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Lunes, 16 de agosto de 2004

EL BASQUETBOL LE GANO AL CAMPEON MUNDIAL EN SU DEBUT EN ATENAS

Una revancha muy esperada

Aquella final perdida en Indianápolis había dejado una espina clavada. Un doble, en el último segundo, de Emanuel Ginóbili, le dio una merecida victoria a la Argentina sobre Serbia y Montenegro. También hubo desquite en el vóleibol, con la victoria sobre Francia, aunque el tenis no tuvo un papel destacado, y el hockey sobre césped masculino sufrió una sorpresiva derrota.

“Me siento el Negro Enrique dándole el pase a Diego.” La frase pertenece a Alejandro Montecchia y tiene que ver con la famosa humorada del ex volante de la Selección Argentina sobre la importancia que tuvo haberle dado la pelota a Maradona antes de la apilada frente a los ingleses en México. Y la analogía pinta a la perfección lo que significó para el equipo argentino el milagroso doble de Emanuel Ginóbili sobre la chicharra final, que determinó el triunfo 83-82 frente a Serbia y Montenegro y que ya se metió entre los grandes hitos del deporte argentino. Es que el bahiense, para completar un partido fantástico, anotó una conversión imposible para consumar una venganza muy dulce frente al verdugo de la final del Mundial de Indianápolis.
Tan grande fue el cierre, casi sacado de un guión de Hollywood, que vale empezar allí:
16s8. Argentina pierde por tres y se le está escapando un partido que había dominado en buena parte del desarrollo. Sin embargo, aparece Ginóbili para penetrar a la defensa rival y conseguir el doble de zurda con una bandeja, además de recibir la falta por parte de Vladimir Radmanovic. Desde la línea del foul, Manu logra el empate.
3s8. Dejan Tomasevic se va derecho al aro argentino y es cortado por falta por Fabricio Oberto. El serbio mantiene la tendencia que traía en los libres al fallar el primero y anotar el segundo. Serbia arriba por uno.
0s3. Montecchia recibe de Nocioni y cruza la cancha por el costado izquierdo. Por el otro lado llega Ginóbili apareado por Rakocevic. El escolta de San Antonio recibe en el aire la asistencia de Montecchia y, sin tocar el piso, saca un lanzamiento forzado, sin perfil para su zurda y de bajísimo porcentaje. Con la pelota todavía volando rumbo al tablero, se prenden las luces que marcan el cierre del juego. El balón pega en el cristal y se mete limpito. No hay tiempo para nada más. Ginóbili, para darle un tinte más espectacular, queda acostado en el piso, a la espera de que sus compañeros se le tiran encima. La revancha está consumada. Mejor que como la soñaban los jugadores argentinos.
Hasta el momento culminante, el juego había sido durísimo. Argentina, comandada por Ginóbili, desarrolló un primer cuarto de altísimo nivel, con porcentajes de efectividad imposible de repetir y una defensa muy sólida. En ese pasaje, el bahiense consiguió 17 puntos, con 4 de 4 triples, además de encargarse de anular a Dejan Bodiroga. Por eso, el equipo de Magnano llegó a sacar una diferencia de 12 puntos. En el segundo parcial, Serbia endureció su defensa y ensució el juego, con lo que consiguió que Argentina no se escapara. Además, dos triples de Vujanic le permitieron finalizar en juego.
Ya en el segundo tiempo, el partido cambió en su desarrollo. Argentina se quedó sin gol y apenas consiguió mantener la supremacía en el marcador gracias a su defensa. Pero a esa altura, de la mano de Radmanovic y Rakocevic, el dominio psicológico pasó a ser propiedad de los campeones del mundo. Tanto a tanto llegaron al cierre. Sin el juego de la primera mitad, la Selección se sostuvo gracias a las ráfagas de sus individualidades: primero apareció Delfino y luego surgió Scola para evitar la escapada rival. Pero un triple de Bodiroga, de una posición similar a uno clave que anotó en la final del Mundial, pareció que era el anticipo de una historia repetida. Claro que Ginóbili tenía en mente otro desenlace y una revancha particular. Lesionado en su tobillo, en Indianápolis apenas había estado unos minutos en la cancha y no había marcado puntos. Ahora, esos cinco tantos en menos de 17 segundos y ese doble mágico también forman parte del recuerdo.

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RAKOCEVIC Y GINOBILI FORCEJEAN POR LA PELOTA.
 
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