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Viernes, 26 de agosto de 2011

CINE

MUJERERIO

A través de festivales internacionales de largometrajes, de muestras y concursos de cortos, La Mujer y el Cine persevera en sus metas de promover y difundir las películas hechas por mujeres. En la muy próxima edición 2011, se exhibirán 50 cortos que concursan provenientes de países de Iberoamérica y, paralelamente, se podrán ver Elisa K, premiada realización de la catalana Judith Colell, y una selección de 14 films breves firmados por jóvenes de pueblos originarios que toman por primera vez una cámara.

 Por Moira Soto

Una joven y valerosa mujer que ha logrado perder 100 kilos mediante cirugía de reducción de estómago y que luego se ha hecho operaciones reparadoras en brazos y piernas, fotografía sus cicatrices como parte de su historia y su identidad para exponerlas en Cinco batallas; una niña indígena viaja a dedo y luego atraviesa la ciudad a pie para llegar al caserón donde trabaja como empleada doméstica, pero antes hace un alto frente a una escuela a la que asisten chicas de su edad, algo que a ella le está vedado por el momento, es decir, En espera; la estética fascista llevada a su máximo esplendor es analizada certeramente en un breve ensayo: Olympia, la conciencia de Riefenstahl; viejas imágenes documentales del Moyano, antiguos retratos de miradas sufrientes e interpeladoras de pacientes, prendas personales abandonadas, son asociadas poéticamente a desoladoras postales del ex centro clandestino de detención y tortura Club Atlético, en Detrás del muro; la actriz Carolina Tisera, Aún despierta, condensa en su bello rostro toda la angustia de una madre cuya hija de 14 está en el hospital después de un aborto; en Goles y metas, la inquebrantable Mónica Santino y un grupo de chicas jugadoras de fútbol dan cuenta del prejuicio machista imperante en la villa, y del prejuicio hacia villeros y villeras en el otro mundo paralelo... Apenas 6 de los 50 films de España, Portugal, Nicaragua, República Dominicana, Puerto Rico, Colombia, Ecuador, Venezuela, México, Chile y Argentina que participan este año en el Concurso Iberoamericano de Cortos realizados por Mujeres, en la ya tradicional muestra La Mujer y el Cine, que además ofrece otras exhibiciones en esta edición 2011, a 23 años de su fundación. Momento apropiado para hacer un breve repaso de su historia, evolución y permanencia.

“En 1988, desde Mar del Plata, Susana López Merino convocaba a un grupo de mujeres –entre las cuales María Luisa Bemberg, Lita Stantic, Gabriela Massuh, Sara Facio, Marta Bianchi– para que la asesorasen en la realización del que sería el primer festival local de cine realizado por mujeres, a partir de una propuesta de la Cinemateca de esa ciudad”, memora Annamaría Muchnik, integrante de la comisión, a la que se incorpora luego de participar como periodista en la primera edición de La Mujer y el Cine, convocada por Bemberg. “El festival tuvo un comienzo muy exitoso, congregó a mucha gente, hubo invitadas importantes. Se creó toda una movida acá, cuando en el mundo, en ese momento, había muy pocas muestras de este tipo: históricamente, el más instalado era la de Créteuil, en Francia. La Mujer y el Cine fue una avanzada en América Latina.”

¿Cuáles fueron los principales escollos que debieron salvar como organizadoras?

–Las dificultades siempre han ido por el lado de conseguir los apoyos económicos para llevar adelante el festival, siempre saliendo del paso con lo justo. Conseguir espónsores no es tarea fácil ni sencilla, y cuando los conseguís, lo que te dan es un poquito. Aunque este no es un proyecto comercial, se necesita dinero para los gastos de infraestructura. Si bien en general las que estamos en la comisión lo hacemos ad honorem, hacen falta al menos dos personas para que trabajen full time los meses previos, más allá de ciertas tareas que se realizan a través del año, si bien ahora, con Internet, todo se ha simplificado. Pero en los primeros tiempos, estábamos pendientes de las embajadas, de los periódicos de otros países, de las revistas especializadas, incluso si alguna de nosotras viajaba, dedicaba parte de su tiempo a hacer averiguaciones sobre películas hechas por mujeres. Una labor de mucho seguimiento en festivales grandes y pequeños también. Y una vez conocidos los títulos, empezaba la tarea de conseguirlos. Desde luego, siempre el apoyo más seguro provenía de las cineastas comprometidas con temas de género. Así fuimos haciendo durante los primeros años festivales en Mar del Plata, en Buenos aires, varias temporadas formamos parte del Festival Internacional, lo que nos representó un gran soporte del Instituto para el quehacer diario: pedir las películas, traerlas en épocas en que aún no había DVD, hacer todo el tramiteo en la Aduana, trasladar las enormes latas. Todos trabajos que fuimos aprendiendo sobre la marcha. Encontrando un camino con imaginación, sentido práctico, intercambio de ideas, hasta armar un engranaje que nos permitiera hacerlo todo de manera más aceitada.

Algunas integrantes de la primera hora se merecerían un premio a la persistencia...

–Perseveramos mucho, es cierto: creo que éste es uno de los grandes méritos de La Mujer y el Cine como colectivo, haber concretado nuestras metas, haberle dado continuidad. En el recorrido lamentablemente perdimos a María Luisa Bemberg, a Beatriz Villalba Welsh. Algunas se fueron, llegaron nuevas integrantes. Proseguimos desde el comienzo Marta Bianchi y yo, se fueron sumando Graciela Maglie, luego María Victoria Menis, Sabrina Farji, Elena Antonietto, Gabriela Pedrali, Ivonne Fournery... Siempre firmes en el objetivo de sostener un proyecto que nos importaba mucho, con posibilidades de crecer. Vale tener en cuenta que cuando empezamos había muy pocas directoras en nuestro país, prácticamente la única conocida a nivel exterior era María Luisa Bemberg.

No sólo en la Argentina eran contadas las realizadoras, también en otros países eran consideradas todavía una rareza.

–Siempre me acuerdo de lo que nos comentó Margarethe von Trotta, la directora alemana que vino a nuestro primer festival acerca de las dificultades que tuvieron que sobrellevar las nuevas cineastas de ese momento en su país. Pero a pesar de todo, se dio el surgimiento de una serie de directoras sobresalientes como Helma Sanders-Brahms, Helke Sander, Ulrike Ottinger. Afortunadamente, tuvimos la posibilidad de conocerlas a través del Instituto Goethe, porque Gabriela Massuh estaba en la comisión directiva de La Mujer y el Cine. También en ese entonces ya se empezaban a hacer notar las francesas, con Agnès Varda a la cabeza, habiendo hecho películas como Cléo de 5 a 7, Una canta, la otra no. A fines de los ’80, comienzos de los ’90 se da una suerte de eclosión a nivel mundial que, aunque lejos de acercarse a la igualdad, aumentó el magro porcentaje anterior. Hoy se calcula que estamos entre el 19 y el 20 por ciento, de creerles a las estadísticas, con países como Francia, donde el avance de las directoras es considerable. Otro fenómeno del último par de décadas es la aparición de realizadoras con repercusión comercial: Jane Campion, Josiane Balasko, Mira Nair, Kathryn Bigelow, Nora Ephron. Y recordemos que, en su momento, Bemberg obtuvo un enorme suceso con Camila.

¿Cómo evalúas la difusión que han hecho los medios a través de los años del festival?

–El apoyo de la prensa, es relativo. Fue más fuerte cuando estuvimos en Mar del Plata dentro del marco del Festival Internacional de Cine. En todos esos años, como sección, tuvimos funciones a salas llenas y el periodismo registró ese fenómeno. Uno de los cuestionamientos que se ha planteado habitualmente gira en torno de la especificidad de la mirada, el enfoque en la realización cinematográfica. Es el tema recurrente de muchos cronistas cuando hacen notas, entrevistas. Aunque todavía tenemos que justificar la existencia de La Mujer y el Cine, notamos que se ha ido produciendo una apertura mental, una mejor comprensión por parte del periodismo, sobre todo de quienes han viajado a festivales en el exterior, leen materiales teóricos sobre el cine hecho por mujeres.

También hay que contar con que en general el feminismo, per se, localmente tiene mala prensa, tanto desde la ignorancia como desde la mala fe.

–Sobre todo de la ignorancia, diría. Pero respecto concretamente del cine, creo que ese prejuicio se ha ido modificando por la fuerza de los hechos. Es decir, que haya cada vez más y mejores películas hechas por mujeres, que las temáticas de género se vayan difundiendo, que se entienda por ejemplo la gravedad del problema de las distintas violencias. Ahora, la lucha con la mala fe, la tergiversación premeditada, ya es más difícil en todos los campos.

¿Qué hitos marcarías en la historia de La Mujer y el Cine?

–Obviamente, el primero fue su creación, aprendiendo sobre la marcha. Luego el haber traído a directoras valiosas de afuera, algunas de países muy lejanos con cinematografías que acá no se conocían, que llegaban con películas que de otra manera acá no se habrían mostrado, salvo –en algunos lugares– a través de la televisión.

En la edición 2009 hubo mucha presencia de cineastas jóvenes, y lo mismo va a suceder en la muestra de este año.

–Efectivamente, en 2009 hubo jóvenes de todo el país. Sin duda, las escuelas de cine no sólo han contribuido a que aumente el número de directoras sino que, además, al terminar la carrera hay un apoyo para empezar a filmar. Por otra parte, están las mujeres que se lanzan a dirigir después de haber cubierto otros roles técnicos. Y también me parece que vale señalar esta actitud de las mujeres para darse maña, encontrar formas de “arreglárselas” para salir avanti. Hablo de estos recursos que nosotras estamos acostumbradas a usar en el diario vivir: la buena complicidad, la solidaridad, el saber rebuscárselas adaptándose a las situaciones, administrando de otra manera. En el caso de La Mujer y el Cine también hemos demostrado estas cualidades bastante desarrolladas por las mujeres: apechugar frente a las dificultades, buscar otros atajos y así mantener este espacio vivo, la mística intacta, tener la respuesta del público y también de las cineastas participantes, que reconocen y agradecen la existencia del festival. Nos encanta que después de haber recibido algún premio en dinero, las chicas nos cuenten cómo aplicaron esos fondos. Nos ha pasado de exhibir una película con la leyenda “este film fue financiado en parte con el premio ganado en La Mujer y el Cine”. El otro gran aliciente es que mujeres que han presentado sus cortos en nuestra muestra hace años, hoy sean cineastas descollantes: Lucrecia Martel, Paula Hernández, Ana Poliak...

Y este año se podrá apreciar la diversidad de enfoques de América latina, España, Portugal.

–Realmente, nos alegramos de haber abierto el concurso porque se trata de un conjunto de películas que revelan otras maneras de ser y de estar en el mundo, propuestas distintas desde todo punto de vista. Me estoy refiriendo tanto a las relativas a la violencia como a las referidas a mujeres de pueblos originarios. Nos encontramos con verdaderas sorpresas, se nos abrió un panorama muy enriquecedor. No solo nos suma lo que recibimos de Ecuador, México, Colombia, República Dominicana, Nicaragua, España, Portugal sino lo que nos llegó del propio interior de la Argentina, con obras de Mendoza, Bariloche, Tucumán...

Aunque se trata de dos rubros separados ¿se tocan en algunos casos Violencia y Mujeres de Pueblos Originarios?

–En ciertas películas, sí, seguramente porque la violencia de género es un problema universal. Pero también aparecen otros temas: en los cortometrajes de La Cinta Corta –que se ofrece fuera de concurso– se nos presenta a mujeres de los pueblos originarios, alejadas de las ciudades, que mantienen su cultura tradicional y que suelen cubrir roles adjudicados a los hombres en Occidente. Roles que ellas cumplen con toda naturalidad, como ir a buscar agua a varios kilómetros, hacer trabajos con los animales, llevarlos a pastar. Fue una decisión conjunta tematizar esta muestra 2011 para propiciar que los cortos tengan una mirada de género, quisimos provocar la creatividad de las participantes en ese sentido. Nos pareció que la mejor manera era proponer temas específicos, y elegimos los que se presentaban como de indiscutible vigencia: ciertamente, es el momento de hablar de la violencia que está en la información diaria de manera muy dramática. Han pasado recientemente cosas tan tremendas y resonantes, que se caía un poco de maduro. Y no hace falta que subraye la justa revalorización que se está haciendo de los derechos y la cultura de los pueblos originarios, un hecho bastante reciente. Optamos entonces por focalizar en las mujeres de estos pueblos, desde la mirada de las directoras que se interesaran en esta propuesta.

¿Qué condiciones debe reunir un jurado de La Mujer y el Cine?

–Este año queríamos que, aparte de la local, hubiese gente de afuera, por el carácter de iberoamericano de este concurso. Felizmente, la Oficina Cultural de España nos apoyó para traer a una directora de ese país. Hicimos una búsqueda de cineastas que trataran temáticas de género y llegamos a Judith Colell, cuyo largo Elisa K se va a pasar en función especial. De otro país latinoamericano, nos gustó la idea de que participara una actriz, la mexicana Adriana Barraza: ella está ligada a la Argentina por su trabajo, ha fundado una escuela de actores, es guionista, ha producido. Al igual que todos los años, hay en el jurado una integrante de la comisión, en esta oportunidad, Marta Bianchi. Y como siempre, nos interesa que esté presente la mirada de los hombres, su aporte como críticos, teóricos, incluso creando films de género. En este caso, Bruno Stagnaro, que hizo películas para la Dirección de la Mujer, cortos sobre violencia, y que respondió favorablemente en cuanto se lo propusimos. En cuanto a Diego Batlle, creemos que a través de su tarea como crítico ha mostrado una sensibilidad y una apertura apropiadas para estar en este lugar. Por cierto, no es fácil dar con jurados varones idóneos para esta muestra, pero si los buscás, los encontrás. Y creo que cada vez vamos a encontrar más...

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