Se le ponen siempre accesorios, a saber: hebillitas, flores, tules, mariposas, cintas. Luego es la hora del make up. La animadora le pintan las uñas del color que quieran (tradicionales, nada loco) durante 15 minutos. Hacen una filita y se van turnando. La cumpleañera siempre primera en todo. El maquillaje que quieran, un corazón en el cachete, rubor, muchas nenas piden maquillarse como Bailando por un sueño, con brillitos”.

En Little Princess Spa ofrecen batitas y pantuflas, ambientan tu casa con tules, flores, velas, pétalos, todo muy blanco y la recepción de las niñas incluye jugos frutales. También ofrecen catering temático para acompañar: cupecakes decorados, muffins, trufas, cookies y copones de cereales.

Comienza la sesión de spa en el piso, colchonetas con almohaditas donde las niñas son acostadas para hacer la relajación con pepinos descongestivos en los ojos. Luego se hace la belleza de pies, con pediluvios con agua y espuma que consiste en cortarle las uñas. Luego, les secan los pies y les ponen crema para proceder al pintado del color que ellas elijan (lo que más piden es negro, aclara la animadora). Después se hacen las uñas de las manos. Luego, sección peinado. Si son menos de 12 niñas se hacen la planchita. Más de 12 no da el tiempo. Luego viene el maquillaje social que es tranquilo, nada de artístico ni dibujos.

¡Con lo que cuesta dejar de pensar en la belleza, la delgadez, la juventud, la figura apropiada! Con lo que cuesta desprenderse de tantos tics que se saben impuestos, y mucho más ahora que que se ha democratizado el hábito de emprolijarse (una forma de la belleza) con la multiplicación de las cadenas de peluquerías baratas (promedio una cada tres cuadras), resulta cada vez más culposo “dejarse estar”. Imponer este culto desde antes de que la preocupación asome, parece un retroceso virulento a tanta tarea vana por la concientización y la libertad. Una nada vieja feminista decía los otros días, a propósito de este tema, que estaría dispuesta a donar todos los libros de teoría e historia del feminismo que ha leído en su vida, incluyendo todo lo que ha escrito, si alguien le asegurara que a cambio podría librarse de ese malestar que le provocan unos pliegues de más cerca de la axila, un rollo cerca de las caderas y una incipiente papada. Por un poco más que el precio de los libros, le respondo, hay centros de belleza integral que prometen hacer algo con eso... Pero ella contesta con la misma impotencia y la misma prepotencia de aquel vendedor de panchos en la playa: ¡He dicho malestar, malestar, malestar, carajo!

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Imagen: Juana Ghersa
 
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