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Viernes, 6 de mayo de 2005

MONDO FISHON

Un poco de humanidad a la derecha, por favor

No fue tierno? ¿No fue conmovedora la actuación de la primera dama de los Estados Unidos, la señora que acompaña en el camino de la vida al señor del eje del bien? ¿No fue lindo oírla decir que para él casi todo se arregla con una motosierra? ¿Será que para él los conflictos se resuelven de manera drástica o no se resuelven? ¿Y cuando la señora aludió a que George W. ordeñó un caballo? ¿Qué quiso decir? ¿Que es un inútil completo o sencillamente que se siente tentado al ordeñe de partes que no son ubres? No hay por qué ponerse suspicaz, la señora Laura Bush apenas si se apropió de aquello de lo personal que es político, o mejor aun en esta época en que la intimidad languidece como una margarita cortada: porque es personal es político. Y si vale decir que “se apropió” es porque evidentemente el guión que alguien le ofreció fue dicho con fluidez suprema en la noche de la cena de los corresponsales en la Casa Blanca aportando un toque de glamour a ese páramo que se adivina en el interior -llámese alma, mente, sensibilidad o sencillamente YO– del presidente Bush. Le faltaba un poco de humanidad al hombre de los ataques preventivos y la humanidad le llegó por la parte más gris, es decir, reconocer que es tan aburrido como cualquiera de esos hombres que en el reality que aquí se ve por People and Arts cambian esposas como si intercambiaran servicio doméstico. Aunque no fue esa la serie que nombró doña Laura, si no “Amas de casa desesperadas”. Un producto de mejor calidad, sin duda, al menos con una mota de autocrítica por el destino que se guarda para quienes cumplen con ese rol. Autocrítica por la que se pasó la escoba olímpicamente en cuanto Laura Bush se llamó a sí misma de ese modo, porque, según su tono y su dulce mirada, puede estar muy desesperada pero es la mujer del presidente y él puede ser un idiota pero es el presidente y si yo estoy aquí cualquiera puede llegar a mi lugar, incluso quejándose de una vida sexual inexistente porque el “Sr. Excitante” –así dijo– se duerme a las nueve de la noche, que es, en definitiva, lo que se espera de matrimonios bien avenidos. ¿O no era encantador el tono de Laura?

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