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Viernes, 14 de marzo de 2008

LA VENTA EN LOS OJOS

Mi barba tiene tres pelos

 Por Graciela Zobame

Gillette lanza al mercado una nueva maquinita de afeitar. Sí, ese era el nombre casi infantil y cariñoso con el que se nombrara antaño a este artefacto más masculino que femenino, que en los últimos tiempos resultó alcanzado, como tantos, por la obsesión tecnológica. Se trata de la Prestobarba 3: en su campaña gráfica se lo presenta con una estética de ciencia ficción, un objeto del futuro. Y el texto que acompaña, presenta algo así como un logro asombroso de la ciencia: “La nueva Prestobarba 3 es el siguiente paso en la revolución de desechables de Gillette. Es la primera de tres hojas que incluye 80 por ciento más de banda lubricante además indica cuándo es hora de cambiar la máquina”.

Poseer tal talismán por un precio irrisorio comparado con otros objetos de la nueva tecnología tendría que ser razón suficiente para comprarla. Pero el plus que el barniz tecnológico otorga a todo producto por más pedestre que sea, no ha sido suficiente a juicio de quienes pretenden convencer a los usuarios de que esta máquina es lo mejor que les puede pasar a la hora de afeitarse.

La marca “Prestobarba” seguida del número 3 remite a las sagas de aventuras como las de Rambo o las de Duro de Matar. Y allí estamos, la campaña local propone una “aventura” para el usuario. Bajo el título de “¡Preparate para tu primera vez con tres!” la maquinita le cumple al ganador lo que se supone es el sueño de todo hombre que se precie: tener 3. Las “3 hojitas” aparecen representadas por tres chicas, una rubia, una morocha y una pelirroja (¿o existe otra variedad en el espectro de la belleza femenina?) que se ofrecen para cumplir el sueño. ¿El sueño? Calcado del que hasta hace poco pertenecía al estereotipo del deseo femenino: ellas te pasan a buscar en limousine, te llevan a comprar ropa, te llevan a comer algo y después, a bailar, y encima, te dejan invitar a dos amigos para que participen de tu victoria. No es difícil imaginar al hombre que está del otro lado de la pantalla, abrumado por esta nueva exigencia que le viene de regalo. Primero hay que afeitarse e inmediatamente después aprestarse a cumplir con una serie de ítem que lo conviertan en un sujeto deseable, eficiente, interesante, atlético. Y como si esto fuera poco, multiplicar por tres.

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