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Viernes, 18 de noviembre de 2005

CONSEJITOS DE MARU BON BON

Sepa por qué la felicidad tiene tan poco que ver con la rigidez

Ay, la luna llena, cómo y cuánto me afecta ese disco plateado, ese ojo abierto, ese espejo incandescente, esa forma desgarradora de hacer añicos las noches con esa luz blanca, inquisidora, persistente y encima ¡con fama de soñadora! Les voy a decir una cosa, que la luna llena salga me parece muy bien, pero que se empeñe en colgar del cielo cual seguidor en un teatro vacío es muy otra cosa, mis muy estimada/d/o/e/s y adorables amiguitis de cada viernes. Uds. dirán que estoy loca, probablemente, pero a mí me gustan las noches noches y las lunas que sonríen, que la llena se vaya a alumbrar a los caminos que ahí estimula y sienta bien, como bien lo sabe esta servidora, que ha sabido andar sin otra luz que la de ella, y más de una vez. Bueno, pero ahora, más allá de estas irascibles circunstancias, concentración. Hoy, estimadas/dos/des/dis, nos concentraremos en el modo de cambiar el libreto de siempre con unas pocas alegrías para todos/as/es los géneres/os/as.

1. La rigidez no asegura la diversión. Consejos para varones ¿por qué no? Los muchachos (asumámoslo) andan necesitados no sólo de consuelo, también de aliento, de aliño, de mapas y de tantas cosas... Entonces vamos a lo nuestro, ¿quién les dijo que al resto del mundo le importa cuán dura se les ponga su cosita? Quiten el foco de allí, olvídense de su badajo, déjenlo sonar cuál cencerro y noten, por una vez en la vida, que lo que tienen delante más que una vaina es un universo de sensaciones en el que bien podrían perderse. ¡Animo, para todo hay una primera vez!

2. La diversión sigue más allá del final de la erección. Y seguimos con ellos, ¿quién les dijo que todo había acabado sólo porque Uds. dejaron huir unas cuantas gotas de su cuerpo? ¿Acaso alguien tuvo tiempo de notar si la/s contraparte/s soltaron a su vez alguna cosa, aunque más no sea algún sonido? Puede ser que Ud. esté más relajado, amigo, pero éste y no cualquier otro es el momento de empezar, ¡aproveche! Ahora que está Ud. lo suficientemente relajado como para mirar más allá de su ombligo –es un decir–, pues abra los ojitos e invente, verá qué lindos caminos le quedan por recorrer.

3. La erección es de ellos y no de todo/a/e/s. ¿Que no compró la pastillita? ¿Que tomó de más? ¿Que el sueño lo vence? ¿Que la arteria se tapó? Está muy bien, ninguna de esas vicisitudes impide que el resto del mundo siga divirtiéndose a sus anchas. Amigo, el mundo no empieza y acaba en su tótem. Si no puede pasar de una eficiencia arrugada, pues deje que el/la/lo/las/los demás sigan girando y tal vez se le ocurra algún atajo a la vieja autopista de la fricción neumática.

4. La flaccidez como derecho y como camino al más allá. Y además, por el mismo precio y como si todo lo anterior hubiera sido poco, ¡está Ud. en su derecho!, tiéndase cuan largo es, pida que le hagan cosquillas en ese pliegue al que nadie llega porque siempre se quedan en la parte más visible (incluso más visible por Ud.), que le hagan cosquillas con una pluma, que le soplen el cuello, que.. . ¡qué sé yo! inventen, amigas/gos/gues, la vida es corta y la erección mucho más, aprendan ahora que el futuro es promiscuo y de algo habrá que vivir.

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Sólo un olvidado relajo frente a lo que se supone que se debe amplía las posibilidades de lo que se puede (y sobre todo, gusta).
 
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