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Viernes, 4 de julio de 2014

MONDO FISHION

Gente

 Por Victoria Lescano

La expresión Pitti People alude a quienes dos veces al año participan de la pasarela espontánea de looks al asistir a la feria de estilos masculinos que se celebra en Florencia y representan una categoría estética cercana al neodandismo barroco con recursos de estilos deportivos. De ahí que en la última edición de Pitti Uomo –entre el 17 y 20 de junio en la Fortezza de Basso– los exponentes de esa categoría estética llevasen variaciones del traje masculino con apropiaciones de las bermudas, ya en azulino como en verde esmeralda, amarillo, corbatas pajarita, tiradores, sombreros de raffia en blanco o rojo egra. Algunxs posaban para las cámaras de los bloggers y los paparazzi con el aplomo de las supermodelos. Otrxs eligieron el set escenográfico que simuló campos de ping pong: las mesas verdes y celestes y el incesante repiqueteo de las pelotitas componían un soundtrack lúdico al que acompañó el slogan Pitti Ping Pong que era la consigna de la edición.

Además de homenajear los clásicos de la sastrería italiana y sus ineludibles camisas y corbatas, un pabellón de la feria exaltó los estilos más innovadores. Una selección de las propuestas remite a los trenchs para lluvia de la firma Hancok (de corte simple y recto). Sus materiales a prueba de agua rescatan el abrigo primitivo, pero con texturas tan sutiles como la seda y una gama de estampas rescatadas de los archivos Liberty. Y también a los attaché y mochilas para ejecutivos de la firma japonesa Ohba, que rescatan modismos de los samuráis. O bien el happening del colectivo de artistas y diseñadores Nutone 42 Tone, cuya mayor excentricidad fue la disposición de palanganas de metal donde sumergían ropas en tintes, exaltando modismos caseros.

Desde la locación Polveriera, una decena de diseñadores de Hong Kong cautivó con sus prendas reversibles una colección fetichista y buzos con estampas de perros, mientras que un sector dedicado al nuevo denim italiano dialogó con una instalación dedicada a una colección de jeans con prédicas ambientalistas, curada por el músico Pharrell Williams para la firma Raw. Una cortina de plástico ofició de cortinado para apreciar las premisas de los últimos nuevos nombres de la moda agrupados bajo el concepto “The latest fashion buzz” y que fueran seleccionados por expertos de moda de las publicaciones Vogue Italia y GQ. Entre ellos, la propuesta de Ordinary Orange Culture, la firma del diseñador nigeriano Adebayo OkeLawal que celebra las tradiciones africanas y las aplica a colecciones cuyo eje rector son los colores.

O bien la colección cápsula para hombres de la firma Samuji, ideada desde Helsinki por el diseñador Samu Jussi Koski, siguiendo preceptos de ropas atemporales y clásicas.

Pero el bonus track de la reciente edición de Pitti remite a la celebración de los sesenta años de la Asociación de Moda de Florencia, articulada en varios ejes. De un tributo a los cinco diseñadores y firmas nacidas en Florencia (de Salvatore Ferragamo a Emilio Pucci, pasando por Gucci, Roberto Cavalli y Ermanno Scervino), corresponde destacar que Ferragamo se afincó en Florencia a su regreso a Italia y luego de diseñar zapatos para el star system hollywoodense, compró un palacio donde actualmente funciona el museo homónimo, mientras que el marqués Pucci en 1950 tuvo el consenso para trasladar su pequeña tienda al palacio familiar situado en Florencia y donde aún permanece la base de operaciones de la firma. Inicialmente exhibió sus colecciones en la semana de la moda oficial celebrada en el Palacio Pitti y luego sus desfiles se mudaron al gran salón de baile familiar. La suya representa la primera firma italiana precursora en adoptar un logotipo y en abordar las infinitas aristas del diseño como si se tratase de un corpus (de la decoración de interiores a la ropa deportiva, pasando por diseños para autos y motos, sábanas, alfombras y un vino que producía en su casa de campo). La acción de Pucci para el sexagésimo aniversario de Firenze Hometown of Fashion consistió en vestir al Baptisterio de San Giovanni con un canvas realizado en la escala real y que replica un clásico de los prints de esa casa de modas: el pañuelo Battistero, que fuera diseñado por Emilio Pucci en 1957 a partir de una vista aérea del Duomo.

De ahí que en el Palazzo Vecchio, y una sala con arquitectura del 1312 celebrarse la muestra fotográfica Florence and Fashion construida en base a un rescate visual de los archivos de Vogue Italia, dedicada a esas cinco firmas de moda. Con una puesta austera pero elegante, contenidas en cajas de luces y marcos negros que oficiaban de soporte, iniciaban diálogos y rescates de las distintas décadas, tanto de Steven Meisel –uno de los nombres más representativos en la construcción de Vogue Italia– como de fotógrafos del swinging London. Carla Sozzani, editora de esa publicación, brindaba con prosecco junto a la experta de modas del Herald Tribune y de The New York Times, Susy Menkes, quien paseaba su fabuloso carré que culmina con una cresta do mohicana, tan emblemático y afilado como su pluma british. Mientras que Diane Pernet, editora del blog A shaded view of fashion, lucía su uniforme de manto negro coronado con arañas de metal trepando por el cuello y el velo sumado a sus emblemáticas gafas negras y en punta.

Otra de las acciones de arte remitió a Francesco Vezzoli, quien supo crear un museo efímero por encargo de la firma Prada, presentó Vezzoli Primavera Estate: reunió sus obras más representativas y en clave irónica construidas con técnicas de collages y de bordados en tres museos rara avis de Florencia.

Lxs asistentes fuimos invitados a recorrer la trilogía compuesta por la Casa Martelli, el Museo Stefano Bardini y el Museo Bellini. Los retratos pop de las modelos Stephanie Seymour y Christie Brinkley, cual Madonnas renacentistas, la cantante Dolly Parton y el actor Richard Gere en El nacimiento de la Venus de Botticelli, pero también la incorporación de su autorretrato emulando alguna figura renacentista se camuflaron con el acervo de cada museo.

Del lado de las pasarelas presentes en Pitti Uomo se presentaron los diseños de Mirko Fontana y Diego Márquez para Au Jour Le Jour, desde pupitres escolares y en colores pop los espectadores pudieron ver una colección de bermudas, vestidos y camisas con estampas tan pop como naïf recreando prints de caballitos y rinocerontes, colectivos y autos que parecían surgidos del imaginario de cartoons vintage y en modelos de extrema androginia.

El estilo clásico italiano aggiornado irrumpió durante el desfile y la instalación de Zegna realizados en la Stazione Leopolda, que cobijó tanto una puesta de luces con proyecciones como una pequeña pasarela. Al concluir el desfile, luego de un set de destreza entre andamios, se corrieron los velos de una exposición de los nuevos diseños fetiches de la firma: zapatillas, bermudas y anoraks, dispuestos con el preciosismo cual si fueran piezas vintage de algún Museo de Moda. Lejos de la pompa, Pitti indaga en nuevas formas de representación de la moda con recursos del arte. Basta con remitirse a la tradición y los comienzos de esa asociación que documenta el libro El atlas de la moda de Firenze. Los precursores fueron un coleccionista de arte –Mario Vanini– y un propulsor del diseño –Giovanni Battista Giorgini–. El atlas documenta las infinitas acciones y locaciones del Palazzo Borghese a la Galleria dell’Academia, pasando por desfiles celebrados en el río Arno a bordo de embarcaciones, los cines consagrados a exhibir documentales de moda y las bibliotecas especializadas.

El cierre de la pasarela oficial de Pitti correspondió a un diseñador argentino afincado en Milán: Marcelo Burlon, de quien no se conocen estudios formales de moda pero sí un background vinculado con la cultura de las discotecas, el cine y la labor de DJ en numerosos desfiles europeos. Con el título County of Milán y en una locación con apariencia de circo romano llamada Parterre, no hubo leones pero sí expertos en motocross que se desplazaban con la furia de gladiadores. Los preceptos de moda de Burlón consisten en una colección de ropa deportiva cuyo principal exponente son las remeras. Los modelos que irrumpieron en la pasarela al aire libre y con paso cansino llevaban estampas del camouflaje de serpientes y entre ellas asomaron guardas pampa –ésas que para los mapuches representan la montaña y los lagos–, pero trasladadas tanto a un poncho sportswear como a los accesorios con apariencia de armaduras.

Además del atronador sonido de las motos, la banda sonora de Burlon admitió electrónica con los sonidos de campanarios que ilustran el paisaje sonoro de cada Piazza de Italia.

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