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Lunes, 6 de noviembre de 2006

FúTBOL

Poniendo la cabeza

 Por Juan José Panno

La tarde en que San Lorenzo le ganó 1-0 a Independiente, colgado del travesaño y sin merecerlo, Oscar Ruggeri le dijo en tono socarrón y canchero al periodista de la televisión que le preguntó por la actitud del equipo lo siguiente: “Ojo que hay que saber hacer lo que hicimos hoy nosotros; haciendo eso, Italia salió campeón del mundo; si Argentina lo hubiera hecho en Alemania, por ahí salía campeón”. En estas benditas tierras futboleras suele creerse que la victoria –así se trate de un circunstancial partido– da derecho al agrande y la soberbia.

Pero la mezquindad suele tener patas cortas y aquel pobre triunfo pasajero (como dice la letra del tango “Mano a mano”) se fue borrando con la realidad de derrotas y malas actuaciones encadenadas. Lejos de la punta en el campeonato local, Ruggeri le puso todas las fichas a la Copa Sudamericana y fue eliminado por el Toluca. Después del segundo partido con los mexicanos olvidó a los italianos del Mundial y declaró que lo que le había faltado a su equipo fue fortuna. Viene grela la suerte para el Cabezón Ruggeri en su carrera de director técnico. Como jugador ganó todo; como técnico, consiguió poco. Estos son apenas algunos datos sueltos.

- En Tecos de Guadalajara dirigió 5 partidos: fueron 5 derrotas.

- En Elche perdió 10 partidos de 20.

- En América dirigió 6 partidos: el equipo ganó 2, empató uno y perdió 3.

- De Independiente se fue luego de 5 triunfos, 4 empates y 7 derrotas.

Que nunca haya ganado un título es apenas un dato más, si es que no se supone –como Ruggeri suele hacerlo en las buenas– que lo único que importa es el resultado y lo demás es anécdota. Bien parado en la consideración del establishment periodístico, el Cabezón fue elevado a la categoría de candidato natural cuando Bielsa renunció a la Selección y luego cuando se fue Pekerman. Aquella declaración a las apuradas después del triunfo ante Independiente era un tiro por elevación a los dirigentes de la AFA que no le dieron el puesto tan deseado por el bilardismo.

Las buenas campañas de San Lorenzo en su primera etapa (nunca bajó del quinto puesto, en cuatro torneos) fueron el aval para este regreso y para su continuidad en el año en que el equipo perdió 7-1 contra Boca y 5-0 contra River. Y está bien que Ruggeri siga: los resultados no pueden ser medida de nada.

River, por ejemplo, a diferencia de San Lorenzo, no pudo ganarle a Independiente, pero se fue anímicamente bien, seguro de su crecimiento. Una semana después, con los mismos jugadores, le dio una fenomenal paliza a San Lorenzo.

Que nadie de River se agrande. Lo dicho: los resultados no pueden ser medida de nada. Nunca.

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