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Viernes, 18 de mayo de 2012

RESISTENCIAS

Del horror al museo

La casa donde Ricardo Barreda mató a su esposa, su suegra y sus dos hijas podría ser usada como un centro para combatir la violencia de género. El proyecto tiene que aprobarse en la Legislatura bonaerense. La idea es convertir un lugar paradigmático de La Plata en un centro de ayuda a mujeres y habilitar la casa del cuádruple femicidio para debatir, sensibilizar, concientizar y ayudar a frenar estos crímenes.

 Por Luciana Peker

Quiere volver a su casa de la calle 48 número 809. Es su casa. Lo indica la propiedad privada. Pero nada indica que sienta arrepentimiento, dolor, miedo o vergüenza por haber asesinado en esa casa a cuatro mujeres hace casi veinte años. Es un tipo parco, no se muestra muy cariñoso con la esposa. Ella duerme por la mañana mientras él toma mate. Le dice gorda. Y está obsesionado con heredar la casa. De hecho, se basa en que su última víctima fue una de sus hijas y por lo tanto él debería heredar”, relata el periodista Rodolfo Palacios, autor del libro (crónicas de asesinos y ladrones), que está por publicar Editorial Ross, de Rosario.

En el libro Adorables criaturas –Editorial Ross–, Rodolfo Palacios perfila un Ricardo Barreda más allá del polémico hombre al que las feministas pintan el frente de su vivienda con el mote de asesino y los medios de comunicación toman a broma, algunos grupos de rock festejan, una hinchada de fútbol le rinde pleitesía u otros creen que, simplemente, es un pobre tipo al que le decían –según su relato, ya que nadie puede preguntarle a las muertas– “conchita”. “Desde mi punto de vista, y por los casos que me tocó cubrir, Barreda supo construir un falso relato. Logró que cierta parte de la sociedad lo tomara como víctima: un hombre maltratado y humillado que un día dijo basta. Falso. Los crímenes tuvieron cierta premeditación: de hecho antes de cometerlos fue a un curso de criminalística. Y ningún hombre desesperado mata y luego va a pasear al zoo, tiene sexo con su amante y la invita a comer pizza.”

Su versión es la única que se escuchó. Todas sus víctimas murieron. El 15 de noviembre de 1992 Barreda disparó su escopeta contra su esposa, Gladys McDonald, su suegra, Elena Arreche y sus dos hijas, Cecilia y Adriana. Su relato posterior de ser un hombre burlado por un coro femenino prendió tanto como si el nombre de la genitalidad femenina fuera un insulto que justificara la muerte.

El odontólogo, ahora, quiere volver a su casa. Ser heredero de la hija a la que asesinó. Pero, en la Legislatura bonaerense, se encuentra una iniciativa para que Barreda deje de ser un villano simpático y ese hogar se convierta en un centro de ayuda a mujeres víctimas de violencia machista en un hecho inédito en el mundo. El proyecto del diputado Gabriel Bruera (hermano del intendente platense) propone la expropiación de la casa y también de los muebles (tal cual están) para que además de la atención directa se pueda visitar como museo. Aún con los riesgos de las risas, las burlas, las tomas de posición, la intención es sacar a Barreda del chiste y enmarcar ese hogar como un hogar en el que murieron cuatro mujeres.

“La expropiación de ese inmueble apunta a la creación de un centro dedicado a trabajar en la prevención, contención y educación. Así, la idea primaria es transformar un lugar negativamente emblemático en donde fueron asesinadas cuatro mujeres en un contexto de extrema violencia intrafamiliar en una respuesta contra la violencia de género en todas sus formas”, fundamenta el legislador. Si el proyecto se aprueba, piensan trabajar junto a museólogas para que el inmueble se convierta en un lugar donde repensar la cotidianidad de la violencia. Igual que el Museo de Ana Frank en Holanda lleva los crímenes del nazismo al ahogo de los propios pies (y no sólo la indignación mental) o que la ex SIDE de la Provincia de Buenos Aires se transformó en Comisión por la Memoria, el ex Regimiento 7 en Centro Cultural Malvinas Argentinas y la ex Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA) en Museo de la Memoria, el objetivo es construir, desde un lugar emblemático, un centro de lucha contra el machismo cultural y la violencia de género.

La pretensión es reciclar la casa. Pero respetando la idea de museo y no borrando las huellas de la vida ya borrada de Gladys, Elena, Cecilia y Adriana. La gente podría entrar a visitar el lugar. Aunque no sería sólo un paseo o un recordatorio. También se transformaría en un espacio donde se centralice la información sobre violencia de género. Los otros objetivos son realizar charlas, capacitaciones a policías, docentes, integrantes de la Justicia, fuerzas de seguridad, universitarios, profesionales de la salud y, a la vez, construir un espacio para consultas y una biblioteca temática. La prevención y sensibilización se potenciaría con un microcine para generar marcos de reflexión y debate.

La idea inicial de construir ahí un Centro Municipal de Prevención contra la Violencia de Género fue de Darío Witt, integrante del Instituto Nacional de Hombres contra el Machismo (Inahcom) y fundador de la Casa María Pueblo de La Plata. Bruera lo escuchó y lo convirtió en un proyecto que el Parlamento debe debatir y aprobar o dejar que Barreda vuelva a la casa donde asesinó a cuatro mujeres. No se trata de un ensañamiento con el odontólogo (a quien por televisión le dijo que ojalá esté bien con su actual pareja, pero que no resuelva sus conflicto a escopetazos), sino de utilizar la potencia en el debate social de este caso para intensificar una lucha a la que Witt le pone el cuerpo en expedientes judiciales y detenciones que le costaron seis ataques en dos años. “En Casa Abierta María Pueblo hace más de quince años que venimos trabajando de manera integral en violencia de género y machismo cultural a través de atención telefónica, entrevistas personales, representación legal gratuita, sistema de refugios con domicilio reservado ante riesgo de vida, talleres de capacitación y producción con más de veintidós mil personas atendidas. También hemos sufrido y sido testigos de muertes de mujeres y vivimos ataques y amenazas a nuestras familias y bienes y ataques con armas blancas y de fuego”, remarca Witt. El, además del centro, está preparando un proyecto para el ministro de Desarrollo Social de la Provincia de Buenos Aires, Martín Ferré, para que –entre otras cosas– los discursos contra la violencia de género se conviertan en una puerta realmente abierta y las mujeres cuenten con representación jurídica gratuita y eficaz.

“El cambio cultural que buscamos y necesitamos para lograr una verdadera igualdad de derechos entre los géneros es un proceso que se construye con sucesos de fuerte contenido simbólico –sostiene– y no me cabe la menor duda que la realización de este centro de referencia contra el machismo y la violencia de género va a resultar un hecho de gran magnitud y altísimo impacto.”

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