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Viernes, 5 de agosto de 2011

DIEZ PREGUNTAS A LETICIA MAZUR*

Desarticulada

 Por Laura Rosso

¿Cuál es el primer recuerdo que tenés de vos misma bailando?

–De chica empecé haciendo gimnasia deportiva en el Club Hebraica. Tengo el recuerdo de estar cenando con mi familia y saltar de la silla para mostrarles lo que había aprendido ese día y que me dijeran “volvé a la mesa hija, estamos comiendo” y yo responderles “¡es que el cuerpo me lo pide!”

¿Qué te estimula transmitir a quienes te ven bailar?

–Ay, qué difícil de explicar... algo de lo humano del cuerpo. Pienso en lo que yo siento mientras bailo y busco una proyección de eso, que no quede en mí, cómo hacer que mi cuerpo transmita lo que está viviendo. Para eso en principio me tengo que ocupar de vivirlo, que suceda. La danza es algo muy primario, cuerpo tenemos todos. Pienso también en generar en quien mira algo físico, propio del lenguaje corporal, provocar sensaciones desde y hacia el cuerpo.

¿Cuál es tu límite a la hora de exigirle al cuerpo para lograr un movimiento?

–El límite lo pone el cuerpo, yo trato de respetar eso, cuidarme. Pero en mi forma de bailar siempre tuve algo medio sacada de extremar las articulaciones, la velocidad. Si me paso trato de encontrar la manera de generar lo que quiero sin lastimarme y eso lleva trabajo y tiempo de conocer tu propio cuerpo.

¿Pros y contras de la danza clásica y de la contemporánea?

–Nunca fui una gran bailarina de ballet, de hecho jamás hice puntas. El ballet es maravilloso porque lo que genera es tan alejado de lo normal que se vuelve mágico. Pero creo que mi cuerpo nunca fluyó demasiado en esa técnica, aunque practiqué muchísimo. Siempre evité entregarme demasiado a una técnica en particular por miedo a que mis movimientos quedaran esclavos de esa forma de bailar. El contemporáneo es algo muy amplio. Algunas trabajan una organicidad muy sana, pueden generar mucho placer, darle al cuerpo una mezcla de fuerza, flexibilidad y conciencia que viene muy bien. Creo que una de sus contras es la creencia de que no es necesario tanto rigor. Yo creo que un bailarín debe tener rigor.

¿Bailarinas/es inspiradoras?

–Muchos. Michael Jackson. Flasheo viendo breakers en YouTube, sobre todo los que no se parecen a nada. Cuando la vi a Florencia Vecino en Maneríes me volví loca. Verla bailar a Diana Szeimblum me cambió la vida. Hay una bailarina holandesa de Rosas que se llama Cynthia Loemij que me cautivó siempre.

Como maestra, ¿qué te interesa transmitir a tus alumnos/as en cuanto a las posibilidades que ofrece el cuerpo?

–Que se pongan en contacto con su propio infinito.

¿Cuánto hay de técnica y cuánto de improvisación hoy en tus espectáculos?

–La improvisación también es técnica. Yo confío mucho en la improvisación porque creo que hay un lenguaje propio que sólo se puede descubrir improvisando. La relación de cada uno con su cuerpo, con sus particularidades. Me interesa especialmente un lenguaje en el que se mezcle mucha precisión, para lo que se requiere técnica, junto con lo indefinible, para lo que es fundamental la improvisación y la investigación personal, que no se pueda leer una técnica en particular.

¿Momentos de creación coreográfica que no olvides?

–Secreto y Malibú es un hito en mi historia. Nunca sentí tanta conexión con una bailarina como con Inés Rampoldi, quien hoy es mi maestra de yoga y gran amiga. Bailábamos un unísono en silencio total. ¡Qué placer! El proceso creativo de Watt fue un lujo. Improvisábamos horas y horas sin parar. Creo que Watt fue eso, el proceso más que la obra. Dirigiendo Ilusión, que fue mi primera experiencia como directora, había ensayos en los que lloraba de emoción al ver cómo se iba armando la cosa. Y ahora ensayando sola, para mi sorpresa, disfruto mucho. Creí que no me la iba a bancar pero estoy feliz, descubriendo una libertad nueva.

¿Por dónde se desplaza tu búsqueda estética cuando buscás nuevos movimientos?

–No sé si lo pienso en términos estéticos. Creo que las decisiones que tomo son muy intuitivas. Lo que sí trato es de llegar a un punto en el que eso que sucede no podría ser de ninguna otra manera, volver a un movimiento imprescindible.

¿Qué significa para vos bailar?

–Partes de mí se unen cuando bailo. El pensamiento y la conciencia se vuelven físicos y eso me genera una liberación muy grande, hay algo de sacrificio y alivio, todo junto.

* Es bailarina, actriz, coreógrafa y docente. Estudió en la Escuela Armar Danza Teatro y se perfeccionó en Nueva York y en Bruselas. Es cocreadora e intérprete de Secreto y Malibú, Guarania Mía, Random, Ouroboro. Trabajó con el grupo De la Guarda en el espectáculo Villa Villa y con El Descueve en Patito Feo. Ahora baila en Random, Centro Cultural de la Cooperación, Av. Corrientes 1543. Jueves a las 21.

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