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Viernes, 5 de agosto de 2011

PRIMERA PERSONA

Divina diva fatal

Después de vivir ocho meses en Israel, Divina Gloria volvió a Buenos Aires para protagonizar la pieza Zeide Shike y cantar con su grupo Karavanah. Su carrera, los ’80 y el redescubrimiento del judaísmo.

 Por Guadalupe Treibel

En los ’80, cuando sus batidos peleaban en altura con las Viuda e Hijas de Roque Enroll, no sólo conoció la fama mainstream con los sabrosos sketches de Alberto Olmedo; también se hizo de nombre propio con Los peinados Yoli en una escena under reverdeciente con figurones de la talla de Batato Barea, Tino Tinto, Peter Pirello o Doris Night. “Fue el paralelo a la Movida Madrileña de Almodóvar y tantos otros; un momento histórico que hizo al arte de un país”, recuerda hoy la mujer que, por aquel entonces, recibió el apelativo de “la Madonna argentina”.

Es que, a la actuación y lo performático, Divina Gloria le sumó un disco –el primero de varios– donde supo interpretar el sonido pop de una época sintética. Producido por Cachorro López, el LP se llamó Desnudita es mejor, fue nombrado revelación del año (1986) por Luca Prodan en alguna radio local y depositó hits instantáneos como “1000 km de amor” y “Soy Divina” en la rocola nacional. “No estaba muy consciente de lo que estaba pasando. Incluso llegó a sonar en Chile, Perú y México, súper bien rankeado, y cuando me llamaron para hacer una gira internacional, dije que no porque se me superponía con las grabaciones de la tele ¡Qué tonta!”, cuenta la otrora Gloria Hansfuers, rebautizada más de dos décadas atrás para el under.

El tema homónimo al disco, afirma DG, fue el primer rap argentino. Y ella lo recuerda con cariño. “Voy a hacer una versión en hebreo. Es que en Medio Oriente hace tanto calor...”, piensa en voz alta la petit blonda –que no supera el metro 50–, mientras toma sorbos de agua mineral, vestida en un total y sobrio negro.

Recién llegada de Israel –donde vivió los últimos ocho meses y adonde planea regresar para abrir una productora que convoque a artistas argentinos en Tel Aviv como “El Negro Lavié o Palito Ortega, que la romperían” y formar parte de una compañía teatral idish–, Divina también actúa y canta en Zeide Shike, un musical en Velma Café pensado por Diego Lichtensztein como homenaje a su abuelo, donde él y DG recorren ecléctico repertorio (canciones judías, tangos, zambas y otros etcéteras) para contar una historia personal.

¿Fue difícil tomar la decisión de volver? Hace un tiempo comentaste que te solía generar cierta angustia regresar a Buenos Aires...

–Volver con una propuesta como Zeide Shike, que me emociona tanto, deprime menos. Además, veo que mis amigos laburan, que hay cosas copadas en tele y muchísimo teatro para ver y me da ilusión. Me tranquiliza un poco. De todas formas, Leny, mi hijo de 11 años, está un poco paranoico con la inseguridad en Buenos Aires. Aunque parezca increíble en Israel los chicos se manejan con más libertad e independencia.

Siempre mencionás su nacimiento como un momento clave en tu vida, que habilitó el redescubrimiento del judaísmo. ¿Fue así?

–A partir de su presencia fundamental, todo cambia. Hago el pacto de la circuncisión con Dios y me empiezo a cuestionar muchas cosas. Tenés que ser muy responsable como madre, estar en función de una persona nueva y amarla siempre, gracias y con la ayuda de Dios. De todas formas, el judío ortodoxo no permite que la mujer cante en público; no podría hacer lo que hago si fuera ortodoxa. La religión no es un monstruo que te aplasta. A mí me marca una comodidad que me permite elegir mejor. Igual, hay cosas que me gustan como actriz y todavía no pude hacer...

¿Por ejemplo?

–Personajes oscuros, según la conducta humana y la realidad social.

Venís de una familia vinculada al mundo de las artes: tu papá era administrador de compañías y teatros; tus abuelos, actores ¿A Leny, tu hijo, le interesa el mundillo?

–Tiene una vida musical increíble y es muy histriónico. Lo que más le gusta es lo electrónico, como armar videos con su iPod. Pero todavía es muy chico para saber...

Vos arrancaste a los 5 años como actriz profesional en teatro judío...

–¡Fui una niña explotada desde pequeña! (se ríe). Es que de chica era muy curiosa; tocaba la guitarra, bailaba jazz, aprendía zapateo americano, practicaba batería; picoteaba. Hacía una degustación de las artes. Y me fui a trabajar con mi bobe, una actriz muy querida que se llamaba Bela Ariel y hacía piezas idish, que se veían mucho en Buenos Aires. Así adquirí la responsabilidad de ensayar.

Aunque hayan pasado más de 20 años, muchos te siguen recordando como la “Madonna del subdesarrollo”. ¿Te cansó el apodo?

–Me encanta Madonna, así que me llevo más que bien con la comparación. ¡Ojalá me pareciera un poco más! Siempre hice el chiste de que ella me copiaba a mí, pero me fascina.

¿Volverías a hacer un disco pop?

–No estoy muy pop en este momento y, si fuera por marketing, lo inteligente sería hacer cumbia. Por ahora estoy muy impregnada de Zeide Shike y muy influenciada de Karavanah, que –aunque no sea melancólico– sí viene con un sonido más antiguo. Quizá dentro de poco quiera cambiar pero, por el momento, no siento la necesidad. No me sale del alma otro tipo de canciones. ¤

Zeide Shike se presenta todos los domingos a las 19 en Velma Café, Gorriti 5520. Tel. / Reservas: 4772-4690 - www.velmacafe.com.ar.

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