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Lunes, 19 de junio de 2006

CONTRATAPA

SALA 600

 Por Juan Jose Panno
Desde Nuremberg

Todo el mobiliario, los asientos, los escritorios, los sitios destinados a jueces, acusados, defensores, fiscales, taquígrafos y periodistas es de roble claro. Sobre los laterales sobresalen dos estatuas de bronce y mármol representativas de la Justicia. Del techo, cubierto con madera casi íntegramente, cuelgan cuatro arañas de decenas de luces con caireles y lámparas de vela. Una computadora sobre el frente, en el lugar de los jueces, y una pantalla portátil ubicada frente a un proyector están fuera de tiempo y le quitan un poco de solemnidad al ámbito.

La famosa sala número 600 del Palacio de Justicia de Nuremberg, escenario del juicio a los jerarcas nazis que se celebró entre el 20 de noviembre de 1945 y el 1º de octubre de 1946, funciona normalmente de lunes a viernes y se abre el público los sábados y domingos. No es la original porque se le han recortado por lo menos 400 metros cuadrados de lo que era la sala ampliada para que el periodismo mundial pudiera seguir aquel extraordinario acontecimiento. En realidad, ahora está como estaba antes del juicio.

Para llegar a la sala hay que subir dos pisos por las escaleras, sobre las paredes hay fotografías que muestran el lugar tal como era, planos del Palacio de Justicia en su conjunto y los rostros de los protagonistas de aquel hecho histórico para la humanidad. Es inevitable recordar a Videla, Massera, Viola, Agosti, Galtieri, Bignone...

El proceso, que concluyó con 12 condenas a la horca, 7 condenas a prisión y 3 absoluciones, se llevó a cabo en Nuremberg porque los bombardeos a Berlín no habían dejado ningún sitio con el espacio necesario y con una cárcel contigua. Aquí había 22 mil metros cuadrados de superficie útil con 530 oficinas y 80 salas de audiencia. Además, simbólicamente, Nuremberg había sido considerada corazón del nazismo. También por eso, Francia, Gran Bretaña, Unión Soviética y Estados Unidos eligieron este lugar.

Es domingo, día de visita. Hora tras hora, entre el mediodía y las 5 de la tarde, un guía muestra cuadros con fotografías e identifica a los juzgados, cuyos nombres más notables son los de Hermann Goering, Rudolf Hess y Albert Speer. Explica quién era quién y aprieta el botón de play para que se proyecten sobre la pantalla unos ocho minutos de un documental que intercala imágenes del juicio con tremendas escenas de campos de concentración, con cadáveres apilados y cámaras de gas.

Las caras más conocidas del III Reich, Himmler, Hitler y Goebbels, se habían suicidado antes del juicio. Goering fue condenado a la horca, pero logró evitar la ejecución porque dos horas antes ingirió una pastilla de cianuro que alguien, misteriosamente, le hizo llegar. Se había mostrado desafiante durante el juicio, atacando a los militares que se acusaban entre sí y hacían referencia a la obediencia debida, mientras que Hess escribía mamarrachos o se quedaba con la mirada perdida para que se lo considerara loco. Finalmente fue condenado a prisión perpetua y se suicidó en el ’87 en la cárcel de Spandau, de la cual era el único prisionero.

El guía y, mejor que el guía, un folleto escrito en italiano titulado “El processo di Norimberga” destacan algunos datos: el juicio fue organizado por el juez federal americano Robert H. Jackson, a pedido del presidente Harry Truman. En el transcurso de 216 sesiones se tomaron 360 testimonios. La Corte fue presidida por el juez británico Lord Geoffrey Lawrence. Se juzgaron crímenes contra la paz, contra la humanidad y crímenes de guerra, y además de las condenas personales fueron declarados criminales el cuerpo de dirigentes del Partido Nacional Socialista, la SS, la Gestapo y el Servicio de Seguridad de Hitler.

Las ejecuciones se llevaron a cabo en la primera hora de la mañana del 16 de octubre de 1946 en un sector de la misma cárcel de Nuremberg, que fue demolida en 1987 en el marco de nuevas construcciones. Los cadáveres fueron trasladados a Munich, donde se los cremó. Las cenizas fueron esparcidas en un pequeño afluente del río Isar. Contrariamente a loprevisto originalmente, no hubo nuevos juicios internacionales para las segundas y terceras líneas.

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