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Viernes, 11 de diciembre de 2009

DEBATE I: ¿Por qué genera tanta polémica cuestionar una campaña sobre lactancia?

 Por Virginia Menendez y Eugenia Tarzibachi (*)

“Tan obvio como que la vaca es sagrada”

La ética de la mirada sobre las mujeres en la campaña cuestionada fue el eje vertebrador de un artículo que escribimos la semana pasada y disparó una discusión encendida. Las reacciones negativas comprendieron su sentido como un nuevo mandamiento: “Las mujeres no deben amamantar”. Esa interpretación es un analizador sobre la profunda dificultad de pensar la vida de las mujeres prescindiendo de prescripciones morales.

De más está decir que lejos estamos de atrevernos a establecer qué es lo que una persona debe hacer. Más lejos aún debería estar el discurso del Estado. Casualmente, el amarillo y blanco son colores episcopales presentes en el sello de marca del PRO y en la imagen analizada. Nuevamente, esa estética comporta mucho más que una mera apariencia cuando es el marco de una imagen de un seno de mujer que amamanta a un bebé bajo el ancla de un mensaje lingüístico que carga en la leche materna el amor de un adulto hacia un infante, lo auspicioso (o no) de su futuro y –lo que es aún más escandaloso– coloca como responsabilidad individual (de la mujer) una prioridad de gestión que dice ser “los niños”.

Todo esto, en ausencia de la identidad de esa mujer y en el marco histórico del desarrollo de la política del macrismo en los dos años que lleva de gestión. Esta imagen desnuda con crudeza el lugar habilitado para las mujeres en esa política. Esta campaña es la primera medida positiva dirigida a las mujeres cuando la prioridad son “los niños”. Podemos decir entonces que ellas son un medio para garantizar la salud, el futuro de “los nuevos”. Y se dirige a las mujeres, en un uso extorsivo del registro de los sentimientos, compeliéndolas a amamantar a sus hijos e interpelándolas en calidad de madres, cuidadoras amorosas, abnegadas protectoras de los más pequeños. Esa fotografía les recuerda a las mujeres cuál es su “correcto” lugar. Algo pasa en nuestra cultura con los pechos de mujer. Con frecuencia se exhibe a las mujeres en los medios de comunicación reducidas a sus senos (y su cola). Parece que el seno es fuente de grandes pasiones y su “usufructo” es regulado por un discurso patriarcal. El pecho femenino es sexualizado cuando es turgente y abultado, o bien santificado cuando se trata del de una madre. De objeto sexual a la Madonna, algo los une: somos, literal y metafóricamente, reducidas a un objeto de succión. El cuerpo de la mujer se fragmenta en partes y se cosifica desde el pseudoerotismo o desde el discurso de la medicina, mostrando nuestro cuerpo para connotar el todo o mostrando mujeres idénticas entre sí; nuestra subjetividad es omitida y devastada. La imagen y esas reacciones a su análisis dejan entrever, siguiendo la metáfora láctea, eso tan obvio como que la vaca es sagrada.

(*) Virginia Menéndez es abogada y Eugenia Tarzibachi, psicóloga. Las dos integran el Comité promotor de la ONG (en conformación) GENER.ar. Género y Comunicación en Argentina.

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