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Viernes, 19 de agosto de 2011

PERFILES > DéBORA FERRANDINI

LA DESMARCADA

 Por Sonia Tessa

Débora Ferrandini está acostumbrada a enfrentar a los periodistas. Lo hizo permanentemente durante la crisis de la Gripe A y, durante los últimos cuatro años, fue fuente de consulta privilegiada sobre temas de salud de Santa Fe. Se sumó a la gestión del socialismo en Rosario en 1993, y formó parte de la construcción del sistema de atención primaria que le valió a la ciudad premios internacionales. Cuando Hermes Binner asumió como gobernador, la convocó como secretaria de Salud, un cargo de gran peso. Nunca le pidieron que militara en el Partido Socialista, o que participara de actividades partidarias. Hace unos meses fue convocada por Carta Abierta por su tarea en el gobierno santafesino. Ferrandini hizo sus aportes y mantuvo una activa participación en el foro de salud de esa asamblea. Nunca ocultó su coincidencia con las políticas sociales del gobierno nacional, al punto que en febrero de este año ponderó el “efecto revolucionario” de la Asignación Universal por Hijo. “Instaló la universalidad, y el hecho de que los chicos deban tener al día el carnet de vacunación para cobrar el beneficio logró que familias enteras de sectores vulnerables se acerquen a los centros de salud”, dijo entonces.

Nunca ocultó sus convicciones, de las que se manifiesta “segura”. En febrero de 2009, dos mujeres jóvenes murieron en un hospital rosarino por abortos clandestinos. Ferrandini afirmó que ese tipo de muertes eran “crímenes socialmente premeditados y que se cobran vidas de personas pobres”. No sólo eso, afirmó que acompañaría “toda iniciativa que permita aumentar la capacidad de decidir de las mujeres, y por lo tanto de preservar su vida”.

Ferrandini es valorada por sus colegas por la capacidad de trabajo y su conocimiento en gestión de salud, pero muchos militantes socialistas se enfurecieron por su cercanía con los equipos técnicos del candidato a gobernador del Frente para la Victoria, Agustín Rossi. Lo consideraron incompatible con su pertenencia al gobierno santafesino. De hecho, Ferrandini asegura que le comunicó a Binner que no iba a acompañar su candidatura presidencial porque se sentía identificada con el proyecto de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner. La semana pasada, pocos días antes de las primarias, el ministro de Salud de Santa Fe, Miguel Angel Cappiello –uno de los hombres más cercanos a Binner–, le pidió la renuncia a ella y al director de Salud Mental, Gustavo Castagno. Después, Cappiello lo desmintió, pero antes el secretario de Información Pública de la provincia, Rubén Galassi, fue claro: “Para ser funcionario político hay que compartir un proyecto”.

Ferrandini no se quedó callada ante el desplazamiento, aunque aclaró que “cualquier funcionario político tiene su renuncia a disposición”. Su versión de los hechos señala que hace varios meses planteó sus diferencias políticas con el gobierno provincial. Pero –relata– el ministro le planteó que se quedara hasta el fin de la gestión, para terminar con el trabajo realizado. Sin embargo, la semana pasada el propio ministro le dijo que la situación política era insostenible y debía irse. Cappiello la acusó de mentir. Ella se enfureció: “Si no renuncié antes en todas las circunstancias en que evalué el impacto de mi posicionamiento político y de mi pensamiento en relación con la gestión fue porque lo hice en el contexto de un colectivo de compañeros que compartimos el trabajo y de conversaciones con el mismo ministro, en el que priorizamos la continuidad de políticas de estado y no poner en riesgo las tareas que estaba llevando adelante, y de ninguna manera tenía ninguna razón para torcer esa decisión en este momento, esto es ampliamente conocido. No fui yo quien tuvo una razón para alejarme del cargo, la iniciativa fue del Ejecutivo”, expresó.

La médica y ex funcionaria volverá a su trabajo en un centro de salud de un barrio rosarino y a las guardias del Hospital Provincial de Rosario, aun cuando su especialización sea en gestión. Cuando era funcionaria del gobierno socialista le endilgaron un matrimonio y un divorcio con el gobernador electo Antonio Bonfatti. “Nunca tuve una historia con Bonfatti. Nos hemos reído juntos muchas veces de ese mail que circuló. Pero parece que una mujer que tiene actuación política sólo puede ser habilitada por un pene”, dijo con sorna el fin de semana pasado, en medio de la vorágine de desmentidas y declaraciones sobre su salida del gobierno. Más tranquila, el martes pasado, planteó que su adhesión al gobierno “nacional y popular” es “compartida por la mayoría de los santafesinos, me vine a enterar el domingo”.

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