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Viernes, 5 de diciembre de 2008

LIDIA BORDA

Para el bien de todas y todos

Un poco me costó decidirme. Es que si bien tengo una postura tomada en relación al tema, siempre cuando uno tiene que exponerse, ponerse un poquito al frente de una reivindicación, es un poco difícil. Pero cuando una tiene una postura, con miedo o sin miedo hay que salir a defenderla. El del aborto, en especial, es un tema muy delicado, es un tema que a nadie le resulta fácil; sobre todo a ninguna mujer le resulta fácil hablar ni decidir no tomar una postura concreta. Se trata de algo que merece muchísimo debate, que todavía que no se está dando, un debate más amplio, de todos los sectores, más sincero, menos hipócrita. Hay una postura hipócrita de las clases medias altas, de los hombres también en muchos casos, porque no son los que tienen que tomar la decisión extrema en este sentido.

La consigna no apunta solamente a la despenalización, sino también a reforzar la educación sexual, tan necesaria para saber. Con una educación sexual sólida, vamos a tener muchos menos abortos, va a haber más seguridad en las relaciones sexuales y más efectividad en la anticoncepción. Es sobre eso que se suma al pedido de despenalizar, porque el aborto no se evita con prohibirlo. Lo tremendo de esa hipocresía es que las que sufren las consecuencias son las mujeres, especialmente las que no tienen educación, información ni medios económicos para abortar de manera segura y sin riesgo de la vida de la madre.

A veces una se pregunta, desde el lugar que ocupa, de qué manera puede participar o ser parte de ciertas luchas. Creo que este festival es una respuesta posible. A veces la gente piensa los actos como sectorizados: a la marcha del orgullo gay, van solamente gays, y lo que ahí pase solamente va a afectar a los gays, etc. Pero no es así. En cuanto al aborto, se trata de una cuestión compleja, que compromete seriamente la salud de la población en muchos sentidos: enfermedades de transmisión sexual, muertes de mujeres por abortos clandestinos... Por todo eso tiene que ser al menos tema de debate. Y creo que está empezando a pasar. Se habla por lo que pasó en Uruguay: veto o no veto del presidente, es una realidad que los legisladores aprobaron la despenalización. El boca a boca ayuda. Y también es importante que empiece a haber debates en las legislaturas, en los congresos, porque eso logra que la gente sienta menos proscripto el tema.

Tengo 42 años y, de cuando yo era chica a lo que sucede ahora, hubo un cambio tremendo. Cuando yo era chica no se podía ni mencionar el tema, ni hablar de que la mujer se hiciera cargo de su propio cuidado. Y eso que si no nos cuidamos nosotras, nadie nos va a cuidar...

Soy madre de una hija y un hijo, quiero que ellos se críen con conciencia de que es preciso cuidarse y cuidar al otro también. Que no tengan miedo a la sexualidad, que el varón cuide a la mujer y se cuide él mismo, que la mujer se cuide a sí misma y sepa que decirle al varón, “está bien, no te pongas el forro si no querés” la pone en peligro a ella. Se trata de cuidar la salud de cada uno y de que el acto amoroso sea realmente eso, una cosa disfrutable y placentera para los dos. Que no sea sufrimiento y que no los ponga en riesgo.

La libertad sexual está mucho más difundida, las relaciones son mucho más abiertas incluso. La realidad es ésa, y uno no puede negarla. Cuando yo era chica, lo que se hacía era negar la realidad: lo que estaba pasando era que no pasaba nada; eso no solucionaba nada, todo lo contrario. Puede gustarte o no que una chica salga con varios chicos, por ejemplo, cada uno tiene su moral, su creencia, sus criterios, pero más allá de lo que cada uno considere bueno o malo, hay que ver lo que pasa más allá de uno, en la sociedad. Por eso hay que manejar estos temas, en relación a lo que está pasando, para protegerse, crear leyes a favor de la salud, del bienestar de la gente.

Aquí lo que hay es un conflicto enorme sobre algo que parece más simple: las mujeres que mueren por abortos ilegales, las que por secuelas de abortos clandestinos quedan imposibilitadas de tener hijos cuando lo desean, las chicas y los chicos que se pescan venéreas... todo eso es evitable.

Y en cambio se crea un conflicto tremendo, mientras las señoras se rasgan las vestiduras y llevan a sus hijas a abortar a clínicas privadas, y ellas mismas abortan así.

Este tipo de leyes no obliga a nadie a nada. Si no querés usar preservativo, no usás. Si querés o no abortar es una decisión personal; si estás en contra del aborto, no abortes, nadie te obliga. Lo que no podés es quitarle a otra la posibilidad de hacerlo si lo necesita. Es una cosa tremenda estar tratando de vivir la vida del otro, uno quiere ser libre de tomar sus decisiones.

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Imagen: Bernardino Avila
 
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