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Viernes, 18 de mayo de 2012

ESCENAS

Debajo estoy yo

En una trama de corte surrealista, Alejandra Radano se luce en Delirio gaucho.

 Por Paula Jimenez

Cuando el delirio comienza, Alejandra Radano entra caminando sobre tacos finísimos. Tiene puesto un vestido blanco y ceñido al torso, bordado con fantásticos brillos que resplandecen en la oscuridad. Como si fueran los de una muñequita de caja de música o una androide, pero una androide de cuento de Disney, sus movimientos son artificiosos y medidos, llevados por la música del trío de guitarristas que, a la derecha del escenario, yace sentado entre macetas con plantas. De frente a la platea, la mirada de Radano se suspende por encima de los espectadores, de las filas de butacas, de las luces de la sala. Ella canta con facilidad, como si respirara. La primera es “La casita”, una canción mexicana que Alejandra interpreta en versión campera, de melodía dulcísima, cuya letra horroriza: “Me hace falta allí una cosa, (en la casita, claro) / muy chiquita y muy graciosa/ más o menos como usted.../ para que cante el canario/ eche ropa en el armario/ y aprenda lo que yo sé”. Esta oda a la utilidad de la mujer fue compuesta en 1924 por Llonia y como el resto de las canciones y tangos que integran el show –la mayoría data de la década del ’30– es un punto más en el tejido surrealista que Radano aquí propone. “Envenenando pichones en el parque”, por ejemplo, es una balada que, a modo de un gracioso e ingenuo entretenimiento, invita a quien la escucha a matar palomas. “Neurastenia fatal” –clasificada en el programa como “canción inexplicable”– tiene un estribillo esquizoide que termina diciendo “me gusta el café con media”. El repertorio incluye también algunos clásicos que permanecerán por siempre en nuestra memoria argentina, como “Las voces de los pájaros de Hiroshima” –que otrora popularizara Ginamaría Hidalgo– en el que la voz de la cantante se quiebra en una sucesión de exagerados agudos (que parecen querer reproducir el espanto de los pájaros ante la bomba) o de preguntas exaltadas sobre dónde están los hombres, los hombres, los hombres.

Pero no todo son canciones. De a ratos, Radano toma la palabra y lo hace para continuar produciendo carcajadas en un público atento a su más mínimo movimiento. Radano abre la boca y la gente también, para reírse. No falla. Sobre todo en momentos en que los aciertos son muy grandes, como aquel en que imita al fallecido humorista Juan Verdaguer. Desde la primera inflexión en la voz de Radano nos damos cuenta que es él. Ese es el particular modo de hablar del cómico y ése su característico humor misógino, poniendo siempre a su esposa (por fea y por vieja) o a su suegra en la mira de la defenestración. El burlador burlado podría llamarse esta escena en la que Alejandra Radano encarna, más que a este stand up argento, un humorismo anacrónico de sello nacional. Y por ahí va la cosa, por lo nacional, como el nombre de la obra lo indica. El gaucho –interpretado por un bailarín que entre chiste y chiste se baila un lindo malambo– es otro de esos personajes que, como Verdaguer, opacan su brillo fálico en el escenario al quedar en evidencia su impostada pose machista. No hay caso. Cuando la cosa cae por su propio peso, el gauchito termina haciendo el ridículo y la gente disfrutando como loca.

Después retorna la música. Las canciones son trece, entre las que figuran una gran interpretación de “La guinda”, un tango de Eusebio Delfin y Pedro Matta, que Radano canta casi íntegramente de espaldas al público. Una luz –de esas que tan bien saben manejar en esta obra Gonzalo Córdova y Fabián Luca, que es también el director– la enfoca hacia arriba desde el piso y proyecta sobre las negras bambalinas su ampliado perfil. De detalles así, estéticos y cuidados, Delirio gaucho está lleno, porque el humor no tiene por qué suceder aparte del arte, de la belleza, del buen gusto. Eso es lo que Radano viene a recordar con cada uno de sus espectáculos y a lo largo de toda una carrera que ha anclado –y ancla todavía– mitad en las pampas, mitad en París.

Funciones: sábados 19 y 26 de mayo y todos los sábados de junio a las 23 en el Centro de la Cooperación Floreal Gorini, Av. Corrientes 1543. Informes: 5077-8000. Entrada: $80.

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