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Lunes, 17 de marzo de 2003

La guerra no entra por el aro

Los basquetbolistas estadounidenses se oponen al belicismo de la administración Bush, y sus compañeros en otras ligas participan de esa actitud.

Por Noelia Roman
desde Barcelona

Un no bien rotundo a la guerra le grita el mundo del básquetbol a los partidarios de que Estados Unidos y sus acólitos entren en un conflicto con Irak. Pero la cosa no se queda ahí: estos gigantes que hacen maravillas con una pelota y el aro también esgrimen un contundente no frente a Saddam Hussein y un sí bien sonoro al diálogo y a conceder más tiempo a los inspectores de la ONU para que puedan realizar su trabajo en el territorio iraquí. Lo hacen, eso sí, a título individual.
Dennis Rodman, ex estrella de la NBA expresó en la semana su oposición al estallido de una guerra contra Irak. “Odio la guerra, no debería pasar. Todos somos personas, con diferente color de piel, hablamos diferente lenguaje, pero todos tenemos la misma sangre. No deberíamos pelear”, dijo el deportista. Pese a ello, Rodman se negó a profundizar sobre la política del presidente de Estados Unidos, George Bush, hacia Irak: “No quiero hablar de eso. No es mi área”.
Ni siquiera los jugadores estadounidenses consultados en España comparten la postura del gobierno de su país. “No me interesa la política”, aclara de entrada Elmer Bennett, “pero una guerra no sólo sería mala para Estados Unidos sino también para el resto del mundo”. “Prefiero que la gente que tiene que tomar las decisiones lo haga con la cabeza fría y opte por una solución dialogada”, asegura el base estadounidense del Tau Cerámica, compañero de los argentinos Andrés Nocioni, Luis Scola, Leandro Palladino y Rubén Wolkowyski.
Idéntica postura comparte su compatriota Louis Bullock, del Unicaja y natural de Washington, donde se toman las decisiones, para quien el hecho de vivir el conflicto desde Europa agrava aún más la perspectiva. “Estoy en contra de que alguien posea armas de destrucción, pero la guerra no favorece a nadie y, viviendo en Europa, las cosas se ven aún peor porque todo queda más cerca”, señala el escolta.
Desde Argentina las posturas son más contundentes. El no a la guerra, pero también a la posesión de armas nucleares es rotundo, sin concesiones. “No puede ser que en 2003 sigamos hablando de guerras y de armas nucleares. Es inadmisible”, afirma Luis Scola. El pivote del Tau se muestra contrario a un ataque de Estados Unidos contra Irak, pero también a que Hussein pueda manejar armas de destrucción masiva. “Todo lo que sea matar gente me parece ridículo”, apunta en la misma línea su compatriota y compañero de equipo Andrés Nocioni: “Una medida así no se justifica en ningún caso”, considera el alero argentino.
En sintonía con la actitud que ha mantenido el canciller alemán Gerhard Schroeder en el conflicto, Ademola Okulaja expresa su deseo de que Estados Unidos recapacite y conceda a los inspectores de Naciones Unidas más tiempo para realizar su labor de reconocimiento. El ala pivote alemán de Unicaja estima que una guerra no soluciona nada y menos el problema de fondo que existe en Irak. “Es evidente que hay que luchar contra las dictaduras, contra Saddam, pero no con estas armas, no de esta manera. Las guerras de hoy no son como las de hace 50 años”, señala Okulaja, nigeriano de nacimiento, pero nacionalizado alemán. “Hoy existen armas de destrucción masiva cuya existencia y repercusiones desconocemos”, insiste el jugador. El ala pivote alemán, que durante cuatro años se formó en el básquetbol universitario de Estados Unidos, propone dotar a los iraquíes de infraestructura, educación y medios suficientes para que las nuevas generaciones sepan que existen “otras opciones, aparte de la única que conocen y que, por lógica, comparten, que es la dictadura”. Incluso Okulaja va más allá: “Si Estados Unidos es la superpotencia que dice ser, que utilice sus servicios de seguridad para sacar a Hussein de Irak sin afectar al resto del país. Que piense que no se trata de una persona sola sino de un país, Irak, de las naciones colindantes y de millones de posibles muertes”. Entre los jugadores españoles, Roger Esteller se muestra comprensivo con la postura del gobierno español de respaldar a George Bush en caso de guerra. “Prefiero que no haya guerra, que el conflicto se solucione hablando, pero entiendo que España, en caso de que estalle la guerra, se ponga del lado de Estados Unidos”, razona el alero del Unicaja. “No estoy demasiado metido en el conflicto’, advierte el escolta del Barcelona Juan Carlos Navarro, “pero quiero que no haya guerra, que todo se arregle hablando”.
Con pocas palabras, sin pronunciarse, la postura del yugoslavo Dejan Bodiroga es seguramente la más elocuente. El trauma de una década de guerras intestinas y fratricidas en los Balcanes pesa aún demasiado en el considerado mejor jugador de Europa. “Tendría tantas cosas que decir... pero no puedo. Llevo demasiado sufrimiento dentro después de diez años de guerra en mi país como para expresar todo lo que siento”, dice el alero serbio del Barcelona, y en su rostro se dibuja una sonrisa amarga.

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