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Viernes, 26 de agosto de 2011

MONDO FISHION

La colección Escuela, de Pablo Ramírez

 Por Victoria Lescano

La inspiración en el imaginario escolar; de los jumpers al pelo tirante, las vinchas que ciñen cualquier atisbo de flequillos y los atuendos de la maestra cuasi institutriz están presentes en el diario de la niñez y la adolescencia del diseñador Pablo Ramírez. Cuando aún era un estudiante de moda, año 1994, una pequeña colección inspirada en jumpers de colegio le otorgó un premio Alpargatas Tela y Talento, cuyo premio fue una pasantía en París en la consultora de moda del padre del actual diseñador de Lanvin. Unos años más tarde, en los comienzos de su firma, la colección Casta rescató enaguas y crinolinas de las maestras y monjas del colegio religioso al que asistió, matizadas con trazos góticos.

Pero el jueves 11 de agosto, en la ciudad de Estocolmo y en el contexto de la semana de la moda local (esponsoreada por Mercedes-Benz y donde fue el invitado internacional desde que un año atrás lo seleccionara Scott Schuman, el editor del influyente blog The Sartorialist, precursor en difundir estilos en diversas ciudades del mundo), Ramírez presentó los 38 atuendos de Escuela, su colección de verano 2012.

Lo hizo al ritmo de cánticos a la bandera argentina y un vasto cancionero de las celebraciones escolares, una gigantografía y un mural fotográfico que simulaba una biblioteca y un aula. De un delantal con maxibolsillos que simulan ir atiborrados de tizas y del añejo borrador de madera y paño, devenido chaqueta elegantísma y también vestido, pasando por faldas y blusas de docente casi institutriz y los modos de uso de las colegialas para asistir a clases de música, de historia o de danza, sin omitir su veneración por los vestidos negros. Dice Pablo Ramírez desde sus vacaciones europeas posdesfile, primero en Londres y luego en París, acerca de la colección Escuela: “Empezó a gestarse hace un año cuando el director teatral Alfredo Arias nos invitó a Gonzalo y a mí –se refiere a su pareja y socio Gonzalo Barbadillo– a participar de una lectura y performance de textos de Manuel Puig en Villa Ocampo. Mientras que a Gonzalo le correspondió el rol de una alumna, a mí me tocó interpretar a una maestra muy severa. Y la maestra siguió en 2011 en uno de los ejes de la muestra Patria Petrona –una conjunción de tortas de cerámica ideadas por Arias, de cuadros pintados por Juan Stoppani y de trajes con volumetrías de bizcochuelos en amarillo y verde, los colores de La Boca–. Entre todos esos ejes, acompañando las tortas de cerámica tributo a Doña Petrona, la Mesa Patria tenía a un lado un delantal de maestra a lo Joan Crawford, y al otro, una reversión del delantal guardapolvo con tablitas de la escolta, dos siluetas bien distintas pero complementaria y que habla de mi gusto por los uniformes.” Dictamina Ramírez acerca de su participación en el ciclo: “Quiero destacar la posibilidad que me dio Mercedes-Benz. Argentina para poder viajar y mostrar mi trabajo en pasarelas foráneas, ahora fue Estocolmo pero hace dos años el destino había sido Berlín. La técnica está al servicio de los diseñadores que participan, dos meses antes ya sabés quiénes van a ser los invitados a cada una de las sillas, al instante de terminado el show ya tenés todas las fotos y el video perfecto, porque todo fue impecablemente iluminado. Detalles en apariencia menores pero que son fundamentales para comunicar el trabajo que implica idear y presentar una colección de moda”.

En Estocolmo, la ciudad sueca de la que elogia “la democratización de la estética, porque pareciera que el lujo no existe y que es justo que todos tengan acceso al confort” y donde hizo lazos con multimarcas interesadas en comercializar sus prendas, Pablo volvió a encontrarse con el cazador de estilos Schuman. “Estábamos en el ‘Spegelsalen’, como llaman al Salón de los Espejos del Hotel Berns, un lugar muy tradicional, donde nos alojaron. Todo el Estocolmo Fashion Week se concentró en ese hotel y de allí a una carpa armada en la plaza central de la ciudad, situada apenas a una cuadra. Durante los días previos al show, mientras trabajábamos junto al productor general Peter Anderson, los peinadores, maquilladores y estilistas habían puesto carteles con mi nombre para que las y los modelos pudieran guiarse a la hora de las pruebas. Así fue que Scout siguió los carteles, vino a saludarme y prometió asistir al show. Luego del desfile vino a saludar nuevamente y se refirió muy entusiasmado a la conmoción que produjo en el público la visión de una colección tan femenina, considerando que en Suecia la moda es bastante andrógina. Si bien destacó que era necesario entrenarme en distinto escenarios europeos, me disparó algo que ya me había dicho en Berlín la crítica de modas Susy Menkes: ¿por qué no desfilás tu ropa en París? Y él remató con mucho sentido del humor y analogías con la música: mejor no tocar música country en Nueva York ni llevar el hip hop a Kansas porque hay un lugar adecuado para cada estética”. Rebobinando a las prendas de la colección, Ramírez destaca por la complejidad de su realización dos: las blusas y vestidos cortadas al bies con mangas ranglan, que aunque lucen simples requirieron de muchas pruebas hasta llegar al resultado que buscaba, y los vestidos drapeados con bolsillos que dibujan unas caderas falsas.

Como toda colección tiene su correlato en una campaña gráfica, Escuela tuvo una sesión de moda y estilismo durante julio, plenas vacaciones escolares en un colegio de Buenos Aires, el Instituto Bernasconi, locación elegida por el fotógrafo Gustavo di Mario y la estilista Simona Martínez. “Cuando surgió la colección pensé en las escuelas públicas y en la necesidad de un fotógrafo y una productora que indaguen en un tono localista. Fue un lujo trabajar con ellos y también lo fue la aparición en la campaña de la modelo Fausta Fabris representando a la maestra.”

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