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Viernes, 4 de agosto de 2006

MONDO FISHON

No hay ninguno igual

 Por Victoria Lescano

Los dictados de moda para el verano 07 exaltan el vestido blanco, se habla de un cambio en las coordenadas de moda, a partir de las que el “little white dress” podría destronar en reinado de básicos elegantes al “little black dress”. Pero el anuncio de la subasta en Christie’s del vestido negro que Audrey Hepburn lució en Desayuno en Tiffany’s (Blake Edwards, 1961) no hace otra cosa que devolver protagonismo a ese icono de la moda y burlar cualquier intento de imponer tendencias. La pieza, cotizada en 105 mil euros, saldrá del placard y el coleccionismo del escritor Dominique Lapierre y su esposa el próximo 5 de diciembre para donar los fondos con fines benéficos.

El manual de estilo del vestidito negro de Holly Golightly, el personaje bocetado por Truman Capote, habla de “una tarde cálida cercana al verano, y ella usaba un vestido fino y liviano, sandalias negras y un collar de perlas”. Basta con poner la secuencia de títulos del film para apreciar a Holly G personificada por Audrey Hepburn (desde entonces la Santa Patrona de ese atavío) luciendo en plena Quinta Avenida un vestido negro largo, gafas al tono y croissant en mano, en trance hipnótico por la fachada y la proximidad de la joyería Tiffanny’s y también por los compases de “Moon River” orquestados por Henry Mancini.

El traje en cuestión fue realizado por Hubert de Givenchy, sublime couturier de galas para la hora del dry martini y quien interpretó los pedidos de la vestuarista Edith Head (ganadora de un Oscar por su labor de costume designer en Sabrina, otro superclásico de la elegancia según Hepburn y Head). Esa combinación de vestido, perlas, gafas y boquilla es una de las imágenes más clásicas y bellas, pero también más copiadas por el estilismo de moda cada vez que se vuelve a abordar al vestidito negro. En la novela y en el film, las visitas recurrentes a la joyería y las extravagancias no son otra cosa que la pócima para sobrevivir a las horas negras. Todo lo cual remite a las severas reglas de la moda luto, de cuyos preceptos se burló en otro clásico del cine Scarlett O’Hara, cuando se puso a bailar con Rhett Butler en una gala de beneficencia durante la Guerra de Secesión.

El little black dress resiste. Como resaltó una crítica de Vogue sobre las robe noire ideadas por Coco Chanel circa 1920: “Son el Ford de la moda, el nuevo traje accesible de las mujeres de buen gusto”.

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