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Viernes, 19 de agosto de 2011

MUESTRAS

LO QUE SE HEREDA Y SE PLASMA

Una muestra donde confluyen la pintura, una instalación y un film de un grupo de mujeres hijas de desaparecidos. Familias Q’Heridas tematiza desde un legado que es necesario reconstruir y que el arte ayuda a plasmar con dolor pero también con alivio.

 Por Laura Rosso

“En medio de tanta obra doliente diría que hoy la presencia del curador es casi imprescindible”, ironiza Angela Urondo mientras conversa, en un ir y venir entre los cuadros agrupados en el piso, con Jorgelina Molina Planas, Ana Adjiman, María Guiffra y Victoria Grigera. Esos cuadros conforman la muestra Familias Q’Heridas que reúne parte de la obra de estas cinco mujeres, hijas de desaparecidos y desaparecidas por la última dictadura cívico-militar o asesinados por el terrorismo de Estado. Sus historias personales comparten un origen desintegrado. Hoy sus vidas se intersectan desde la práctica artística. Porque en eso hace eje Familias Q’Heridas, en esa historia común atravesada por la tragedia y dolor que fue inyectado en sus vidas, donde se produjo esa herida prolongada. (“O la ruptura de lo inocente”, dispara esta vez Urondo). ¿Dónde está la identidad?, ¿cómo transmitir la memoria?, ¿cómo rearmar el rompecabezas de la propia historia?

Fue Jorgelina Molina Planas quien concibió y organizó esta exhibición. El punto de partida tuvo que ver con poder nombrarse a sí misma con su verdadero nombre. Y eso sucedió justamente cuando pudo cerrar internamente un proceso de búsqueda. Y reconocerse así, como Jorgelina, hija de dos militantes del PRT y del ERP. Con un padre al que fusilaron el 12 de agosto de 1974 y una madre que desaparece el 15 de mayo de 1977 y con quien Jorgelina estaba en el momento en que se la llevaron. Jorgelina fue dada en adopción y pasó a ser Carolina, como la nombró su familia adoptiva. Pero fue la decisión de volver a su nombre de origen en el año 2010 lo que le permitió exponerse en los dos sentidos, como pintora y como quien realmente es. Como ella misma lo expresa, su obra “está centrada en la sustitución de la identidad, la verdad y la mentira, la dualidad, la memoria. Lo auténtico, lo falso. La reversibilidad”.

Recorrer las pinturas, los dibujos y collages –a los que se suma el film Eva y Lola, del cual Grigera es guionista y la música de Ramón Aiub que sonó el miércoles durante la inauguración– implica asomarse a las historias según las vivieron cada una de ellas y presenciar una posible reconstrucción de sus identidades, de sus nombres, de sus historias y memorias. De sus vidas.

Todas coinciden en que reconocer las heridas, juntarse y compartir el trabajo, alivia. Pero no pretenden cerrarlas, son heridas perennes “que se van cicatrizando y abriendo todo el tiempo, y sangran cada tanto, mientras la vida sigue, y una trabaja, crece y se enamora. Pero la herida está y es parte. No es cualquier herida, es una herida donde te sacaron algo muy importante”. Con esas palabras Ana Adjiman da cuenta de cómo lleva la dolorosa y sostenida ausencia y los vacíos que dejaron sus padres y tíos asesinados y desaparecidos en 1976. En homenaje a ellos decidió exponer en esta muestra la serie de pinturas Tarot-Afectos espejados en la que viene trabajando desde hace tres años y con la que intentó acercarse a su historia. Son dieciséis retratos –y algunos autorretratos– en los que están sus padres, sus abuelos, sus amigos y la gran familia que fue construyendo y que como una “red mágica” la sostiene. “La primera pintura que salió de esta serie fue la Justicia que es mi mamá, embarazada de mí y con un arma en la mano. Ella militaba en las FAR y manejaba armas. La mataron en mi casa cuando yo tenía un año y medio. Me apareció muy claramente. Fue esa la imagen, una mezcla de algo consciente e intuitivo a la vez” dice.

La obra de Angela Urondo no tiene una inspiración directa con el terrorismo de Estado ni suele ser éste el tema central de su obra. En esta muestra presenta “trabajos relacionados a la resistencia, la búsqueda y la confirmación de mí misma. En general, desarrollé mi obra en el arte erótico, inquietante y sugerente; no necesariamente dibujo una autobiografía”, cuenta. Angela conoció su verdad a los veinte años. Es hija del poeta Paco Urondo y fue secuestrada durante un operativo policial. Sobrevivió del centro clandestino de detención y tortura D 2 de Mendoza. Luego se decidió una adopción dentro del seno materno de su familia, sin embargo ella siempre pensó que sus padres habían muerto en un accidente de autos. Sufrió una situación de omisión de su historia y de la de su familia paterna hasta que se reencontró con la verdad. “En 1995 asumí que era una persona distinta a la que yo creía y fue como aprenderse de nuevo el nombre.” Familias Q’Heridas la encuentra en un momento “muy especial, de conclusiones y confluencias porque siento que estoy viviendo un capítulo que no esperaba. Durante muchos años trabajamos y resistimos, y este es un momento donde confluye la justicia y la vida. Fui madres dos veces en los últimos tres años y medio. Es un momento de desenlace, distinto e inesperado. No porque no lo hubiésemos soñado sino porque lo esperábamos solo en el plano de los sueños. Es muy componedor. Una cosa es tener una herida sangrando y otra es tener una herida sequita. La posibilidad de acceder a la Justicia y de tener mi propia familia marcan una nueva etapa, feliz. El discurso de los años ‘90 era conciliador, me pedían que me reconciliara con quienes me habían secuestrado y asesinado a mis padres. Y para mí eso era imposible, me daba una ira genuina. Había que resistir el contratiempo de ese contexto. Por eso, el arte siempre fue mi medio de expresión, me servía como herramienta más que el habla. Era como mi mundo privado y paralelo”, explica.

María Giuffra dibuja y pinta desde que tiene memoria. Andaba siempre con sus cuadernos y sus marcadores. Hace unos años encontró uno donde había escrito: “Hoy conocí a Jorgelina-Carolina”. Y pintó su historia en “el cuadro gris”, como ella misma lo llama. “Un díptico que resume en imágenes la historia de Jorgelina Molina Planas: cómo se llevan a su madre mientras Jorgelina, con casi cuatro años, estaba con ella. Su adopción y su hermano adoptivo. Los años de monja en el convento que la refugiaron mientras intentaba reconstruir su historia. Damián, su hermano biológico que tanto la buscó. Y la segunda parte del cuadro, con ella embarazada y llena de colores.” Así como pintó la historia de Jorgelina, María retrató a varios compañeros, hijos e hijas de desaparecidos en la serie Los niños del proceso. María supo desde chiquita que era hija de un desaparecido. Vivió el exilio en Brasil con su madre y volvió al país en 1984. También expone algunos cuadros de la serie Maternidad. Dice: “Las heridas no se cierran. Solo se pueden cerrar con verdad y justicia, pero el dolor no cicatriza. Yo me siento más pintora y dibujante que hija de un desaparecido, el dibujo es lo que me da identidad a mí. Estoy comprometida con la pintura y el dibujo, y sería una hipocresía de mi parte ponerme a dibujar otra cosa teniendo una historia que no es solo mía sino que es de la sociedad entera. Siento que me tengo que hacer cargo porque soy protagonista, más allá de que no lo elegí. El compromiso es siempre a partir de mi historia. Cuando miro al costado las veo a ellas que son mis compañeras y por eso pinto sus historias”. También acompaña la muestra la proyección de la película Eva y Lola (dirigida por Sabrina Farji), basada en la biografía de Victoria Grigera, que escribió el guión. En el film, Victoria se propuso contar la relación de ella (cuyo padre desaparecido fue secuestrado seis meses antes de su nacimiento y llevado a la ESMA) con una amiga que resultó ser hija de desaparecidos y apropiada por un represor de la Escuela de Mecánica de la Armada. “Me convertí en hermana de mi amiga, descubrimos que nos llamábamos igual y estábamos más unidas de lo que podíamos imaginar. Eramos hijas de compañeros que habían compartido cautiverio. Crecí con Mónica, mi mamá, una mujer herida pero llena de vitalidad e ideales que murió hace tres años, antes de empezar el rodaje de la película.”

Jorgelina reafirma la importancia que tuvo el camino artístico para la reconstrucción de su identidad. Y agrega que ese recorrido ayuda a mostrar la idea de continuidad de la fuerza creativa, de la sangre, la genética, la herencia y la vida que continúa en los hijos, hijas, nietos y nietas. “La esperanza de que la vida sigue presente en los que quedamos para rearmar los recuerdos y las memorias de nuestras familias Q’heridas”. ¤

Familias Q’Heridas: proyección del film Eva y Lola, en el microcine del Centro Cultural Recoleta (Junín 1930): sábado 20 y lunes 29 a las 19, hasta el 11 de septiembre.

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