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Viernes, 24 de octubre de 2014

ENTREVISTA

Medios locos

En la radio y la televisión, los hombres dan las noticias, producen los contenidos y deciden quién se corta la pollera y quién no. Las mujeres, bien gracias: somos una de cada tres personas que asumen los roles de conducción en las comunicaciones de seis países: Argentina, Brasil, México, Uruguay, Colombia y Venezuela. Así lo analizaron distintas investigadoras feministas y reunieron sus conclusiones (para nada alentadoras) en el libro Políticas públicas de comunicación y género en América latina. Un camino por recorrer. Dos de ellas, Sandra Chaer y Lilian Celiberti, hablan sobre esos modelos, esas caras y cuerpos que pueden ser mostrados en los medios y de cómo se cristaliza el modelo patriarcal: del recrudecimiento de la violencia a las políticas de cuidados como compartimentos estancos en los cuales se estructura la realidad.

 Por Laura Rosso

¿Qué modelos, qué valores, qué caras y qué cuerpos son mostrados en los medios de comunicación? ¿Cómo esas imágenes son asociadas a diferentes esferas de la vida, como la política, la doméstica o la laboral? Preguntarse de qué manera se representan las relaciones de género en los medios de comunicación ha sido una preocupación central del feminismo. A partir del 2009 existe en Argentina un marco normativo –la Ley 26.485 de Protección integral para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres en los ámbitos en que se desarrollan sus relaciones interpersonales, y la Ley 26.522 de Servicios de Comunicación Audiovisual– que opera sobre la discriminación de género en los medios, tanto en forma preventiva como a través de sanciones. En este contexto, hablar de violencia mediática, de maltrato, de discriminación y de desigualdad permite avanzar en una conceptualización y legitimar un discurso. La implementación de este marco es auspiciosa para desmontar la estructura de violencia simbólica patriarcal constante en la mayoría de los medios. Desde esta perspectiva es que surgió el libro Políticas públicas de comunicación y género en América latina. Un camino por recorrer. La publicación –con prólogo de Cynthia Ottaviano– reúne los artículos de seis investigadoras: Lilián Celiberti, de Uruguay; Rachel Moreno, de Brasil; Juliana Martínez, de Colombia; Aimée Vega Montiel, de México; Luisa Kislinger, de Venezuela, y Sandra Chaher, de nuestro país, también compiladora.

Unidas en la lucha

Recién llegada de Uruguay, Lilián Celiberti pasó por Buenos Aires como una ráfaga y en poco más de dos días aprovechó para festejar el cumpleaños de una amiga, dar una charla en la Unsam y conversar con Las12, junto con la periodista Sandra Chaher. Lilián, ente otras cosas, coordina el Centro de Comunicación Virginia Woolf –Cotidiano Mujer– y la Articulación Feminista Marcosur. Sandra, en tanto, es periodista, docente y presidenta de la Asociación Civil Comunicación para la Igualdad.

Las relaciones de género están hegemonizadas en los medios por las violencias, ahí aparecen claramente. Pero esa visibilidad no aparece en otros campos, como la política, la educación, los derechos sexuales y reproductivos, la crianza, la salud. ¿Por qué?

Lilián: Creo que toda nuestra sociedad, basada en la idea de modernidad, de ciudadanía, de Estado está dominada por una figura neutra, autónoma, independiente e individual que es el ciudadano identificado con un sujeto varón, blanco, heterosexual y de clase media. Ese es el ideal de ciudadanía, y construye nuestros imaginarios. Entonces pensamos que la educación es neutra en términos de género y que tiene que educar para la igualdad, pero la igualdad del ciudadano frente al Estado, a la ley. Nuestros imaginarios subjetivos están construidos sobre esa base: la neutralidad del sujeto es un sujeto varón. Eso hace que, cuando pensamos la política, la pensamos como una acción naturalmente masculina y, por añadidura, están las mujeres que luchan por llegar. Pero no pensamos al revés. No lo pensamos en términos de injusticia. Esos lugares son naturalmente masculinos, entre otras cosas porque el voto primero lo tuvieron los hombres y las mujeres tuvieron que luchar para ser consideradas ciudadanas. Es parte de la construcción histórica. El patriarcado existe y tiene sus reglas y sus normas, que establecen cuáles son los espacios de las mujeres y de los varones en la sociedad. Si alguien estuviera hablando de los cuidados no pensaría nunca en los varones.

Sandra: Hay una realidad en la que las mujeres somos víctimas de muchísimas situaciones. Es material insoslayable, no solamente en situaciones de violencia, vas a cualquiera de las otras áreas, como puede ser representación política, cuidados, etc., y la relación vincular te habla de un lugar de subordinación y otro de poder. En el lugar de subordinación vas a encontrar a mujeres o a identidades feminizadas, casi nunca a un varón heterosexual. Ahí hay una realidad material. Después hay una construcción estereotípica donde al patriarcado le conviene que las mujeres seamos víctimas. Le conviene vernos como víctimas y no como sujetas empoderadas. Eso reafirma el patriarcado. Si vos tenés enfrente a un sujeto que pelea a la par, es muy distinto que si tenés enfrente a un sujeto subordinado. Hay una construcción simbólica de las identidades femeninas victimizadas, más allá de la realidad absolutamente existente. El monitoreo de medios releva en uno de sus ítem en qué porcentaje aparecen mujeres y varones como víctimas. El del 2010 dice que las mujeres aparecemos en un 18 por ciento de las noticias como víctimas de situaciones, no sólo de violencia de género. Por ejemplo, hay una inundación y a las que les ponen el micrófono es a las mujeres. ¿Por qué estás poniendo a la mujer como víctima? Los medios reflejan la sociedad en la que están, no es que hacen una construcción aparte.

¿Cómo analizan esta idea de mujeres-víctimas?

Lilián: La idea de víctima deja afuera lo que es un protagonismo. La violencia de género existió siempre, pero hoy hay niveles de crueldad y de muerte mayor porque las mujeres ya no soportan las situaciones. En definitiva, detrás de cada mujer que muere hubo antes un grito y una acción de resistencia. Esa mujer dijo no. Esa mujer no fue una pasiva. Entonces ¿qué lectura hacemos? Se podría poner en foco la crisis de la masculinidad que no puede aceptar la ruptura de un vínculo. Si analizás los casos de muerte –no la violencia, porque la violencia de género es producto de patriarcado, o sea, el patriarca como dueño de todo, incluida la mujer y los hijos como cosas– veríamos que en general hubo antes la ruptura de un vínculo, que la mujer se fue y tiene otra relación, que reanudó su vida amorosa, erótica, afectiva autónomamente, y es el hombre quien no puede soportar ese grito de libertad. Entonces, estamos leyendo las cosas al revés. Ponemos esas víctimas como víctimas cuando en realidad lo que hay es la incapacidad de la masculinidad de resignificar su vida a partir de la ruptura de un vínculo. Eso demuestra una crisis absoluta de la masculinidad. Y lo más significativo es que la sociedad no se pregunta qué hombres tenemos, qué futuros hombres estamos educando para que tengan mayor capacidad para manejar las frustraciones que devienen del amor o de lo que sea. Las mujeres demuestran una capacidad de reponerse de las frustraciones que es impresionante. En vez de valorar eso las vemos siempre en un mismo plano, como monocorde, como víctimas de los hombres.

Sandra: Cuanta más autonomía ganemos en términos de poder, es lógico que en cada ámbito en el que vayas a mirar va a haber resistencias. Nunca hubo un grupo subordinado que lograra cambiar las reglas de juego sin confrontación. Por más que las feministas vayamos en son de paz, porque decimos que la violencia no es una herramienta, lo que te vuelve es resistencia. Nadie se va a quedar de brazos cruzados.

Lilián: Hay una construcción de la masculinidad basada en la fuerza física, en ese poderío y en una idea de superioridad que se construye siempre en relación con ese sujeto que se considera subordinado pero no porque un hombre individual diga “mi mujer es subordinada”, es porque hay una construcción colectiva, sutil, con la que vamos creciendo. Las que tenemos hijos varones tenemos que estar trabajando y desmontando construcciones que se hacen en la escuela, en las relaciones entre pares. Es el conjunto de la sociedad el que construye esa idea violenta de la masculinidad.

Y en los medios de comunicación ¿cómo aparecen las tipologías masculinas?

Sandra: En los seis capítulos del libro no hay uno solo en el cual se pueda hacer un diagnóstico positivo de los medios de su país. Todas nosotras decimos que los medios de nuestros países estereotipan, que no hay un abordaje desde un punto de vista de género y que invisibilizan a las mujeres. Hay pocos estudios sobre el abordaje de las masculinidades y medios. En el libro Las palabras tienen sexo II, el último libro de Artemisa Comunicación, dos investigadoras argentinas Eleonor Faur y Marina Medan estudian cómo aparecen los varones y las diversas formas de masculinidad en los medios de comunicación. Ellas toman la tipología de un investigador de masculinidades que se llama Conell pero lo trasladan a los medios. Entonces las tipologías de sujetos hegemónicos son los que tienen el poder, los que están en los ámbitos de la Justicia o en los distintos poderes del Estado o en las empresas privadas, los que tienen el control, ganan mucho dinero, toman las decisiones y son los máximos proveedores de sus hogares; otro tipo de varón es el que trabaja todo el día pero los recursos no le alcanzan, es el varón cómplice y comparte con su esposa el ingreso de su hogar pero sigue manteniendo la estructura de las masculinidades hegemónicas; otro varón es un varón marginal, el varón gay, el varón piquetero, los varones que están en la cárcel, los que están por fuera del sistema. Y yo agregaría el estereotipo Marcelo Tinelli, como sujeto todopoderoso de los medios pero que además hace con el cuerpo de las mujeres absolutamente lo que se le da la gana. Un sujeto que además de estar en los ámbitos públicos hace uso y abuso del cuerpo de las mujeres.

“¿Qué libertad, definida por quién?”

Respecto de la libertad de expresión hay sujetos que son tradicionalmente excluidos de los medios. ¿De qué maneras aparece la discriminación?

Sandra: La invisibilización ya es una enorme discriminación. Por cada mujer que aparece en las noticias hay tres varones. Hay que pensar el concepto de libertad de expresión desde un lugar más social, porque no es solamente la libertad que deberías tener si estás en un medio para expresarte, sino la libertad para tener una voz en un espacio amplificado como son los medios masivos de comunicación. Vos, como ciudadana perteneciente a determinado colectivo, tenés el mismo derecho a expresarte y a que se te escuche que quien tiene una determinada ideología desde la dirección de un medio de comunicación. La construcción que te transmiten los medios de comunicación es limitadísima. Es como si la sociedad estuviera formada por personas blancas, jóvenes, con buenos cuerpos...

¿Dónde estamos todas las demás personas?

Lilián: Imaginate que se reúnen más de treinta mil mujeres desde hace treinta años y no es noticia. Eso expresa una discriminación. ¿Quién hace la agenda y quiénes son los que aparecen en esa agenda? Los temas que se debaten en el Encuentro Nacional de Mujeres no aparecen. Pero si se reunieran quinientos viticultores serían noticia en todos lados.

* El contenido del libro fue producido con el apoyo de la Fundación Friedrich Ebert. La edición impresa y la traducción fue realizada por la Defensoría del Público de Servicios de Comunicación Audiovisual.

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Lilian Celiberti y Sandra Chaer
Imagen: Juana Ghersa
 
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