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Viernes, 4 de abril de 2003

TALK SHOW

casándose con el enemigo

 Por Moira Soto

Las versiones aggiornadas de Cenicienta no siempre garantizan la dicha perenne de las chicas buenas y trabajadoras (incluso pueden serlo del sexo, tal Julia Roberts en Mujer bonita), tirando a proletarias, que se casan con príncipes ricachones y aparentemente democráticos: en Nunca más, película norteamericana editada directamente en video, la camarera Jennifer Lopez cae románticamente en los fuertes brazos del acaudalado Billy Campbell, y apenas si llega a degustar las perdices que riman con felices. A poco de parir una linda niñita, el tipo empieza a darle muestras de violencia arbitraria y descontrolada. Sí, él es un golpeador arquetípico y muy pronto J-Lo advierte que ella y su hija están entrampadísimas. El maltrato se agudiza, la mujer intenta largarse, se cambia el nombre y el arreglo, se marcha a otra ciudad... Pero no hay modo: el muy taimado Billy contrata perseguidores que la encuentran. Sin salida legal, J-Lo decide aplicar la ley del talión y reventar contra el piso al castigador, administrándole sobredosis de su propia medicina. Con este fin se entrena duro y parejo en artes marciales (especialidad: krav maga) y se compra un ajuar ad-hoc. Billy, que naturalmente tiene mayor fuerza muscular debido a la testosterona que exuda, pero carece de técnica para sopapear, ya es hombre muerto cuando comienza el match. Porque ella está determinada a suprimirlo, destruirlo, aniquilarlo, remacharlo. Y la película está con ella: guionista y director no piensan que Jen se excede o que el ojo por ojo equipara moralmente a víctima y victimario. Nada de eso: Nunca más está dirigida por el impersonal Michael Apted –que tanto te hace un Bond como se interna en la niebla con gorilas– con el evidente objetivo de exaltar la violencia cuando la ejerce la protagonista, justificando su muy premeditado crimen. Al revés por cierto de lo que sucedía con En la habitación, con Sissy Spacek y Marisa Tomei, donde la violencia de cualquier signo resultaba siempre trágica.
Con otro enfoque, la pieza teatral Como si fuera esta noche, de la joven autora española Gracia Morales, encara esta lacra universal que es la violencia de género. Recordemos que en España –donde el problema se ha vuelto visible los últimos años– alrededor de 70 mujeres murieron el año pasado a manos de sus maridos (actuales o ex), y que en lo que va del 2003 ya suman alrededor de 20 las sacrificadas.
Clara y Mercedes se reparten el escenario del Celcit, aunque por momentos una invada el espacio de la otra. Son hija y madre, y tiene la misma edad porque la segunda murió cuando tenía la edad de la primera. La mató su marido –el padre de Clara– hace 18 años, un 25 de julio, después de una discusión con golpes que “llegó más lejos que otras veces”, según recuerda la hija, que evoca a la madre e intenta dialogar con ella, hacerle confidencias, reproducir momentos de su infancia, volver a esa última noche de vida de Mercedes y rescatarla de la violencia, de la muerte... Pero apenas se roza el intercambio, el entendimiento entre estas dos mujeres que a menudo parecen hablar idiomas diferentes, y que encuentran en Cora Ferro y Andrea Martínez –bajo la diestra conducción de Carlos Ianni– a dos intérpretes bien templadas.

Como si fuera esta noche va los viernes y sábados en el Celcit (Bolívar 825) a las 21 y a $ 5.

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