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Viernes, 19 de abril de 2013

VIOLENCIAS

Un final abierto

Después de El toro por las astas –un film sobre embarazos no deseados–, la directora Susana Nieri retomó el mismo modelo de producción –independiente y militante– para sensibilizar sobre la violencia de género en Ella se lo buscó. Organizada en torno de la historia de Ivana Rosales, víctima de un intento de femicidio y testigo impotente del suicidio de su hija mayor después de que la obligaran a mantener visitas con el agresor, la película denuncia la violencia simbólica y cotidiana, la ceguera de la Justicia y el pobre rol del Estado a la hora de defender a quienes se animan a denunciar.

 Por Luciana Peker

Yo esperaba poder terminar bien, sin violencia –cuenta Ivana Rosales en la película Ella se lo buscó, todavía no estrenada a nivel masivo, de la directora cordobesa Susana Nieri, en una función especial en el centro cultural Tierra Violeta–. Pero las esperanzas se hacen añicos en su relato. La violencia vuelve. Ivana tiene una de las historias más crudas sobre los efectos de la violencia en ella y su familia. Ella sobrevivió al femicidio. Casi de milagro. Casi, porque su agresor no se dio cuenta. Después, la Justicia tampoco se dio cuenta o –mejor dicho– no quiso darse cuenta de que el costo de la revinculación del padre con los hijos era demasiado alto. La obligaron a ella a llevar a las visitas con su ex pareja, Miguel Garoglio, a sus hijos a pesar de los antecedentes de una golpiza tan brutal que pudo haberla dejado sin vida. Como si el peligro fuese una línea simétrica entre ella y él, un problema de pareja, en donde ella tenía que soportar las lesiones y llevar a los hijos a verlo para ser buena madre. Entonces se produjeron abusos.

La película empieza con el relato sobre la golpiza que casi la mata, en el 2002. El año pasado, cuando ya la película estaba terminada, sobrevino el golpe más duro. Su hija Mayka, de 17 años, se quitó la vida en lo que las expertas de La casa del Encuentro denominan un femicidio vinculado por ser una muerte como consecuencia de la violencia de género, un estallido de la violencia contra su madre y contra ella de niña y adolescente. Ella se lo buscó ahora está dedicada a Mayka. La lucha de Ivana sigue. Por sus otros dos hijos: Abril (14) y Gean Carlos (16). Ella busca, con el auspicio del Centro de Estudio Legales y Sociales (CELS) que su caso llegue a la Comisión Interamericana de Justicia.

El domingo 14 de abril, cuando se exhibe la película en una sala llena de mujeres, Mayka cumpliría 18 años. “Ella quería ser mochilera. Ese era su sueño. Pero no es un día para quedarme encerrada llorando. Es un día de lucha. Si una adolescente se animó a denunciar a su papá pese a lo mucho que lo amaba y que lo odiaba yo tengo que ser, como ella me decía, fuerte como una piedra. Yo soy una sobreviviente. El Estado te dice que la violencia fue contra vos, no contra ellos y te obliga a llevarlos con el padre aunque tengas la cara destrozada. Mi hija sufrió un trauma y no lo pudo superar”, dice y sus palabras no se superan. Sólo pueden servir para que no vuelvan a suceder.

En Ella se lo buscó Ivana está en Neuquén y cuenta desde el mismo escenario en el que sucedieron los hechos cómo fue que la violencia comenzó a desnucarla:

–Yo esperaba poder terminar bien, sin violencia. Primero me ofreció todo para volver después me dijo que no me iba a dejar en paz. Terminé con un cable alrededor del cuello. Yo trataba de sacármelo pero su fuerza era muy superior a la mía. Me pegó con una piedra, no una vez, unas cuantas veces, hasta que quedó un charco con sangre. El creyó que me podría haber muerto y me metió en el baúl del auto.

El viaje de Ivana de Neuquén a Plottier en el 2002 no terminó bajo la tierra porque un vecino alertó a la policía. Después, ella fue ayudada por el colectivo La revuelta, de Neuquén, a enfrentar un juicio donde sin razones y sin defensa fue acusada de infiel para justificar que su ex pareja –Miguel Garoglio– la quisiera enterrar viva o asesinar para poder enterrarla. Y donde el juez Martín Gallardo creyó que las visitas del padre eran más importantes que detenerse a pensar si ese padre estaba en condiciones de visitar a sus hijas/os, mientras acusaba a Ivana de síndrome de alienación parental (SAP) en la denuncia de un abuso que no se hubiera producido si la violencia se hubiera frenado después de la primera golpiza contra Ivana en vez de seguir replicándose contra Mayka, Abril y Gean Carlos. Finalmente, él está preso por los abusos sexuales. Pero el temor no cesa. “En poco tiempo va a salir y él siempre amenazó que va a terminar con lo que empezó y que me va a dar en donde más me duele”, alerta Ivana.

En Ella se lo buscó –con producción de Luis Rey– se reconstruye su historia y –también– la construcción de la violencia simbólica, mediática, institucional, judicial, física, psicológica, tanto social como personal. Es un disparador para debatir, visibilizar y exponer la violencia de género en Argentina. Su directora, Susana Nieri, pide que algún organismo gubernamental la ayude a retrasmitir la experiencia de exhibición que hasta ahora se dio en pequeños pueblos o salas de la Argentina.

¿Cómo es terminar una película que en parte empieza cuando se termina?

–La película tuvo dos finales, uno hasta julio del 2012, que estaba prácticamente terminada, con un final feliz de alguna manera porque ella logra meter a Garoglio en la cárcel. Pero eso cambia con el suicidio de la hija de Ivana. Además de llorar desde lo humano porque con Ivana hicimos un lazo muy profundo, como realizadora no sabía si tenía que terminar la película. Después de charlas muy profundas con Luis Rey, decidimos que sí la íbamos a terminar. Ivana me llama un día y me dice que le quiere hacer una dedicatoria a Mayka. Por supuesto que le dijimos que sí. Yo quería que quedara claro que la muerte de Mayka había sido un femicidio vinculado, como dicen las chicas de La casa del Encuentro.

Diana Mafia, en la presentación de la película, habló de la resiliencia de Ivana y de su fuerza para salir adelante, pero la desgarradora muerte de Mayka muestra las consecuencias de la revinculación de una persona violenta con sus hijos.

–Sí, por eso yo creo que es tan importante concientizar en violencia de género. Particularmente creo que todos y todas coincidimos en que la violencia de género deja esa huella tremenda en la psiquis y en la parte simbólica de las mujeres. Ivana dijo que Mayka no soportó todo lo que le pasó: que su padre maltrató a su madre y que haya abusado de ella. Ivana hizo todo un trabajo de resiliencia con su propia historia, un poco lo que hace Susana Trimarco con la historia de su hija. Siento que Ivana accedió a quedar totalmente expuesta en esta película para ayudar a sensibilizar sobre violencia de género. Y que los derechos de las mujeres no están en el mismo punto de partida, si no estas cosas no podrían seguir pasando. A nadie le cabe en la cabeza que a una mujer que casi pierde la vida en manos de su marido, que está dos meses internada en coma, que sale con la cabeza completamente facturada y la mitad de la cara con placa, ¿cómo puede ser que el juez, en esas condiciones, le haya exigido que le lleve los chicos al tipo que estaba preso? Hay que incorporar las gafas violetas, la perspectiva violeta, varones y mujeres, en todos los estratos sociales, transversalmente y especialmente el Estado, porque la soledad que pasan las mujeres que denuncian es muy fuerte.

En la película contextualizás la violencia en el marco simbólico...

–Sí, el formato es como si fuera un libro. Y la idea de la película era vincular la historia de vida de Ivana con opiniones, que es donde se produce la continuidad de los bastiones de la violencia de género en el Estado, los medios de comunicación, los y las periodistas en el momento de tratar estos temas, la televisión que nos está formando a nosotros y a nuestras hijas, el poder de lo audiovisual y la Justicia, ya que los fallos judiciales, citando a Ruth Zurbriggen, son sentencias pedagógicas y formatean la opinión pública de manera sexista. Igual que me pasó con El toro por las astas, mi película anterior, que trata sobre el embarazo no deseado, yo creo que son cambios culturales profundísimos los que se tienen que producir. Y no creo que sean de un día para el otro, lo que pasa es que hay que empezar. Por supuesto que las organizaciones de mujeres son claves. Yo estoy radicada actualmente en Córdoba y estoy trabajando con una asociación que se llama Acuarelas, mujeres en movimiento, con la que estamos armando un proyecto con la película como instrumento de sensibilización. Hay marco legal de sobra en este país, faltan acciones y faltan respuestas. Las mujeres se sienten solas y con razón.

¿Qué esperás que pase con la película?

–Nosotros venimos haciendo lo que podemos y lo que debería pasar –y lo que no logré con mi película anterior, que era sobre embarazo no deseado– es que algún organismo del Estado comprara los derechos de exhibición y la pudiera realmente difundir para utilizarla como un instrumento de sensibilización para que se haga masiva. El Estado tiene otra capacidad que una productora independiente.

¿Creés que puede servir para concientizar sobre violencia de género?

–Nosotros la pasamos en Unquillo, en Córdoba, fue una proyección maravillosa y fueron chicos de quinto y sexto año con sus profesoras de escuela secundaria. El debate fue muy interesante porque aparecen las miradas sobre el tema. Ayer me enteré de las repercusiones de la película. Y que los varones habían estado llorando y cuando se prendieron las luces se secaron las lágrimas. Creo que eso es lo que tiene que suceder. Ese es el poder del cine. Cuando una película logra conmoverte hay algo que queda dentro de uno. Si se pudiera replicar eso masivamente, al menos sería un granito de arena para construir igualdad y eliminar la violencia de género.

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IVANA ROSALES (DE BLANCO) JUNTO A SUSANA NIERI, EN LA PUERTA DEL CC TIERRA VIOLETA.
Imagen: Constanza Niscovolos
 
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