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Viernes, 13 de febrero de 2015

PERFILES > UMA THURMAN

Tu cara me suena

 Por Flor Monfort

Es difícil decir qué se hizo porque su nariz sinuosa está intacta. ¿Tiene los ojos más chinos?, ¿los pómulos más inflamados? Definitivamente no se puso colágeno en los labios pero el contorno de su boca parece haber cambiado, entonces ¿qué se hizo?, ¿se estiró la frente?, ¿se planchó el cuello? Y la textura de piel, de repente brillosa, patinosa, ¿es buscada? El efecto deseado parece ser el de emanar luz, como debieran las estrellas, pero hay algo de malestar en el combo, tan artificial, de un rostro que conocemos de memoria. La nueva expresión de la hermosa Uma Thurman, a.k.a. Beatrix Kiddo, es sin duda un juego de diferencias entre su apariencia vieja, esa que conocemos todxs, y la actual, esa a la que nos tendremos que acostumbrar. Su nombre se suma a la lista de mutadas post 40: primero Renée Zellweger, después Demi Moore, pero antes habían sido Isabelle Huppert, Meg Ryan, Courtney Cox. Empiezan a parecerse, alinean sus contornos a lo Michael Jackson, con esas técnicas que lxs pobres mortales desconocemos: ¿Seguirán de moda los hilos de oro? ¿La ultracavitación se aplica a la cara? ¿El botox te alisa o te chupa? Si a Uma le queda así, ¿cómo quedará una si acepta los descuentos de Groupon y cede a la tentación de verse más joven?

Es difícil decir por qué lo hacen porque es difícil imaginar sus vidas, pero es evidente que el cine las necesita con textura de mármol, aunque las historias también requieren madres y abuelas, ¿por qué le darían a Uma el papel de una de 25? Menos pregunta Dios y perdona: se asume que las luminarias viven de su imagen y que la maquinaria las fuerza a permanecer inmutables pero los rastros de estos tijeretazos no mejoran el paso del tiempo, au contraire, hacen que pensemos en eso mientras estábamos tratando de ver una película. La presión que se instala ahí arriba, en el podio de las famosas, va bajando como baja el champagne a las copas de la base: y ahí estamos tantas, tratando de caber en los jeans, de tapar las nuevas arrugas, de no revolear los brazos si llevamos musculosa. En la arena local, tampoco Moria y Susana resisten el antes y el después de sus vidas entre tanta intervención, ácido, venenos que le inflan la boca a una Dolores Barreiro y después terminan en el olvido por su pésimo resultado. Y en tren de hacerse preguntas, ¿por qué algunas quedan bien y otras no? ¿Tiene menos consultas a cirujanos Meryl Streep que Uma Thurman? ¿Habrá empezado más tarde? ¿Tuvo más suerte? Y en la intimidad de sus vidas, ¿cómo se sienten viendo las fotos (no tan) viejas? Arrasadas no sólo por el tiempo sino por aquello que las hacía personales, sus gestos únicos, sus maneras, esas que se borran para siempre mucho antes que muertas. Finalmente operarse es una pequeña muerte y, según dicen los que saben, están también quienes se hacen adictxs a eso.

Una vez más este suplemento recuerda que el peso que cae sobre el cuerpo de las mujeres cuando de ser flacas y bellas se trata es mucho mayor que sobre los varones (por si a alguien se le ocurre relacionar a Uma con nuestro Diegote, recientemente “refrescadito”). Lo hemos dicho muchas veces pero el público se renueva. Se espera que en los próximos años caigan muchas más en la telaraña de la medicina estética, y que Mariana Arias siga cumpliendo 40 años al pie de esta misma página, en el centro de belleza que publicita. Porque se puede cumplir años, morir o vivir con una cara con perfume a pasado.

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