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Lunes, 21 de enero de 2002

OPINION

Contradictorio y sospechoso

Por Diego Bonadeo

En días en que “la más maravillosa música” parece ser la de los cacerolazos y a los torneos de verano se les hace la noche antes de tiempo –porque también la luz es artificial en esta pesadilla que no es de ficción–, solamente la irrealidad que día a día parece ser el común denominador de quienes toman las decisiones puede explicar que una de las caras visibles del “Foro Social” que en su momento convocaba a resistir el gerenciamiento de los clubes de fútbol –el flamante presidente de River, José María Aguilar– se haya reunido con quien en el fútbol representa más que nadie –salvo, quizá, Julio Grondona, claro está– algo así como “la muerte de las ideologías”, el presidente de Boca, Mauricio Macri.
Uno no sabe bien, y quizá para como uno piensa tampoco sería demasiado relevante, de qué pudieron hablar Aguilar y Macri, independientemente de los rezongos de Grondona, que quizás intuya en el cónclave algo así como una “alianza”, como la que pareció tener en octubre de 1999, como consigna básica destronar al menemismo. Porque si bien es cierto que, más que “la imaginación al poder” del Mayo Francés, en el “Foro Social” la cosa pasaba por discutir métodos y estrategias de resistencia, en alguna de aquellas charlas en el salón de actos de la Facultad de Ciencias Económicas sobrevoló la filosofía alternativa del Plan Fénix como que el fútbol no era una isla y que entonces era necesario ser propositivo para oponerse al establishment, para encontrarle fisuras por donde entrarle. Y Aguilar, desde el discurso, como tantos otros desde cualquier lugar, enfatizaba progresismos dialécticos que, a la hora de los bifes, hubieran merecido la referencia al Macbeth shakespeareano, aquello del discurso de un loco “... lleno de sonido y de furia, pero que nada significa...”.
Es que el proyecto Macri era precisamente la propuesta a neutralizar –si no a derrotar– desde el Foro. Y Aguilar discurseaba estar en los antípodas de Macri, como lo estaban los demás participantes de la convocatoria. Está claro que ni Julio Grondona ni nadie puede impedir que se encuentren los dos presidentes de los dos clubes más importantes del fútbol argentino. Aun teniéndose en cuenta que por más presidentes de River y de Boca que sean, el fútbol no les pertenece. Ni a ellos, ni a Grondona, ni a Torneos y Competencias, ni a nadie que no sea la gente. Claro que pueden reunirse. Pero resulta sospechosamente contradictorio que lo hayan hecho después
de las posturas que los dos mantuvieron en su momento, en especial Aguilar, claro que antes de las elecciones que
en diciembre lo convirtieron en el
nuevo presidente de River.
A menos que lo hayan hecho para acordar condiciones por el pase de D'Alessandro... o de Riquelme.

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