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Lunes, 26 de febrero de 2007

FúTBOL › EL DE TIROS DE LARGA DISTANCIA

Palermo se mudó a un viejo barrio del gol

De los 158 tantos que conquistó en Primera, el que le hizo a Independiente se suma a una lista que ya es legendaria.

No venía de racha. En el verano apenas había convertido un gol, ante River, pero había perdido valor por la derrota en los penales con dos jugadores más en la cancha. Incluso había recibido cuestionamientos por sus flojas actuaciones, tanto que ya se discutía su titularidad a partir de la llegada de Bruno Marioni. Sin embargo, Martín Palermo escribió el sábado un nuevo capítulo de su increíble historia como goleador.

Se acababa el clásico ante Independiente y todos los flashes iban a ser para Juan Román Riquelme, determinante por los dos pases que dieron vuelta el partido. Pero, en la última jugada, Palermo le robó la pelota a Rodrigo Díaz, vio adelantado a Ustari y sacó un zurdazo desde su propio campo para clavar la pelota en el ángulo. Para convertir otro de sus goles inolvidables, de esos que quedan en la memoria de los hinchas. Como tantos de los acontecimientos de la carrera del goleador.

Desde que arrancó en Primera División, el delantero convirtió tantos de todas las maneras imaginables: de cabeza, de rebote, de chilena, de zurda, de derecha, con pifia, con los dos pies... Pero ninguno de sus 158 tantos en Primera División había sido desde tan lejos. Es fácil recordar aquel zurdazo en el Monumental cuando todavía jugaba en Estudiantes por encima de Bonano, casualmente víctima de otro de sus goles más recordados: el de su regreso tras la rotura de ligamentos cruzados en la Copa Libertadores de 2000.

Seis meses antes había producido otro hito increíble, cuando ante Colón convirtió su gol 100 en Primera con la rodilla ya lesionada. Y la cuenta es interminable: el penal a Platense en cancha de Vélez, cuando se resbaló e impactó la pelota con los dos pies; los dos que le anotó a Real Madrid en la final de la Intercontinental, el de chilena que le convirtió a Banfield en la Bombonera. Y hasta situaciones extrañas, como cuando se le cayó una pared que le quebró la tibia y el peroné en un partido que el Villarreal le ganó al Levante en la Copa del Rey. O cuando falló los tres penales ante Colombia en la Copa América del ‘99.

En cuanto a tantos similares, un recuento rápido lleva al que José Luis Calderón le hizo a Boca, el día que el equipo de Carlos Bianchi conseguía el bicampeonato en el Clausura ‘99, pese a que Independiente lo goleó 4-0. O los dos de manera consecutiva que recibió Carlos Navarro Montoya cuando atajaba para Independiente. Una fecha lo venció Rodrigo Palacio, todavía en Banfield, y en la siguiente lo vulneró Ariel Seltzer en cancha de Argentinos. Tan inolvidables como el que José Luis Chilavert le convirtió a Germán Burgos en cancha de Vélez, aunque ese remate fue con pelota detenida. O el que Juan José López le anotó a Carlos Rodríguez en un superclásico del Nacional ‘81. Y más allá en el tiempo, el gol más rápido del profesionalismo, cuando Carlos Seppaquercia le marcó un tanto a Huracán. Igual, el más insólito fue el de Oscar “Coco” Rossi, que anotó desde la mitad de la cancha, pero en su propio arco, aquel histórico Independiente 9-San Lorenzo 1.

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El festejo de Palermo tras su fantástico gol a Independiente.
 
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