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Viernes, 7 de octubre de 2011

RESISTENCIAS

Efecto dominó

En el corazón de la provincia de Buenos Aires, la experiencia del teatro comunitario consiguió quebrar cierta lógica de pueblo chico que recluye a las mujeres en sus casas y se convirtió en herramienta para pensar también sobre la violencia de género.

 Por Sonia Jaroslavsky

Emilia de la Iglesia es actriz y comunicadora social. Nació en el pueblo de Sancinena, y a los 28 años ha movilizado no sólo a su pueblo sino a todo un partido. Impulsó el grupo de teatro popular de su pueblo y el grupo de teatro comunitario de González Moreno. Actualmente estos grupos están conformados por 200 vecinos. Desde el año pasado, además, está promoviendo junto a otros directores el armado de grupos en las localidades de América, Fortín Olavarría, Roosevelt y San Mauricio, siempre en la provincia de Buenos Aires. Junto a Laura Scarella, psicóloga que vive en América, cabecera del Partido de Rivadavia, iniciaron –al ver las problemáticas de mujeres que surgían en los grupos de teatro comunitario– una serie de talleres de violencia de género. Hoy están en las vísperas del IX Encuentro Nacional de Teatro Comunitario, organizado por la Red Nacional de Teatro Comunitario y que tiene por sede a los pueblos del Partido de Rivadavia. El mismo será anfitrión de vecinos–actores de todo el país y grupos invitados de Uruguay e Italia para actuar, reflexionar y demostrar que “el arte puede transformar no sólo a una persona sino a pueblos enteros”.

¿Por qué decidiste impulsar grupos de teatro comunitario en Rivadavia?

Emilia de la Iglesia: –Como todos los jóvenes con ciertas posibilidades, me fui de Rivadavia a La Plata a estudiar Comunicación y actuación. Allí se me abrió la cabeza, ya que mi pueblo es muy conservador. En La Plata me metí a trabajar en la Comisión Provincial por la Memoria e hice tareas de secretaria hasta de educación en el Programa Jóvenes y Memoria, y tuve mucho vínculo con el teatro comunitario desde la Comisión. Paralelamente a mis estudios comencé a desarrollar un proyecto para que el teatro vuelva a mi pueblo. No pensaba volver a vivir en el pueblo de Sancinena sino simplemente volver para generar algo de lo que había aprendido en La Plata. Pero me quedé y actualmente están funcionando dos grupos de teatro comunitario e hicimos una obra por el Centenario de Rivadavia en la que participaron vecinos de todos los pueblos. Este es un proceso de trabajo que conllevó repensar y resignificar la conformación identitaria del Partido de Rivadavia (de 6 localidades y 7 parajes rurales) en torno del centenario de su existencia (cumplido en septiembre de 2010). Ahora estamos como anfitriones, pensando en el alojamiento (casa y escuelas de los pueblos) y la comida para recibir con todo el cariño a los vecinos de todo el país. Realmente algo impensado, pero finalmente posible para este lugar.

¿Cuáles son las características de los pueblos de Rivadavia?

E. de la I.: –Es un pueblo conformado por niños o grandes, la generación intermedia no está, se fueron a la ciudad cabecera o a otros lados. Hay una desprotección muy grande a nivel económico, entonces la gente se va; hay orfandad a nivel cultural, no hay caminos buenos, entonces nada llega y todos se van. Todo está hecho para que vos dejes los pueblos chicos. Además es difícil hacer algo en los pueblos porque, sobre todo para las mujeres, está naturalizado que a las diez de la noche tienen que estar en su casa a disposición de su marido y sus hijos. Por eso ensayar a la noche con un grupo de teatro comunitario comenzó a generar pequeños grandes cambios en la cotidianidad del pueblo, y sobre todo en las mujeres. Así fue como propusimos que vengan con las familias, con los hijos, con los maridos, y aunque sea estén presentes cebando un mate y que los chicos anden correteando mientras ensayamos. Lo importante es que las personas que nunca estuvieron vinculadas con una actividad artística de repente están actuando, pensando, expresándose.

Laura Scarella: –Como bien dice Emilia, el Partido de Rivadavia era conservador allá en los ’70, en la época del Proceso; de allí salió una jaula de novillos para apoyar la represión. Son pueblos aislados, bastante fríos y desunidos. Nos cubríamos con el saquito de la indiferencia en muchas circunstancias. Pasó mucha agua bajo el puente metafóricamente y “realmente”: inundaciones que nos flagelaron mal, en el ’86, el ’87 y en 2001. Pero “lo que no mata fortifica”, hubiera dicho Silvia Bleichmar, y esta comunidad en 2001 empezó a despertar.

¿Cuáles son las problemáticas con relación a las mujeres y qué decidieron hacer para solucionarlas?

E. de la I.: –Están sometidas a violencias, como en todo el país: física, psicológica, económica; y como en todos lados, tienen menores ingresos que los varones. También hay chicos abusados o maltratados. Desde el arte destapamos una olla bastante densa y el grupo de teatro (de hombres y mujeres) apoyó la iniciativa de hacer talleres de abuso sexual infantil. Invitamos a Laura Capacete de la UBA e hicimos varias movidas abiertas a la comunidad. Además trabajamos en articulación con la Municipalidad para conseguir presupuesto y traer a estas personas que acompañan con los talleres, y hasta trabajamos con la Comisaría de la Mujer, que se creó el año pasado en América (ciudad cabecera), para hacer un vínculo con las policías en su formación para saber cómo sobrellevar casos específicos.

L. S.: –En 2011 hemos hecho talleres de violencia de género con Emilia, y nos encontramos con sometimiento a violencias de todos los tipos. Todas estas problemáticas están más agudizadas en mujeres que no tienen trabajo y que dependen del dinero que ellos traen. Impedimentos históricos para sentirse con igualdad de derechos para salir, disfrutar, responsabilizarse de la educación de sus hijos, usar el dinero. Además, machismo instalado, lamentablemente, por el discurso de mujeres. Hemos encontrado femicidio, discriminación y angustias por graves enfermedades (el cáncer asuela con frecuencia por estos lares). Nuestras mujeres son trabajadoras: hay un significativo número de educadoras, enfermeras, empleadas de oficina y domésticas. Gran cantidad están en algún Plan Trabajar, como barrenderas, albañilas, además cuidan niños o ancianos. Son mujeres orquesta.

¿Cómo se desarrollan los talleres de violencia de género?

L. S.: –Encaramos el taller con una evolución histórica de cómo ha sido la mujer tratada jurídicamente, según se ha pensado de ella filosóficamente, desde Alberdi –que en 1850 expresaba que “la mujer es niña, nada más entre nosotros; es algo cuando ya no es nada. La dejan los padres y la toma el marido”– hasta el siglo XXI, en que buenas leyes intentan dignificarla y le respetan derechos. La Ley 12.569 de Violencia Familiar en 2000, la Ley 13.074 de 2004. Lo interesante de estos talleres es la soltura que adoptan, el nivel de sinceramiento. Casi todas las mujeres que estamos ahí, y me incluyo, hemos padecido violencia. Estos grupos permiten mirarse en el espejo de las otras y ver que somos muchas mujeres comunes, generalmente envueltas en silencio, negación, vergüenza, soledad y miedo.

E. de la I.: –Trabajamos en pequeños grupos de reflexión con la consigna de hablar sobre lo que las movilice, para luego dramatizar situaciones de violencia de pareja. Se agrupan, debaten y preparan un teatro corto y lo presentan al resto. En un segundo momento, y bajo lineamientos de Pedagogía del oprimido de Paulo Freire, se les pide que cambien el personaje victimizado por otra mujer que se defienda, que usen herramientas para no dejar violentarse por la pareja, amigo, patrón o jefe.

L. S.: –Unas veces logran revertir o acotar la violencia; otras repiten sometimientos... Lo interesante es que aparecen sinceramientos, y la sensación de que se han callado mucho y han perdido por no haber encontrado redes de contención.

E. de la I.: –El teatro logró modificar no sólo a las mujeres y hombres (porque en los talleres de violencia también participan hombres) sino a toda la comunidad en aspectos impensados. Podemos ver indicios de los resultados comunitarios del trabajo realizado en los pueblos en la voluntad de conformar nuevamente una cooperativa agrícola en la localidad de Roosevelt. O escritores locales como Zyta Donamaría, que luego de ver la obra del Centenario ha volcado en cuentos lo que le transmitió la función. O por ejemplo jóvenes de González Moreno, que a partir de una escena de cierres de fábrica del distrito realizan un documental para el Programa Jóvenes y Memoria, y son seleccionados para representar al colegio con su investigación en Chapadmalal y en la ex ESMA, en un Encuentro Nacional de Jóvenes por la Memoria. O, por ejemplo, la decisión de directivos escolares de muchas escuelas de los distintos pueblos de elegir en este año Teatro como rama artística a enseñar en los colegios (cosa que nunca había sucedido sino que siempre fueron elegidas Música y Plástica).

IX Encuentro Nacional de Teatro Comunitario: 8, 9 y 10 de octubre. Partido de Rivadavia, provincia de Buenos Aires. Teléfono: 02302-15534852. Ver programación completa en: www.encuentronacionalenrivadavia.blogspot.com

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