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Viernes, 10 de mayo de 2013

MONDO FISHION

Variaciones sobre clásicos

 Por Victoria Lescano

Con estudios de indumentaria en la UBA y también en el Central Saint Martins, el aprendizaje en ateliers del diseñador de zapatos Nicholas Kirkwood y de la diseñadora serbia Roksanda Ilincic, sumados a sus inicios en la moda local en la firma María Cher en 2011, Agustina Dubié comenzó una firma propia, Dubié, que exalta las líneas austeras y los materiales nobles.

El suyo es un lenguaje indumentario cimentado en variaciones sobre los clásicos del placard masculino. Y entre cuyos lineamientos exalta las camisas clásicas, blancas y azulinas, pero sin la impostación a la que suele aludir el marketing desde el slogan “the boyfriends fit”. Si bien su socio es su pareja, ella sentencia que se nutre de prendas del placard de su padre y de los modos indumentarios –pantalones grandes y camisas masculinas a lo Katharine Hepburn– que le transmitió su madre desde la infancia.

Sus prendas se comercializan en un local de República de la India 3100, prologado por un biombo de vidrio: a comienzos de mayo presentó la colección de invierno, cóctel mediante.

De acuerdo con su manual de estilo, una bata masculina deviene tapado, la ropa no tiene una sola ocasión de uso, imperan los vestidos austeros y sin escote, la exaltación de las hilachas y los cierres a la vista.

Dice Dubié –vestida con un jean raído, zapatos blancos vintage con cordones y una camisa de hombre– “hubo una gran diferencia en la labor y la obsesión por los detalles internos y los externos que aprendí junto a Roksanda y de su método para trabajar con modelistas en la firma y trazar la toiles para tan sólo después realizar las prendas. Allá empecé a pensar en la idea de mi marca, lo escribía a modo de manifiesto, recuerdo que en teoría mi marca iba a ser una firma de pantalones negros y de remeras blancas. Mientras estaba en Londres conocí a la diseñadora Paula Selby Avellaneda y ella me ofreció, al volver a Buenos Aires, trabajar en el departamento de su madre y usar ciertas máquinas. El armado requirió de un proceso largo”. Acto seguido propone un recorrido por prendas que cuelgan de estructuras de hierro y que componen un zigzag regido por paños nobles, algodón pima, lanas de llama y lana merino. Y en el comienzo, destaca un abrigo que recuerda una bata de lana y que admite haber rescatado del imaginario propio y una robe de lana verde que fuera de su padre y que ella adora usar de entrecasa. “A mi criterio la ropa no tiene que tener una ocasión de uso, pienso que el tapadito bata con un jean y una remera blanca es una prenda para el fin de semana y que con un vestido negro se transforma en elegante.” Su colección para el invierno 2013 exalta el elogio de pequeños botones de cuero forrado, siluetas cuadradas pero con entalles en la espalda, prioriza terminaciones al corte y tajos sutiles que otorgan movilidad a las prendas (una falda pencil cobra la cadencia y el contoneo de las piernas de la usuaria). Su particular abordaje del cuerpo femenino por regla general descarta los escotes pronunciados y las siluetas ceñidas, junto a sus pantalones oversize no existen chupines ni leggings. “Me parece más elegante que el pantalón no copie a la pierna, no uso ni hago calzas, sí hago una versión en pantalón de tiro alto”, dice. Pero sí conjuga el voile de seda y la gasa ídem, de las que se desprenden sutiles y deliberadas transparencias. Y la prenda que a su criterio oficia de fetiche de la colección es un buzo de organza compuesto de líneas rectas y orgulloso de un efecto deshilachado. Los percheros exhibidores admiten abrigos de mohair con lana provistos de cinturones que entallan, hace lugar al furor del cuero negro desde una camisa a lo Marlon Brando y también a un modelito blanco digno de Michael Jackson.

Otro común denominador entre sus prendas es el anclaje con los deportes, todas aluden en su denominación a alguna disciplina deportiva –del tenis al boxeo, pasando por el golf, el surf o el esgrima–. Agustina se confiesa coleccionista de antigua ropa de trabajo, ya sea de los overalls antiguos comprados en la firma Alpargatas a la búsqueda de trajes de pescador en tiendas vintage londinenses.

Resume sobre los lineamientos estéticos vigentes en su firma: “La gente me dice que es sensual de una manera poco evidente y que pareciera estar destinada a conocedores de la moda y a quienes no se guían por sus dictados”.

En cuanto a los disparadores de su interés por el diseño de indumentaria, esgrime: “Me hago ropa desde los cuatro años, con frecuencia encuentro dibujos de moda hechos en la infancia y que me mandaba a hacer con alguna modista o me cosía yo, sin ningún conocimiento de costura. Tuve la posibilidad de viajar mucho con mi padres y creo que allí la moda primó como interés. Lo primero que me llamó la atención fue que al entrar a un local de Christian Dior vi un vestido de gasa de seda con una caída fabulosa”.

Sobre el modus operandi en su tienda contigua al Zoo y donde antes funcionaran Jazmín Chebar y tiempo después la firma Kostume, sentencia: “Desde mi pequeña oficina situada en el local a diario aplico el método que aprendí en Londres. Cada mañana trabajo desde muy temprano con la modelista y hago la toile antes de mandar a realizar cada prenda: me da más chances para elegir la tela correcta”. Luego de referirse a las nuevas prendas que ingresaron a la colección y que sin duda van a oficiar de disparadores para la colección del verano en Dubié, Agustina hace foco en la nueva generación de diseñadores de la escena local y sus modismos para interactuar: “Tengo muchos amigos diseñadores, en su mayoría son responsables de las nuevas marcas a escala pequeña, pero con un contenido estético muy fuerte. Los jóvenes diseñadores sabemos que para lograr que se consuman nuestros diseños tenemos que hacer algo distinto; en simultáneo percibo cierta ansiedad del lado de los consumidores por encontrar nuevos lenguajes indumentarios”.

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