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Viernes, 27 de abril de 2007

INUTILíSIMO

La mano que mece la cuna...

Por más que las mujeres valoremos debidamente las tareas domésticas y las realicemos con amor y mucha iniciativa, nunca falta algún desubicado, “el hombre de la calle”, como dice Luciente Noblet en su artículo La nación comienza en el hogar, que cuando se le pregunta por la profesión de su esposa responde muy suelto de cuerpo: “Mi mujer no trabaja, se queda en casa”. Afirmación que, como acertadamente anota Noblet, traduce la convicción en que viven la mayoría de los hombres acerca de que “la mujer de su casa goza de una situación privilegiada, dispone de tiempo para descansar y de una envidiable libertad de acción”. Esta idea tan generalizada, señala la articulista, patentiza el profundo desconocimiento de la importancia y la amplitud de las labores del hogar. La mencionada nota se publicó en El Correo de la UNESCO, Una ventana abierta al mundo, No. 11 (1955).

En su afán de instaurar justicia, la autora cita, haciendo gala de gran tolerancia e infrecuente apertura mental, al mismísimo Lenin, “quien denunciaba en 1917” la falta de productividad que se atribuía a los susodichos quehaceres. Sin embargo, existen señores ecuánimes como el sociólogo André Siegfried que “les rindió homenaje en dos libros a norteamericanas y a francesas, expertas amas de casa, organizadoras y laboriosas, responsables del presupuesto familiar”. Menos mal. Pero eso no es todo, amigas lectoras: casi al mismo tiempo que se publicaban estos trabajos de Siegfried, “se exponía en una conferencia femenina francoalemana, celebrada en La Sorbona, las múltiples tareas a las que debió dedicarse la mujer en Alemania después de la guerra”.

La articulista de El Correo de la UNESCO desecha tajantemente la posibilidad del salario del ama de casa porque “es imposible de evaluar semejante trabajo, ya que ciertas tareas no tienen precio”. Sobre todo, subraya, en el caso particular de la crianza y educación de los hijos, “actividad en la que la mujer resulta insustituible, ya que se ha comprobado traumatismo por la privación de la presencia materna, con profundas consecuencias en el niño cuando llega a la edad adulta”.

Todo lo cual no quita que Luciente Noblet reconozca que lo absorbente de estas tareas lleva a que “para el ama de casa no exista ni la semana inglesa, ni el descanso dominical, ni las vacaciones”. Y al no recibir sueldo por las razones expuestas, “tampoco goza del retiro obrero”. En otra nota de la misma publicación, con la firma de antropólogo Ashley Montagu, bajo el halagüeño título La mujer es superior al hombre, se afirma: “Hombre y mujer deben comprender en toda su significación el hecho de que ellas son responsables del mundo infantil y son quienes moldean el desarrollo del niño. Criar a un hijo es la tarea más importante que un ser humano puede realizar en beneficio de otro. El porvenir de la humanidad depende de la forma en que se lleva a cabo esta labor, que no es carga sino el más grande de los privilegios. La mano que mece la cuna es la que gobierna el mundo”. Y pensar que todavía hay mujeres que no entienden argumentación tan clara y sencilla y pretenden a toda costa conquistar el poder político.

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