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Viernes, 10 de enero de 2014

MONDO FISHION

Los fetiches de Newton

 Por Victoria Lescano

La portada de World without men, el primer libro en compilar las fotografías de modas del experto Helmut Newton (Berlín, 1920-Los Angeles, 2004), recientemente reeditado por Taschen, exhibe en su portada una modelo vestida con un abrigo de piel de estilo redingote, un collar de perro en gesto punk engalanando su cuello y un gorro cosaco. A su derecha, un oso panda luce un collar símil cadena como artilugio de moda complementaria. Como dirá el célebre fotógrafo alemán en su bitácora diario de anécdotas fotográficas, que acompaña esta edición de casi doscientas páginas sobre la toma en cuestión: “Corresponde a una serie de modelos fotografiadas junto a animales que en 1971 me encargó la publicación Vogue Francia; por entonces las tomas fueron reveladas en el laboratorio de la publicación, pero cuando años más tarde, en 1980, extraje los negativos de esas sesiones de mi archivo y los hice revelar en mi laboratorio, en una de las tomas, el panda tenía una notable erección que había sido censurada por el laboratorista de Vogue. Decidí que ésa era la portada”. La elección no es caprichosa, la celebración de la sexualidad es el hilo conductor de la extensa obra de Newton, quien predicó además el regocijo por los artilugios del mundo de la ortopedia: ornamentó a supermodelos con gorgueras medicales, cuellos y piernas ortopédicos matizados con stilettos. Algunas versiones indican que si bien en sus inicios Newton tomó clases y asistió a un reportero de desnudos, fue June Brown, su esposa, la responsable y artífice de esa compulsión por fotografiar el cuerpo femenino. Ella alimentó los desnudos domésticos – otro de los grandes temas de la obra de Helmut–, realizados en un piso de Le Marais, el primer hogar de los Newton en París.

El libro que reúne sus editoriales de moda fechados entre 1960 y mediados de 1980 resulta de análisis indispensable para todo aspirante a estilista, fotógrafo o cronista de modas, pues allí están los pilares de estilos más influyentes en la moda del siglo XX. Comienza con una modelo en bañador pero no en una psicina sino colgada de la baranda de un helicóptero junto a las playas de Hawai –la toma fue fechada en 1971–, pero también sus páginas harán lugar a la difusión y documentación de estilos imperantes en las firmas de moda Lanvin, Dior, Guy Laroche y Maggy Rouf, para la publicación Jardin de Modes circa 1963.

El recorrido visual admite retratos de mujeres superpoderosas para la revista Nova (allí cautiva Raquel Welch con un traje de baño con estampas animal print y la etiqueta Norma Kamali) y también a inusuales postales que ofician de retratos de diseñadores por encargo de Vogue Francia a inicios de 1970. De ahí que asome Karl Lagerfeld cuando joven con pelo negro y sin barba ni abanico: el único artificio es el conjunto de pantalón oxford blanco con camisa al tono y un cinturón ancho, mientras intenta vestir un maniquí de corte con el sello alta costura, así como Marc Bohan, quien fuera diseñador de la firma Dior, retratado con su barba que contrasta con el guardapolvos níveo que oficiaba de uniforme de trabajo. Un joven Yves Saint Laurent luce gafas de nerd, una barba raída y una camisa a lunares que contrasta con la flor blanca enclavada en el ojal de su traje beatnik. Pierre Cardin –tal vez el modisto de atuendo más formal– fue capturado mientras llevaba un traje de vestir y un reloj pulsera.

El libro que exalta a las mujeres –los hombres ausentes desde el título irrumpen en las tomas en roles secundarios– funciona cual registro de extravagancias, curvas y texturas, del abrigo en animal print que lleva la modelo transitando unas vías, al encaje de plumetí que le devela el trasero y la espalda a una modelo que protagoniza una campaña de Chloé circa 1977. Y no omite una de sus fotos más famosas y copiadas por la gráfica actual: la de la modelo que en 1975 y desde una calle en penumbras de París predicó la androginia vestida con un tuxedo Yves Saint Laurent.

Las tomas en colores ostentan tonos carmín contrastado con negro –en su mayoría odas al vestidito negro y al traje de baño en ese tono–, pero también hay recursos disparatados y surrealistas: la modelo que lleva un vestido corto YSL con plumas para posar en un sillón dispuesto en la playa, rodeada de bañistas (1978, Saint Tropez, publicación Stern). Tal vez la más fetichista y misteriosa de la serie en technicolor resulte la toma complementaria de esa locación playa, donde una modelo vestida con pantalón cigarette negro, capa de piel, tocado y corpiño bandeaux al tono posa con luz día, flanqueada por otra modelo más austera en ropas: lleva un bikini y topless y a modo de ornamento se cubre con una pagoda. Según dijo Newton: “Me explicaron que la ropa sería negra, muy elegante, en plan vestidos de cóctel. Llevo mucho años observando a las multitudes de Saint Tropez. No existe en el mundo un lugar mejor para que un voyeur como yo se mantenga entretenido, las dispuse en medio de mujeres y de hombres semidesnudos tomando sol”.

El anecdotario, diario íntimo de cada toma ideado por Newton, constituye uno de los puntos más acertados y graciosos, ya para desacralizar el mundo de la moda como para exponer el fetichismo propio (la ocasión en que se metió en la habitación de la actriz Jane Russell para fotografiarla y espió su colección de corpiños), su relación con las modelos, estrellas de cine y los editores. No fue todo color de rosa en los encargos que le hicieran. Para ello basta con remitirse a la crónica de Senegal, fechada en el verano de 1971, cuando debió pasar varias noches junto a una modelo moribunda en un hospital (la señorita estaba enferma antes de partir a Africa, pero como se supo después, lo había ocultado a la agencia de modas tan sólo para ser fotografiada por Newton), o bien a los equívocos que desencadenó una sesión para la coqueta revista Queen, y que había sido realizada en una ínfima habitación, lo más parecido al desván de una torre. Allí, a las tomas de una modelo en lencería, decidió sumar gracias a técnicas de montaje los registros de aviones de caza que atravesaban el cielo; cuando el director de la revista vio las tomas en su escritorio, masculló: “¿Qué están haciendo estas mujeres que se masturban en mi revista, recostadas en el piso mientras unos símbolos fálicos explotan del otro lado de la ventana?”

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