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Lunes, 8 de septiembre de 2008

BOXEO › OPINIóN

La Hiena cayó de pie

 Por Daniel Guiñazú

De ninguna manera la derrota por nocaut técnico de Jorge Rodrigo Barrios a manos del texano Ricardo “Rocky” Juárez, sucedida a los 2 minutos y 55 segundos del 11º round, empaña o desmerece los méritos del boxeador argentino. Sobre el ring del Toyota Center de Houston, Texas, y ante 18 mil espectadores que bramaron ante su despliegue de guapeza y valor, La Hiena perdió como él suele perder: dejando todo sobre la lona y regándolo con su sangre bravía y generosa.

En ningún momento del combate, Barrios (59,850 kg) fue apabullado por Juárez (59,850 kg). Pero resultó víctima de un localismo previsible. Se sabía que podía llegar a ser alto el precio de ir a pelear de visitante a la ciudad donde su rival nació, creció y se hizo ídolo. Y Barrios decidió pagarlo cuando aceptó el ofrecimiento de Oscar de la Hoya, su manager y el promotor de la velada. El árbitro texano Rafael Ramos le dedujo a La Hiena un punto en el 3º round y otro en el 9º por sendos golpes bajos. El primer descuento fue acertado. El segundo, inmerecido. Uno de los tantos ganchos que La Hiena disparó a los planos bajos de Juárez dio en la línea del cinturón. Era un golpe lícito. Pero el árbitro no lo entendió así y procedió a la segunda quita. La injusticia desencajó a Barrios que hasta allí había llevado adelante un planteo ordenado y pensado. Lo desestabilizó emocionalmente y lo terminó empujando rumbo a la derrota.

De ahí en más dejó de hacer lo que hasta allí estaba haciendo y se prendió a pelear, sabedor (y con razón, se verá más adelante) de que el resultado se le estaba yendo de sus manos. Salió a cruzarlo a Juárez en el 10º. Y volvió a hacerlo en el 11º, con su boca entreabierta en procura del oxígeno que le escaseaba. Barrios arriesgó más allá de sus propios límites en procura de un golpe que cambiara la historia. Juárez, mucho más frío, pero tan guapo como él, lo terminó explotando. Lo calzó con un 1-2 corto (partida de zurda y regreso con derecha) que lo arrojó al tapiz, mientras la sangre le brotaba a borbotones de su boca partida. Se levantó rápido, desesperado por volver a la acción. Para que revise a Barrios, el árbitro convocó al médico Jorge Guerrero, que comprobó que la herida era muy mala y lo sacó sin dudar del combate. Después, en los camarines, el diagnóstico sería aún peor: a La Hiena se le había roto una vena de la boca y deberá ser operado para suturarla. Al momento de la definición, las tarjetas de dos de los tres jurados lo tenían perdedor, por dos y cuatro puntos, y la restante presentaba un empate en 94. O sea que no le quedaba mucho margen para hacer algo demasiado diferente de lo que terminó haciendo.

Sería aventurado afirmar que Barrios ha entrado en el pasado y que deberá olvidarse, de ahora en más, de pelear alguna vez por un título del mundo. Perder siempre representa un paso atrás. Pero a los guapos de verdad el destino les ofrece una nueva oportunidad a la vuelta de la esquina. El mundo del boxeo y el boxeo del mundo aprecian a los boxeadores que, como Barrios, no le mezquinan el cuerpo y la sangre a la pelea pura. Por eso, a los 32 años, y pese a haber sufrido su cuarta derrota, la segunda antes del límite, Barrios está de pie, listo para la próxima batalla donde y contra quien sea.

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