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Lunes, 5 de abril de 2010

CONTRATAPA

200 años de deporte

A propósito del Bicentenario, Ezequiel Fernández Moores compendió con su particular, elogiable estilo, 200 años de actividad deportiva nacional en la Breve historia del deporte argentino que acaba de publicar El Ateneo. En el prólogo, Víctor Hugo Morales subraya que el autor “instala, muy por encima del seguimiento cronológico, la reflexión y la polémica, o cuando analiza la procedencia de ciertos mitos, estigmas y antinomias”. A continuación, se reproduce un fragmento del capítulo “Argentina olímpica”.

El Comité Olímpico Internacional (COI), la máxima organización del deporte mundial, expulsó a cuatro de sus miembros en su primer medio siglo de vida; los dos primeros eran argentinos. José Benjamín Zubiaur, número uno de la lista, pedagogo y abogado entrerriano. Lo echaron por faltar a las reuniones. Manuel Quintana fue el segundo. “Abusó” del término Juegos Olímpicos. Hijo del presidente homónimo, que gobernó el país entre 1904 y 1906. El Comité Olímpico Argentino (COA) sabe que era el hijo. Sin embargo, todavía hoy en sus registros oficiales sigue diciendo que el Quintana olímpico era Manuel Quintana padre.

Zubiaur, ex record y profesor de filosofía del Colegio Nacional de Concepción del Uruguay entre 1892 y 1896, fue el único miembro latinoamericano entre los doce países que fundaron el COI. Podría haber pasado a la historia como “el Coubertin sudamericano”. Prefirió mantenerse fiel a sus ideas de transformar la educación. El barón Pierre Fredi de Coubertin, creador del COI, tal vez ni siquiera le avisó que lo incluiría en esa selecta lista. Zubiaur jamás estuvo en la reunión fundadora del 23 de junio de 1894 en París. Su nombre aparece mal escrito en el texto original. Otros lo llamaron Zubiaurre. Lo bautizaron Juan. Y hasta el diario inglés The London Times dijo que era uruguayo. (...)

Coubertin lo conoció en un Congreso Internacional para la Propagación de los Ejercicios Físicos celebrado en 1889, en París, en el marco de la Exposición Universal por los festejos del Centenario de la Revolución Francesa. Compartieron su entusiasmo por el modelo de educación física y deportes anglo-estadounidense. Zubiaur conoció allí al Coubertin pedagogo, no al que, cinco años después, se convertiría en el creador del olimpismo moderno. De hecho, al referirse a Coubertin en escritos posteriores, jamás lo asoció a los Juegos Olímpicos sino que lo describió como “un pensador progresista que recomienda públicamente el valor del deporte para que sea incluido en la currícula escolar”. Pese a ser miembro del COI, Zubiaur tampoco habló en público del olimpismo o hizo gestiones para que la Argentina tuviera un Comité Olímpico nacional. Una vez, cuando Coubertin le pidió apoyo para designar a Chicago y no a Saint Louis como sede de los Juegos de 1904, el respaldo de Zubiaur llegó tres meses después de que la decisión fuera tomada. Además, Zubiaur faltó a todas las reuniones europeas del COI. El Comité, con la presencia de catorce de sus treinta y tres integrantes, lo declaró “dimisionario” en su novena sesión de La Haya, en 1907.

“No merezco esa decisión”, contestó Zubiaur, en una carta que le envió a Coubertin y en la que le observó que desde 1899 sólo había recibido una nota en la que se lo invitaba a los Juegos Inaugurales de 1896 (...) “Es bueno aclarar que el desafortunado Zubiaur era un maestro que en los tiempos en que el COI esperaba que sus miembros pagaran sus propios pasajes a los encuentros, él no era lo suficientemente saludable para hacerlo”, escribió David Wallechisky, uno de los más respetados especialistas olímpicos. (...) Esa misma reunión de La Haya de 1907, en la que echó a Zubiaur, Coubertin designó a Manuel Quintana. Abogado y terrateniente de familia patricia, Quintana era socio del Jockey Club, del Yacht Club y del Círculo de Armas. Su padre, el presidente Manuel Quintana, había fallecido un año antes. Quintana hijo, que tenía 28 años y vivía en París, entró al COI en mayo de 1907, catorce meses después de la muerte de su padre. Sin embargo, el Comité Olímpico Argentino (COA), fundado en 1924, insiste aún hoy, más de un siglo después, en seguir informando oficialmente que el Quintana que ingresó al COI fue su padre, el presidente de la Nación.

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