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Viernes, 4 de febrero de 2011

El mercado aprovecha y llena las góndolas de seguridad

 Por Gabriel Brener *

Este nuevo dispositivo para que los padres vigilen a sus hijos no tiene nada de novedoso. Michael Foucault en su Vigilar y Castigar ya lo explicaba de manera elocuente con el panóptico de Bentham: un dispositivo arquitectónico para vigilar a los presos en las cárceles sin que éstos advirtieran sobre el ojo vigilante. Este criterio fue incorporado en otras instituciones (escuelas, hospitales, etcétera) para optimizar el control de las personas a través de su distribución en el espacio físico.

Sabemos que no es nada fácil el diseño y (en especial) el cumplimiento de las reglas en la relación con los adolescentes, se trate de la escuela, de las familias, etcétera. Nos guste o no (como sostiene el sociólogo Marcelo Urresti) en estos tiempos, los jóvenes parecen estar subsocializados por sus padres y sobresocializados por los medios audiovisuales estructurados como un restaurante a la carta.

Lejos de mejorar la comunicación y el diálogo, estas reinvenciones tecnológicas (que sólo le divierten al dueño del boliche) pone al descubierto esa idea del cuidado de un hijo solo como un asunto de control en el que el mercado aprovecha y va llenando las góndolas de productos destinados al rubro “seguridad”. Mientras que espiar sin ser descubierto no hace otra cosa que tensar el hilo de la desconfianza, con todo lo deshonesto y peligroso que supone estos ingredientes en el vínculo con nuestros hijos.

* Licenciado en Educación, especialista en gestión de las instituciones educativas y coautor de Violencia escolar bajo sospecha, de Editorial Miño y Dávila.

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