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Lunes, 9 de marzo de 2009

FúTBOL › TERCERA DERROTA DE BOCA EN CINCO PARTIDOS

Una crisis energética

Riquelme fue al banco a causa del cansancio y al equipo le faltó fútbol. La obligación de jugar torneo y Copa a la vez se está cobrando su precio en un equipo que suma lesionados y no encuentra variantes.

Muchos intereses está pagando Boca por su participación en la Copa Libertadores. El equipo se ve agotado, no puede resistir más de un tiempo con un ritmo constante y continuamente tiene que soportar las lesiones de alguno de sus jugadores que padecen disputar más de dos partidos por semana. Así empieza a evidenciarse un horizonte bastante complicado para Carlos Ischia, quien deberá resolver varias de estas cuestiones, si es que pretende que Boca vuelva a ser el mismo del año pasado.

Por eso la luz roja está encendida. Algo que quedó totalmente al descubierto ayer desde un rato antes del clásico frente a Independiente. Es que, una hora antes del partido, Juan Román Riquelme aseguró estar demasiado cansado por culpa del compromiso ante Deportivo Táchira y el eterno viaje a San Cristóbal, Venezuela, y se quedó sentado en el banco. Ahí se acentuaron los problemas. Porque el equipo estuvo falto de juego y pese a que por momentos se mostró firme en el medio, con la labor de Battaglia y Vargas, no tuvo peso ofensivo.

A esto hay que sumarle que si bien Boca maneja los tiempos del desarrollo, lo hace con un ritmo cansino, sin explosión. No es el mismo que se vio en otros tiempos, cuando mostraba una rotación constante y una circulación de pelota en velocidad que desacomodaba a cualquier equipo. Pero nada de eso sucedió ayer, especialmente tras la expulsión de Mouche, quien hasta ese momento (iban apenas 24 minutos) era el más peligroso de los delanteros de Boca con sus corridas por todo el frente de ataque.

Palermo todavía no está recuperado. Se nota en sus movimientos. Se tira muy atrás y juega a un toquecito, haciendo de pivote. Pero, ¿para quién? Los que generalmente lo llenan de centros, Morel Rodríguez e Ibarra, no pueden aguantar los 90 minutos. Gracián no pesó, Figueroa y Viatri entraron cuando ya no podían influir en un partido que estaba decidido.

Entonces la luz destella. Con un rojo que ya es oscuro intenso. Porque el plantel está lleno de lesionados (Chávez, Palacio, Calvo, García, entre otros) y no hay recambio. Los ánimos escasean. Porque el equipo ayer sufrió su tercera caída en el campeonato. Empieza a quedar lejos la punta. Y la reacción no se ve por ningún lado. Por eso Boca parece otro. Asediado por la complicación de jugar dos campeonatos, que le hace perder terreno y le genera muchos intereses morosos, que tiene que ir solucionando.

Informe: Nicolás Sagaian.

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Morel Rodríguez cabecea ante la mirada de Sosa, durante el primer tiempo.
 
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