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Viernes, 6 de mayo de 2005

CONSEJITOS DE MARU BON BON

De lo que se dice en la cama y de lo que no deberíamos escuchar

Y es que así, preciosuras, hay cositas, gruñiditos, insultitos disfrazados de corderos y otros itos (y no itas) que mejor sería dejar fuera de nuestros/as escarceos amorosas/os. Porque puede ser verdad que hay convenciones que se suspenden cuando la fricción nos hace olvidar de todo, pero no es menos cierto, queridos/das, que suena agotador/a la insistencia en referirse a la reputación de una, a la falta de solidez en las convicciones de otro, a las falsas promesas que no se cumplen y a las que no queremos que se cumplan. ¿Por qué será que ellos siempre están dispuestos a partir como quesos, romper partes íntimas o provocar aullidos y ellas sólo dicen sí, dame más y otras sandeces por el estilo? Muchachos, muchachas, amiguetes intersex, transex y travelsex, ¿no será hora de renovar el repertorio?

1. Así, así, sí, sí. Texto clásico interpretado de las más variadas formas y en los más variopintos/as idiomas/lenguas. No dice nada, no alienta demasiado, seamos sinceros/as, llena el aire, es verdad, pero apenas si disimula que lo que quiere decir en este y en cualquier dialecto es “apurate que me muero de embole”.

2. ¿Te gusta? Con repetición o sin ella, seguida de algún mote que suele ser perra, putita, guacha y una gama no demasiado variada de insultos, esta frase suele habitar en la boca de machos convencidos que tienen entra las piernas alguna llave mágica. Desconfíe. Evite contestaciones fáciles, no hay necesidad de ser complaciente, sobre todo si a Ud. le interesa que le guste de verdad.

3. Te como todo, mamita/papito. La frase suele aparecer con tono ronco en los prolegómenos del acto y, aunque así leída puede sonar a amenaza en el fondo encierra una promesa, las más de las veces falsa. Después empiezan las toses, las arcadas, las búsquedas insondables sobre la superficie de la lengua y todo eso que parecía auspicioso queda en mero folklore. Advertencia: no crea todo lo que escucha.

4. Más, más, dámelo todo. Amiguitos/tas/etes, lamento decirles sin ninguna aspiración en la voz que pocas veces (incluso fuera de películas porno) este ruego exagerado tiene que ver con un deseo fulminante. Suele suceder que el ansia hace callar la boca, o al menos ocuparla en otros menesteres. Quien tiene tiempo de articular, seguramente ya tocó el cenit de su goce o espera que eso le suceda en alguna otra oportunidad.

Por último, mis adorables, dejen fluir todo tipo de otros sonidos, no sientan vergüenza por lo que se escapa, lo que se va de control y lo que se suelta, que eso sí sucede en los mejores momentos.

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Observando la imagen se hace evidente que el señor del cuadro escuchO mAs de lo necesario.
 
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