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Viernes, 10 de julio de 2015

ENTREVISTA

Las más jodidas

“¡Es un Estado laico!”, gritaban las activistas de Mujeres Creando cuando la policía intentaba sacarlas de las escalinatas de la catedral de La Paz. Protestaban contra la visita del Papa a su país, imágenes que se vieron en muchos diarios de la región. A la misma hora pero en diferente lugar –Santa Cruz, la otra ciudad boliviana que visitó Francisco– otras compañeras realizaban la misma acción: vestidas de monjas embarazadas, voceando sus ideas con el cuerpo. Desde la sierra, Carolina Ottonello, María Cleofé Ramos y Greta Vargas describen la sociedad a la que pertenecen y hablan de la despolitización del feminismo, de cómo se milita estando fuera del paraguas oficial, de la estrategia de dar vuelta las palabras y los estigmas y de cómo el aborto, la narcoviolencia y la religión atraviesan las vidas de todas.

 Por María Mansilla

desde Santa Cruz de la Sierra, Bolivia

“Tu Iglesia crucifica a una mujer cada día, el feminismo las resucita”, decía uno de los carteles. “Francisco, tu visita no es para reforzar la fe sino para bendecir al poder”, gritaba otro. Las portadoras, activistas bolivianas de Mujeres Creando, que vestidas de monjas, algunas simulando un embarazo, alzaron las pancartas ante la visita de Bergoglio en su país. Fueron reprimidas por la policía y tildadas de locas por miles de fanáticxs que esperaban al Papa, pero ellas resistieron y hoy quieren que el mundo conozca la situación de las mujeres en su país y sus actos de disidencia, que reconocen entre los pocos que no dicen amén a la llegada del pontífice argentino ni bajan la cabeza ante los atropellos cotidianos.

¿Es frecuente la represión policial a la protesta social en Bolivia?

–En La Paz, sí. Esta vez fueron reprimidas, la policía las arrestó y las abandonaron cerca de la autopista. Por ser la sede de gobierno hay más represión a cualquier tipo de expresión antisistémica. Aquí, en Santa Cruz, no; no hay tanta dinámica social. Somos el único movimiento feminista que realiza acciones. La gente se acerca, pero todavía queda perpleja e intenta entender qué sucede. Empezamos hace tres años, y es un proceso político interesante porque ésta es una sociedad muy conservadora y muy católica, no está acostumbrada a la interpelación de las costumbres, de las tradiciones, menos a la interpelación de la Iglesia. No está acostumbra a la interpelación a la autoridad.

En su sede cruceña tienen, además, un servicio de atención a las mujeres víctimas de violencia. ¿Cómo funciona?

–Acá llega gente de todos lados, incluso de otras regiones, de lugares que están muy lejos. Nos deriva una agrupación que se llama Juana Azurduy. Y no nos queda más que la acción política. Si se acerca a nosotras una mujer en situación de violencia, que es lo más frecuente, como movimiento lo que hacemos es poner el cuerpo para defenderla y encaminar un proceso que la libere de lo que está viviendo. Es doloroso pensar que desde ningún lugar van a venir respuestas. Pero igual hay que seguir adelante.

Desde el 2013 Bolivia tiene una ley contra la violencia de género. ¿Qué aporte hizo?

–La ley 348 no es efectiva, creemos que es un reciclaje de las cosas que había antes pero planteadas con otros términos. Quizás a nivel de denuncias, de procesos, algunas cosas han cambiado. Pero toda la estructura judicial sigue siendo la misma de antes. Para hacer justicia igual es agotador, tenés que hacer un peregrinaje, tenés que luchar contra el propio sistema. Y le da más poder a la policía, que es una institución corrupta y altamente violenta. También les da más atribuciones a los jueces. Hay muchos vacíos y no llega al real de las mujeres. Como agrupación hemos querido participar de su elaboración, aportar nuestra visión y nuestra experiencia de trabajo, pero hemos quedado afuera. Las Bartolinas, por ejemplo, la mayoría tienen un perfil evangelista o cristiano. Entonces, cuando quieres plantear un debate nacional con ellas, cualquier coherencia en la discusión política se cae cuando quieres tratar, por ejemplo, el aborto. Nos han dicho que Dios nos va a castigar, que Dios puede hacer que nuestro gobierno caiga si empezamos a promover el aborto.

¿Qué momento vive el feminismo en Bolivia hoy, con un gobierno como el de Evo Morales?

–Además de la ley 348 se ha creado una Oficina de Despatriacalización, pero en general no hay caminos que estén abriendo oportunidades para las mujeres. No es más que una institución burocrática, no tiene enfoque feminista. Incluso denunciamos que el gobierno se apropió del término (despatriarcalizar), propuesto por nuestra compañera María Galindo. Ella hizo un planteo teórico, puso en vigencia el término, planteó que no se puede descolonizar sin despatriarcalizar. Utilizan los contenidos que la tecnocracia de género produce, generan un vaciamiento de esos términos. Refuerzan la despolitización de la lucha feminista.

La paradoja de los movimientos sociales es que son cooptados por el poder político y esto los despolitiza. Planteamos que las ONG y distintas financiadoras han venido a dirimir la lucha del feminismo y a institucionalizarla, ponerles cargos, jerarquías, roles, términos. Entonces, las luchas autónomas han perdido fuerza, se han fragmentado: las prostitutas por un lado, las trabajadoras del hogar por el otro, el LGBT por el otro, los ecologistas por el otro, los indios por el otro. No hay cohesión de fuerzas del movimiento social. Por eso reivindicamos nuestra autonomía: no tenemos relaciones laborales ni sueldos ni guión prestado.

¿Qué lectura hicieron del #NiUnaMenos argentino?

–Que fue una convocatoria exitosa, en parte, por la capacidad de movilizar que tienen las redes sociales. También observamos que quienes convocaban eran mujeres que no estaban necesariamente aglutinadas en una organización. Pero sabemos que de ahí a que se conforme como una organización con bases éticas, dispuesta a dar lucha día a día, es otra cosa.

En junio pasado organizaron un Encuentro de Feminismo Cumini. ¿En qué consiste? ¿Qué preocupaciones fueron las más marcadas?

–Estos encuentros nos sirven para reforzar la lucha al margen de los guiones. Cuando abrimos nuestra casa Los Deseos de la Virgen planteamos el reto de proponer un análisis desde el Feminismo Cunumi. Usamos la palabra “cunumi” porque es la que denomina tanto a hombres y mujeres que son pobres, de origen indígena en muchos casos, que no vienen de familia de “buen apellido”, sin educación pero con una espontaneidad única, más luchadoras, ¡las más jodidas! Cuestionamos el racismo, el clasismo, la homofobia de las instituciones cruceñas que reivindican el “civismo” y el “regionalismo” como valores. Aquí tenemos el Comité Cívico Pro-Santa Cruz y su brazo legitimador, el Comité Cívico Femenino, la organización de esposas que defienden la moral, buenas costumbres, están en contra del aborto, son reaccionarias, aliadas con la Iglesia y reproducen el modelo de “mujer cruceña”. Además, acá se reivindica “el camba mujeriego y alegre” como una característica del “cruceño”. Convocamos a mujeres de todo tipo. Viene la compañera que trabaja en el mercado, la que trabaja en el gimnasio, la de la universidad. Vienen mujeres que se sienten convocadas. Y los temas que planteamos tampoco giran alrededor de estructuras muy académicas, hemos hablado del amor, de la maternidad, del aborto, de transgénicos, hasta de cómo prescindir de un abogado. Y les enseñamos a hacer una muñeca feminista.

¿La narcoviolencia afecta a las mujeres de la zona?

–Ellas son las que quedan más expuestas a la invisibilización de toda la mierda del narcotráfico: la prostitución, la utilización de las pobres como mulas, trata y tráfico. Se escuchan situaciones aisladas. Pero es una mafia con tanto poder que desde nuestro lugar es imposible meterse, atraviesa a todos los sectores del país. Y nuestra forma de protegernos es la autogestión, porque el narco puede perforar todos los espacios.

Volviendo al tema del aborto... En nuestra oficina es “el” tema. A nivel nacional es alarmante el número de mujeres que mueren por abortos clandestinos. Brindamos orientación, cómo interrumpir un embarazo de manera clandestina y segura. Hablamos también de la historia de la penalización, del tratamiento de los medios, de la postura de los médicos. Hace dos años, una diputada del MAS propuso una revisión de la ley de aborto no punible. Y el fallo que fue más bien reivindicar la vida del feto desde la concepción pero desde el paradigma de la Pachamama, los ancestros y la espiritualidad indígena, ya no desde la religión católica. Sí hubo algo que se modificó, y es que ya no se necesita la orden del juez sino simplemente una orden de cualquier autoridad competente, fiscal o policía. Recién la semana pasada salió el protocolo. Hay que ver cómo se aplica. Igual, para nosotras no es un avance, es una distracción. Nos van a decir: ya tienen eso, ahora aguanten 50 años más antes de pedir otra cosa.

¿Qué es una muñeca feminista?

–Tiene que ver con nuestros cuerpos, nuestra historia y la construcción de muñecas feministas. Para nosotras es bien importante el trabajo creativo como una forma de transformación social. Por eso nuestro encuentro siempre tiene un espacio para el trabajo manual y para transformar los paradigmas. Este año, creamos muñecas dándole la “vuelta” al concepto de las muñecas con las que crecimos. A partir del reconocimiento de nuestros cuerpos logramos construir muñecas feministas: sin modelos, sin moldes, más reales, únicas.

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